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  • La lucha ejemplar de RD Congo contra los brotes del ébola

    La lucha ejemplar de RD Congo contra los brotes del ébola

    Autoridades de la RD Congo en la ciudad de Likati en atención sanitaria del ébola
    Autoridades de la República Democrática del Congo en la ciudad de Likati en atención sanitaria del ébola. / Flickr.

    Las autoridades de la República Democrática del Congo (RDC) notificaron este fin de semana a la Organización Mundial de la Salud (OMS), un nuevo brote de ébola, entre ellos algunos casos mortales. El brote fue localizado en la zona sanitaria de Likati, en la provincia de Bas Uele en la frontera del norte del país, explicaron. 

    La nota de prensa de la OMS dice que el pasado 11 de mayo el Ministerio de Salud de la República Democrática del Congo, informó de que una de las cinco muestras analizadas en el laboratorio del Instituto Nacional de Investigaciones Biomédicas de Kinshasa, había dado positivo por el virus del Ébola. 

    Asimismo se está investigando tres nuevos posibles casos. El primero de ellos corresponde a un hombre de 39 años que presentó síntomas el 22 de abril y que falleció días después, lo que llevó a dar seguimiento a dos contactos, el de la persona que lo atendió en el centro sanitario, y que está ahora con síntomas, y el del conductor del mototaxi que lo trasladó al centro médico y que ha fallecido.

    Según explica el organismo mundial, desde el pasado 22 de abril se han notificado nueve casos sospechosos, 3 de ellos mortales. Seis están hospitalizados. 

    La gestión gubernamental y el apoyo internacional

    La administración de la vacuna contra el ébola, Merck (MRK.N) y el trabajo rápido de las autoridades sanitarias locales, fueron claves para controlar la propagación del virus por el país a principios de mayo. Durante ese brote se pudieron vacunar a más de 1 600 personas, contactos de los pacientes y a los contactos de los contactos, dijo el grupo de ayuda Médicos Sin Fronteras (MSF), según la Agencia de Noticias Reuters.

    El penúltimo episodio de ébola infectó a 12 personas de la zona oriental de Kivu del Norte y mató a seis de ellas. Si bien se anunció a principios de mayo la erradicación de la enfermedad, este nuevo brote empaña la esperanza de erradicar por completo el virus en el país.

    Estos casos estaban relacionados genéticamente con la epidemia de ébola que se vivió entre los años 2018-2020 y que mató a más de 2 200 personas, la segunda cifra más alta registrada en la historia de la enfermedad.

    En los próximos días, dice la OMS en su boletín sobre el brote epidemiológico, se espera la llegada a la zona afectada de un equipo multidisciplinario dirigido por el Ministerio de Salud y que cuenta con el apoyo del organismo internacional y otros asociados a fin de investigar en profundidad la enfermedad en la zona afectada.

    La secuencia del virus

    Médicos Sin Fronteras, dice por su parte que la RDC ha experimentado una sucesión de brotes desde marzo de 2018 y es una enfermedad que sigue presente en la provincia de Kivu del Norte y en el sur de Guinea. El virus del ébola en el RDC apareció por primera vez 1976. La organización humanitaria señala que en casi todos los brotes notificados durante los últimos años pueden llegar a matar del 25 al 90 por ciento de los infectados.

    MSF detalla que la epidemia de ébola de los años 2014-2016 en África Occidental no tuvo precedentes: 67 veces el tamaño del brote más grande registrado anteriormente, llegó a áreas urbanas y mató a más de 11 300 personas. Cientos de trabajadores sanitarios murieron, diezmando la dificultades en los  sistemas sanitarios de Liberia, Guinea y Sierra Leona.

    Cronología de Ébola en RDC

    • 2014: 66 casos de EVD, 49 de ellos mortales, diagnosticados inicialmente en la provincia Equateur (Watsi Kengo, Lokolia, Boende y Boende Muke).
    • 2012: 36 casos, 13 de ellos mortales, en la provincia Orientale – Isiro (virus Bundibugyo).
    • 2008–2009: 32 casos, 15 de ellos mortales, en Kasaï-Occidental (virus Zaire).
    • 2007: 264 casos, 187 de ellos mortales, en Kasaï-Occidental (virus Zaire).
    • 1995: 315 casos, 250 de ellos mortales, en Kikwit y alrededores.
    • 1977: 1 caso (virus Zaire).
    • 1976: 318 casos, 280 de ellos mortales, en Yambuku (virus Zaire).

    La OMS señala que hasta la fecha, el brote parece estar geográficamente limitado a una zona remota de difícil acceso, aunque se sigue investigando para determinar su extensión real, por lo que es necesario mantener una cuidadosa vigilancia.

    El ébola es una enfermedad viral muy grave que infecta al ser humano por animales salvajes y se transmite de persona a persona. Según la agencia de noticias Al Jazeera, este virus mató a unas 11 000 personas en África Occidental entre el 2013 y 2016.

    La República Democrática del Congo también está luchando contra la pandemia de coronavirus. El país ha reportado cerca de 30 000 casos y 768 muertes, señala la nota de prensa de la cadena de noticias árabe.

  • El ébola azota de nuevo África occidental: preguntas clave y lecciones del pasado

    El ébola azota de nuevo África occidental: preguntas clave y lecciones del pasado

    Funcionarios del CDC Global durante la epidemia de ébola en Guinea Conakry en 2014 / CDC Global; Flicker

    Por Mosoka Fallah, Part-time lecturer at the Global Health & Social Medicine, Harvard Medical School, and Lecturer at the School of Public Health, College of Health Sciences, University of Liberia

    La aparición de un nuevo brote de ébola en Guinea ha hecho saltar todas las alarmas en África occidental. El brote anterior, que se produjo entre 2014 y 2015 y afectó a Liberia, Sierra Leona y Guinea-Conakry, fue el más mortífero del mundo, también empezó en Guinea y causó la muerte de más de 11 300 personas, entre ellas, más de 500 sanitarios.

    Pero siete años después los países de la región occidental africana están en una situación muy diferente.

    Liberia y Sierra Leona ya se han movilizado y han activado sus planes de respuesta nacional, un claro indicio de que existe voluntad política para frenar los contagios.

    Los países de la región también cuentan con la experiencia del pasado, así como con nuevas herramientas para contener la enfermedad. Disponen de personal con experiencia y, además, los sistemas de laboratorios están más desarrollados y las organizaciones regionales, como la Unión del Río Mano (una organización regional de carácter económico y de seguridad) y la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), son más previsoras.

    Por ejemplo, en 2018, en una reunión de planificación que tuvo lugar en Freetown (Sierra Leona), se preparó el dispositivo para controlar la transmisión entre fronteras. Así, se desarrolló una plataforma de WhatsApp que ofrecía un seguimiento de los brotes en tiempo real. Este sistema está ahora operativo y se está utilizando para actualizar la información sobre Guinea.

    El éxito de una estrategia de control no reside en la información de la que disponemos los expertos, sino de las preguntas sutiles que no tienen respuesta

    Soy experto en enfermedades infecciosas y he dirigido los equipos de respuesta en los anteriores brotes de ébola. Una lección fundamental que he aprendido del pasado es que el éxito de una estrategia de control no reside en la información de la que disponemos los expertos, sino de las preguntas sutiles que no tienen respuesta. Eso lo aprendí a base de experiencias negativas.

    Citaré un incidente en concreto. A principios de agosto de 2014, me reuní con el representante de la OMS en Liberia. Me preguntó por la situación en West Point, el barrio más grande de Liberia, ubicado en Monrovia. Le respondí, seguro de mí mismo, que la situación estaba muy tranquila y que no se estaban produciendo contagios, a pesar de que en ese mismo momento había transmisiones activas de ébola en esa zona e incluso se estaban produciendo entierros secretos. Al final, los casos en el West Point subieron como la espuma.

    Por eso es muy importante que sigamos indagando y no demos nada por sabido. He recopilado una serie de cuestiones clave a las que deben responder todos aquellos que dirigen la vigilancia y el rastreo de contactos.

    1. ¿Cuánto tiempo estuvo enfermo el primer caso antes de morir?

    Responder a esta pregunta es esencial para que los países vecinos puedan rastrear las posibles ocasiones en las que una persona enferma o alguno de sus contactos puedan haber cruzado la frontera. Muchos casos se propagaron de esta manera durante el brote de 2014 y 2015 y un gran número de personas cambiaron de país para escapar del brote o en busca de ayuda.

    El ébola no mata en un solo día. Este virus tiene un periodo de incubación de entre dos y 21 días. Las personas van empeorando progresivamente a medida que el virus se multiplica en sus cuerpos. Algunos estudios del brote anterior en Guinea indicaban que transcurría una media de ocho días desde la aparición de síntomas hasta la muerte.

    Llevar una línea de tiempo es crucial para entender a quiénes podrían haber transmitido el virus los contagiados.

    2. ¿Cuál fue la fuente de infección? ¿Cómo se infectó?

    Esta cuestión ayuda a los equipos de vigilancia a identificar si una persona es el origen de las transmisiones, y a rastrear sus contactos. Desconocer este dato significa que la fuente de infección está ahí fuera y podría haber múltiples casos alrededor.

    Sabemos que el ébola se transmite de humano a humano mediante el contacto directo, los fluidos, los cadáveres y los materiales contaminados de una persona contagiada.

    3. ¿Con qué cepa del ébola estamos lidiando?

    Existen vacunas disponibles para la cepa del ébola Zaire, pero no para las otras. Algunos informes que he recibido indican que el brote actual de Guinea se debe a la cepa Zaire.

    4. ¿Cuántos contactos han tenido las personas contagiadas?

    Es crucial encontrar el 100% de los contactos, pues el hecho de perder tan solo uno puede provocar un nuevo brote. Para ello, será necesario llevar un rastreo de los movimientos, entrevistar a la familia y a los amigos y determinar los lugares donde podría haber buscado tratamiento. Aquí es donde entra en juego el complejo trabajo detectivesco de rastreo de contactos.

    En el caso del brote reciente de Guinea, algunas personas infectadas asistieron al entierro de una enfermera. Saber esto es vital, ya que permite trazar un mapa de la propagación potencial de la enfermedad.

    Es crucial encontrar el 100% de los contactos, pues el hecho de perder tan solo uno puede provocar un nuevo brote.

    En este caso, el hecho de que fuera un funeral y de que se tratara de una enfermera indica que es un acontecimiento de gran propagación.

    A los funerales suelen asistir familiares que pueden haber recorrido largas distancias para llegar hasta allí e incluso que vengan desde otros países. Si se parte de esta base, los países vecinos pueden tomar medidas y estar en alerta. En 2016, los controles de fronteras funcionaron, ya que pudimos detectar casos positivos que habían escapado de Guinea para buscar refugio con sus familiares en Liberia.

    5. ¿Qué movimientos realizó la persona contagiadora?

    Este asunto es muy importante para entender con quién podría haber estado en contacto la persona contagiada. Por ejemplo, en 2014, un transmisor de Guinea cruzó la frontera a Sierra Leona en busca de cuidados por parte de un curandero tradicional de su grupo étnico. Esto sentó las bases para el mayor brote en Sierra Leona, que después se propagó hasta Liberia.

    Se debe confeccionar un mapa que examine todos los posibles movimientos y transmisiones. Esto incluye hospitales, clínicas y curanderos tradicionales. Si el primer transmisor tomó el transporte público, es necesario hacer un registro de vehículos y movimientos de los demás pasajeros.

    En Liberia, trabajamos con los sindicatos de transporte, visitamos hospitales y estudiamos minuciosamente los historiales de los pacientes. Trabajamos con riders para reconstruir estos complejos mapas de transmisión y determinar el número total de contactos, la ubicación y su estado de salud para frenar la cadena de transmisión.

    Hasta que no se respondan todas y cada una de estas complejas cuestiones, los países vecinos deberían tomar medidas asumiendo que en sus países hay casos. Ya hay una alerta de un caso sospechoso en Liberia que llegó de Guinea.

    Siguientes pasos

    Los Gobiernos de la región deben mantener la alerta. Hay que hacer todo lo posible para asegurarse de que el ébola no entra en zonas densamente pobladas.

    Debe haber una vigilancia permanente, especialmente en las ciudades fronterizas. Los síntomas a los que deben prestar atención los equipos de vigilancia incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones y enrojecimiento de los ojos.

    La vigilancia también deben tener en cuenta a los grupos étnicos a los que pertenecen los enfermos. Es mejor tener constancia de todos los casos potenciales que arriesgarse a perder uno.

    También es preciso visitar todos los hospitales y clínicas en las ciudades fronterizas, así como analizar a fondo los historiales de los pacientes.

    Todos los medicamentos y vacunas que puedan tratar la enfermedad deben estar listos para utilizarse rápidamente.

    Y, por último, el ébola empieza y termina en la comunidad. Es esencial activar, educar y capacitar a las comunidades para que informen cuando vean alguna sombra de la enfermedad.


    Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.

  • Entre incertidumbres y éxitos: la lucha contra la malaria en los últimos 100 años

    Entre incertidumbres y éxitos: la lucha contra la malaria en los últimos 100 años

    Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

    Por Rosa Ballester Añón, Catedrática emérita de Historia de la Ciencia, Universidad Miguel Hernández, y Enrique Perdiguero-Gil, Catedrático de Historia de la Ciencia, Universidad Miguel Hernández

    La utilización masiva de recursos para atajar la pandemia generada por el SARS-CoV-2 puede empeorar otros problemas de salud. Las estrategias en curso para disminuir la mortalidad producida por enfermedades tanto o más mortíferas que la covid-19 pueden quedar en segundo plano. La malaria es uno de los ejemplos. Tanto, que en noviembre de 2020 la Organización Mundial de la Salud pidió que se reforzaran las medidas para luchar contra la enfermedad.

    La Estrategia Mundial contra la Malaria 2016-2030 fue aprobada por la Asamblea Mundial de la Salud en 2015. Su audaz objetivo es un mundo sin paludismo. Se pretende que en 2030 se reduzca en un 90 % la carga de mortalidad por esta enfermedad.

    Anualmente son diagnosticados más de 200 millones de nuevos casos. El Informe mundial sobre el paludismo 2019 señala que el 93 % de los casos y de las muertes se produce en el África subsahariana. Más de la mitad se diagnosticaron en Nigeria, República Democrática del Congo, Uganda, Costa de Marfil, Mozambique y Níger. Más de dos tercios de los fallecimientos, unos 400 000 en 2018, correspondieron a niños menores de cinco años. Desde 2000 se han reducido significativamente casos y defunciones, pero en años recientes se ha estancado el declive. El paludismo avanza en algunos países, sobre todo en Latinoamérica.

    Hace cien años, la malaria tenía carácter endémico en una amplísima franja que incluía Europa y América del Norte. En estas zonas hoy solo aparecen unos pocos casos importados. En España la enfermedad, conocida desde la Antigüedad, se declaró erradicada en 1963.

    La malaria (del italiano medieval «mal aire») o paludismo (de paludis, genitivo del término latino palus: ciénaga o pantano) es una enfermedad producida por parásitos del género Plasmodium. Durante siglos, la causa de las fiebres típicas de la enfermedad se atribuyó a determinadas condiciones que creaban un “ambiente palúdico”.

    Alphonse Laveran identificó el agente causal de la malaria en 1880. Entre 1891 y 1892 se describieron las diferentes especies del parásito. El papel de las distintas especies del mosquito Anopheles como vehículo de transmisión fue aclarado por Ross y Masson entre 1897 y 1899. Hacia 1902 fue posible plantear estrategias de intervención. Las campañas antipalúdicas incluyeron acciones contra las larvas de los mosquitos, mosquiteras, aislamiento de viviendas y la utilización preventiva de la quinina.

    Llegaron las cloroquinas, pero la malaria no se fue

    El uso posterior de otras medidas preventivas, como el insecticida DDT, generó cierto optimismo en la lucha contra la enfermedad. Un paso más fue la aparición de la cloroquina, un medicamento de síntesis que permitió superar la escasez de quinina. Se trataba de un optimismo extendido a todas las enfermedades infecciosas En las ediciones de los años sesenta del manual Historia Natural de la enfermedades infecciosas de Burnet y Davis se afirmaba: “En muchos aspectos se puede decir que la primera mitad del siglo XX marca el final de una de las mas importantes revoluciones sociales de la historia: la virtual eliminación de las enfermedades infecciosas como un factor significativo de la vida social”.

    La malaria, sin embargo, no desapareció del planeta. Los intentos de globalizar las medidas antipalúdicas desarrolladas por la Sociedad de Higiene de la Liga de Naciones y, más tarde, de la Organización Mundial de la Salud, no tuvieron el éxito esperado. Se utilizaron estrategias de tipo vertical. Fue el caso del uso del DDT y de la cloroquina en la Segunda Guerra Mundial. La enfermedad se había convertido en un problema para los ejércitos aliados. Se decía que era más peligroso que las balas enemigas.

    Las actuaciones integrales fueron menos utilizadas. Su objetivo eran los cambios estructurales y las mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones. Además debían fortalecerse los sistemas de salud pública. Décadas después, el paludismo continúa siendo un grave problema a nivel mundial.

    La búsqueda de una vacuna eficaz y segura es muy reciente. La vacuna RTS,S/AS01 (RTS,S) es la primera y, hasta la fecha, la única efectiva. Permite reducir significativamente la incidencia de la enfermedad y la potencial letalidad para los niños africanos.

    La covid-19 y su impacto sobre la malaria

    El Día Mundial del Paludismo (25 de abril) de 2019 se inició la primera campaña universal de vacunación infantil contra el paludismo. Según Pedro Alonso, director del programa de malaria de la Organización Mundial de la Salud: “esta vacuna no será la solución definitiva, pero tiene el potencial de salvar miles de vidas y, por ende, contribuirá al desarrollo económico y social de algunas de las zonas más desfavorecidas del planeta”.

    En la situación actual, con el trasfondo de la pandemia, algunos autores han hecho estimaciones muy preocupantes. En 2020, en el peor de los escenarios posibles, las muertes por paludismo en el África subsahariana serían unas 769 000. Supondría volver a las tasas de mortalidad de principios de siglo. La causa sería la suspensión de las campañas de distribución de mosquiteros tratados con insecticidas y la reducción del acceso a antipalúdicos eficaces.

    Las esperanzas generadas por la vacuna contra la covid-19 no deben oscurecer otras enfermedades infecciosas cuya erradicación es, hoy por hoy, imposible. El fracaso frente al paludismo puede ser una buena vacuna para el virus del optimismo exagerado.