Etiqueta: Pandemia

  • La «diplomacia de las mascarillas» de China gana influencia en África durante la pandemia

    La «diplomacia de las mascarillas» de China gana influencia en África durante la pandemia

    Mercado en Kampala durante la pandemia de Covid-19 / International Labour Organization; Flickr

    Por Dinko Hanaan Dinko, Ph.D. Student, University of Denver

    Ser chino en África fue el peor de los estigmas posibles durante gran parte del año 2020. Muchos africanos denigraron a los chinos, ya que los culpaban de la pandemia de la COVID-19. Al mismo tiempo, China también culpaba a los africanos de la pandemia. Algunos vídeos virales de marzo y abril de 2020 mostraban a las autoridades chinas desalojando a la fuerza a africanos de sus casas en Cantón por transmitir presuntamente la enfermedad.

    Estas acciones provocaron un escándalo en el continente. En redes sociales, hubo llamamientos para deportar a los residentes chinos en África. La etiqueta de Twitter #DeportRacistChinese fue tendencia.

    Pekín trató de mejorar su imagen con una «diplomacia de mascarillas», un esfuerzo por suministrar vacunasequipos médicos y personal al continente, y funcionó.

    Como estudiante de doctorado en Geografía que ha escrito mucho sobre África, reconozco que esta «diplomacia de mascarillas» por parte de China forma parte de su mayor incursión en África, que es fruto además del retiro global de Estados Unidos.

    China construye África

    El proceso de creciente influencia económica de China en África lleva dos décadas en marcha:

    Algunos líderes occidentales han descrito los mecanismos financieros de China como trampas de deuda y han sugerido que cargan a los países africanos con grandes deudas mientras aumentan el poder del país en la región.

    Pero la disposición de China a financiar las infraestructuras de África se ha recibido positivamente entre los líderes africanos, especialmente porque el comercio de Estados Unidos en África ha disminuido constantemente durante la última década.

    «Dicen que China ha prestado demasiado a África», dijo el presidente de Ruanda, Paul Kagame, en 2018, «pero otra perspectiva de la cuestión es que los que critican a China por la deuda ofrecen demasiado poco, y África necesita la financiación para crear capacidad de desarrollo».

    En 2002, el comercio entre Estados Unidos y África era casi el doble que el de China con este continente: 21 000 millones de dólares comparados con 12 000 millones. En 2008, el comercio entre Estados Unidos y África se había disparado a 100 000 millones de dólares. Sin embargo, en 2019 había descendido a 56 000 millones. Mientras tanto, el comercio entre China y África aumentó de 102 000 millones de dólares a 192 000 en el mismo periodo de 11 años. Actualmente, ningún otro país se acerca a las inversiones de China en África.

    La administración de Trump ignoró a África mientras China expandía su influencia. Trump no pisó el continente como presidente, lo que lo convierte en el primer presidente estadounidense en 27 años que evita África.

    China, el primer socio de África

    China, que ya es el mayor socio económico de África, fue capaz de darle la vuelta a la situación rápidamente tras el impacto del coronavirus para ofrecer ayuda, atención y experiencia.

    Los resultados fueron inmediatos.

    Algunos líderes africanos que criticaban el trato de China a principios de la pandemia han cambiado de opinión. Por ejemplo, el presidente de Nigeria, Muhammudu Buhari, anunció recientemente que estaba «satisfecho con el progreso» de la relación entre Nigeria y China.

    Además, Pekín está asumiendo fuertes posiciones de liderazgo en instituciones internacionales que desempeñan papeles importantes en África. De los 15 organismos de las Naciones Unidas, China dirige cuatro de ellos, incluidas la Organización para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, y la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Ningún país supera a China en este sentido.

    China también está creando organizaciones internacionales que compiten con las funciones de la ONU, que domina Occidente, incluidos el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y el Banco de Desarrollo de China. En 2018, este último había financiado 500 proyectos en 43 países diferentes por valor de 50 000 millones de dólares.

    Sin embargo, Pekín también está ejerciendo su influencia y sus favores más allá de los préstamos.

    En 2019, China canceló una deuda de Camerún de 78 000 millones de dólares, dinero aportado para el desarrollo de infraestructuras, supuestamente a cambio del apoyo de Camerún para su candidatura a la dirección general de la FAO. Camerún, un país influyente de África central, destaca por su economía diversificada y su fuerte sector privado.

    Hacia una nueva relación entre Estados Unidos y África

    Para Estados Unidos, la creciente influencia en África tiene un impacto global. Las empresas estadounidenses se enfrentan cada vez más a la dura competencia de las corporaciones chinas respaldadas por el Estado en las licitaciones por contratos. Si no se les para, las empresas chinas podrían superar más y más a las estadounidenses. La administración de Joe Biden ha prometido comprometerse más con África, lo que probablemente indica una estrategia estadounidense a largo plazo para hacer frente a China en África.

    No obstante, la distribución estratégica de la vacuna y las donaciones de EPI han generado muy buena voluntad y han mejorado la reputación de China como potencia mundial responsable que actúa para proteger a las poblaciones vulnerables de África, a quienes han ignorado Estados Unidos y Europa en gran medida durante la pandemia. Es posible que Estados Unidos esté dispuesto a comprometerse de nuevo con África pero, cuando lo haga, podría ser demasiado tarde para superar a China.


    Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.

  • ¿Por qué Tanzania juega con fuego al rechazar la vacuna de Covid-19?

    ¿Por qué Tanzania juega con fuego al rechazar la vacuna de Covid-19?

    Iglesia en Tabora (Tanzania), Photo by Rohan Reddy on Unsplash

    Catherine Kyobutungi, Executive Director, African Population and Health Research Center

    Tanzania ha tenido un enfoque muy particular para controlar el SARS-CoV-2. El año pasado, solo unos meses después del inicio de la pandemia, el presidente John Magufuli declaró a Tanzania libre de Covid-19 tras tres días de oraciones nacionales.

    Desde entonces, se ha negado a imponer un confinamiento, ha reabierto las escuelas, ha permitido la celebración de grandes eventos deportivos, ha continuado con las reuniones religiosas, ha dejado de hacer pruebas y ha suspendido las campañas de comunicación públicas sobre el virus. El país también ha dejado de notificar casos y muertes.

    El argumento era que la gente debía dejar de vivir con miedo y confiar en Dios y en los remedios tradicionales africanos para prevenir contagios. Tanzania podría ser el único país del mundo que haya adoptado este enfoque, que va en contra de todo lo que han recomendado los científicos, otros organismos sanitarios nacionales y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

    Por lo tanto, no es de extrañar que las autoridades hayan dicho que no tienen planes para vacunar a la población, o, al menos, no por ahora.

    ¿Podrá la gente seguir accediendo a las vacunas?

    No. Y sí.

    No, porque no se puede utilizar una vacuna en el país sin que esté registrada y autorizado su uso. El proceso normal es que los expertos, junto con los organismos reguladores, revisen los datos sobre la vacuna y aprueben su uso si están convencidos de su eficacia y seguridad.

    Para la vacuna de la Covid-19, esto se está haciendo mediante el procedimiento de la lista de uso en emergencias de la OMS. La revisión la realiza un equipo internacional de expertos con la participación de otros especialistas de las autoridades nacionales.

    Pero si el Gobierno tanzano se niega a registrar la vacuna para su uso, nadie podrá acceder a ella.

    No obstante, el país podría registrar la vacuna, pero negarse a importarla. Esto permitiría al sector privado importar algunas, aunque no serían suficientes. Los programas de vacunación contra la Covid-19 en cualquier país suponen una gestión masiva y, si el sector privado coge las riendas, muchos no podrán permitirse las vacunas o tener acceso a ellas.

    Quienes sí se podrían vacunar serían las personas pertenecientes a la élite de Tanzania (o aquellos que dispongan de medios), que podrían salir del país y vacunarse en otro lugar.

    Otros tanzanos que podrían tener acceso a las vacunas son aquellas comunidades fronterizas que, en el pasado, han cruzado a los países vecinos y se han beneficiado de los programas de vacunación. Esto podría suceder si la vacunación generalizada comienza a producirse en Kenia, Uganda, Ruanda y Malaui.

    Pero eso será dentro de un par de años.

    Muchos países ricos habrán vacunado a todos los que lo necesiten a finales de este año. Pero los países africanos no contarán con total disponibilidad de la vacuna hasta finales del próximo año o, incluso, hasta 2023.

    Todavía existe la posibilidad de que Tanzania registre e importe las vacunas en el futuro. Magufuli ha enviado mensajes contradictorios. Por una parte, el Gobierno ha dicho que no tiene previsto encargar vacunas a través de COVAX (una iniciativa global destinada a lograr un acceso equitativo a las vacunas contra la Covid-19) ni de ningún otro mecanismo. De hecho, la lista de distribución de COVAX publicada recientemente no incluye ninguna dosis para Tanzania.

    Por otra parte, ha afirmado que los tanzanos solo deberían confiar en las vacunas que hayan sido revisadas por expertos del país y que estos hayan considerado seguras.

    ¿Tiene Tanzania antecedentes de oposición a las vacunas?

    No, que yo sepa.

    Tanzania, al igual que otros países, ha puesto en marcha programas de vacunación rutinarios. Están dirigidos especialmente a los niños menores de cinco años y actúan contra enfermedades como la tuberculosis, la poliomielitis, la tos ferina, el sarampión, la rubeola y la difteria. En los últimos años, estos programas se han ampliado para incluir vacunas contra la neumonía bacteriana, la diarrea y la hepatitis B.

    En Tanzania, la cobertura de vacunación, es decir, el porcentaje de personas que reciben la vacuna es muy alto: alrededor del 80 % o 90 %. Esto significa que no hay antecedentes de oposición a las vacunas.

    Diferencias entre Tanzania y países vecinos como Kenia y Uganda

    Kenia, Uganda, Ruanda y Malaui han intentado conseguir desesperadamente la vacuna para sus ciudadanos. Todos ellos se han integrado en el servicio de COVAX y han desarrollado planes de distribución de vacunas, han calculado los costes y los han presentado. Ruanda incluso se ha adelantado y ha obtenido vacunas fuera del servicio de COVAX.

    Estos cuatro países también han empezado a informar a la población sobre estos planes. Por ejemplo, han confirmado que la primera fase de distribución se destinará prioritariamente al personal sanitario y a las personas de alto riesgo.

    En estos momentos, el mayor problema al que se enfrentan los países africanos es a la escasez de vacunas en el mercado global para vacunar a una parte importante de la población. Muchos países ricos habrán vacunado a todos los que lo necesiten a finales de este año. Pero los países africanos no contarán con total disponibilidad de la vacuna hasta finales del próximo año o, incluso, hasta 2023.

    Si los países que han buscado las vacunas con tanto ímpetu están tan atrasados, imagínense un país como Tanzania que, ahora mismo, ni siquiera ha comenzado.

    ¿Cuál es el riesgo para el país y la región?

    El riesgo para el país ya se ha hecho evidente. El método que ha seguido Tanzania ha permitido que el virus se propague sin control entre la población. La gente se está muriendo de lo que se está categorizando como “neumonía” y “dificultades respiratorias”.

    La gente que vive en Tanzania no está suficientemente preparada ni protegida, pues no hay protocolos sobre lo que se debe hacer para evitar la propagación del virus si alguien cae enfermo. La mayoría de la información trata sobre hacer vaporizaciones para prevenir la covid-19, pero eso no impide que el virus se transmita de persona a persona.

    El segundo gran problema es el impacto en el personal sanitario. Incluso en países en los que se han implementado medidas estrictas, el personal sanitario ha enfermado y muchos han muerto. La desinformación en Tanzania podría provocar que los trabajadores sanitarios no tomen suficientes precauciones en los ambulatorios, en las salas de urgencias e incluso en las consultas donde se atiende a los pacientes. Si el personal sanitario enferma, otros servicios sanitarios también se verán afectados.

    Un gran peligro para la región y para el mundo

    En primer lugar, mientras haya casos de Covid-19 en Tanzania, resultará imposible que los países vecinos (con los que comparte fronteras permeables) estén libres de la enfermedad.

    En segundo lugar, y quizás más importante, existe el riesgo de que se desarrollen nuevas variantes en el país mientras nadie está llevando a cabo un seguimiento. Las nuevas variantes surgen debido a la propagación incontrolada.

    Si más delante surge una nueva variante en Tanzania, el peligro reside en que se podría propagar por toda la región e invalidar las vacunaciones que se hayan administrado si no son efectivas contra esa variante.

    La pandemia no terminará para nadie en ningún lugar hasta que no esté controlada en todos los países. La postura de Tanzania hará que sea mucho más difícil volver a la normalidad.

    Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.

  • ¿Por qué África tiene menos muertes de COVID-19 que otros continentes?

    ¿Por qué África tiene menos muertes de COVID-19 que otros continentes?

    Photo by Martin Sanchez on Unsplash

    Kevin Marsh, professor of Tropical Medicine, University of Oxford y Moses Alobo, programme manager for Grand Challenges Africa, African Academy of Sciences

    Cuando surgió la amenaza de una pandemia de COVID-19 a principios de año, muchos temieron sus efectos en África. La preocupación por la combinación de sistemas de salud sobrecargados e insuficientemente financiados, y la carga ya existente de enfermedades infecciosas y no infecciosas, consiguieron que con frecuencia se hablara de ello en términos apocalípticos.

    Sin embargo, ese no ha sido el resultado. El 29 de septiembre, la cifra global de muertes superó el millón (la cifra real será, por supuesto, más alta). Ese mismo día, el recuento de víctimas mortales en África arrojó un total acumulado de 35 954.

    África representa el 17% de la población mundial, pero solo un 3,5% de las muertes por COVID-19 comunicadas. Todas las muertes son importantes, no debemos descartar cifras aparentemente bajas y los datos recopilados son de calidad variable, pero la brecha entre las predicciones y lo que realmente ha ocurrido hasta el momento es asombrosa. Se ha discutido mucho sobre a qué se debe este desfase.

    Como líderes del equipo COVID-19 de la Academia Africana de Ciencias, hemos seguido el desarrollo de los acontecimientos y presentado varias explicaciones. En muchos países africanos, la transmisión ha sido alta, pero la gravedad y la mortalidad han sido mucho más bajas que las predicciones originales, basadas en la experiencia de China y Europa.

    Sostenemos que la población mucho más joven de África explica una gran parte de la aparente diferencia. La parte restante probablemente se deba a la falta de datos fiables sobre lo que ocurre, aunque existen otras explicaciones plausibles: diferencias climáticas, inmunidad preexistente, factores genéticos o diferencias de comportamiento.

    Dada la enorme variabilidad de las condiciones a través del continente, que cuenta con 55 estados, es probable que la contribución exacta de cualquiera de los factores cambie de un país a otro. Pero la conclusión es que lo que en un inicio parecía un misterio es ahora menos desconcertante a medida que surgen más evidencias científicas.

    La importancia de la edad

    El factor de influencia más obvio en las bajas tasas de mortalidad es la estructura de edad de la población. En muchos países, el riesgo de muerte por COVID-19 para personas de 80 años o más es aproximadamente cien veces mayor que para las personas de 20 años.

    Esto se aprecia mejor con un ejemplo: a 30 de septiembre, el Reino Unido había contabilizado 41 980 muertes por COVID-19, mientras que Kenia había contabilizado 691. La población del Reino Unido es de unos 66 millones de personas, con una edad media de 40 años. La población de Kenia es de 51 millones y la edad media es de 20 años.

    Teniendo en cuenta el tamaño de la población, el número de muertes en Kenia se habría estimado en unas 32 000. No obstante, si se corrigiera también por estructura de la población (asumiendo que las muertes específicas por edad del Reino Unido se aplican a la estructura poblacional de Kenia), se esperarían alrededor de 5 000 muertes. Sigue habiendo una gran diferencia entre 700 y 5 000. ¿Cómo puede explicarse?

    Otros posibles factores

    Una posibilidad es la falta de identificación y registro de las muertes.

    Al comienzo de la pandemia, Kenia, como muchos países, tenía poca capacidad para realizar pruebas, y el registro específico de muertes es complejo. Sin embargo, Kenia desarrolló rápidamente su capacidad para hacer análisis y la atención específica que se presta a la búsqueda de fallecimientos hace que sea poco probable que una diferencia de esta envergadura pueda ser explicada completamente con la información que falta. No han faltado explicaciones a partir de otros factores.

    Temperaturas altas y humedad

    Un estudio reciente realizado en Europa informó sobre descensos importantes en la mortalidad debidos a las temperaturas más altas y la humedad. Los autores propusieron que este fenómeno podría deberse a que los mecanismos con los que nuestras vías respiratorias despejan el virus funcionan mejor en condiciones más cálidas y húmedas. Esto significa que las personas podrían estar recibiendo menos partículas de virus en su organismo.

    Cabe señalar, no obstante, que un examen sistemático de los datos mundiales, aunque confirmó que los climas cálidos y húmedos parecen reducir la propagación del COVID-19, indicó también que estas variables no pueden explicar por sí solas la gran variabilidad en la transmisión de la enfermedad. Es importante recordar que existe una considerable variación climática en el continente africano. No todos los climas son cálidos y húmedos y, aunque lo fueran, pueden no ser constantes a lo largo del año.

    Otras hipótesis incluyen la posibilidad de respuestas inmunes preexistentes debidas a la exposición previa a otros patógenos o a la vacunación BCG, una vacuna contra la tuberculosis aplicada al nacer en la mayoría de países africanos. Un amplio análisis –en el que participaron 55 países, representando al 63% de la población mundial– mostró correlaciones significativas entre el aumento de la cobertura de la vacuna BCG a una edad temprana y mejores resultados de la COVID-19.

    Los factores genéticos también pueden ser relevantes. Un haplotipo (grupo de genes) recientemente descrito, asociado a un mayor riesgo de gravedad y presente en el 30% de los genomas del sur de Asia y en el 8% de los europeos, está casi ausente en África.

    El papel de este y otros factores (como las potenciales diferencias entre estructuras sociales o movilidad) están sujetos a investigaciones en curso.

    Una respuesta más efectiva

    Otra posibilidad importante es que la respuesta del sistema de salud pública por parte de los países africanos, preparados por experiencias anteriores (como brotes o epidemias) fue, sencillamente, más efectiva que en otras partes del mundo a la hora de controlar la transmisión.

    No obstante, en Kenia se estima que la epidemia alcanzó su pico en julio, con alrededor de un 40% de la población de las áreas urbanas infectada. Un panorama similar está emergiendo en otros países. Esto implica que las medidas puestas en marcha tuvieron resultados mínimos en la trasmisión viral, aunque plantea la posibilidad de que la inmunidad de grupo juegue ahora un importante papel en la limitación de la trasmisión.

    Además, existe otra importante posibilidad: la idea de que la carga viral (el número de partículas trasmitidas a una persona) sea un determinante clave en la gravedad. Se ha sugerido que las mascarillas reducen la carga viral y que su uso generalizado puede limitar las posibilidades de desarrollar una enfermedad grave. Si bien la OMS recomienda llevar mascarillas, su cumplimiento es desigual y menor en muchos países europeos en comparación con muchas partes de África.

    ¿Está África, pues, libre de sospecha? Obviamente no. Aún queda mucho virus y no sabemos qué puede suceder con el avance de la interacción entre el virus y las personas.

    Aun así, una cosa queda clara: los efectos secundarios de la pandemia serán un verdadero reto para África. Nos referimos a las interrupciones severas de las actividades económicas y sociales, y a los potenciales efectos devastadores de la reducción de los servicios de atención que protegen a millones de personas, como las vacunaciones rutinarias y los programas de control de la malaria, la tuberculosis y el VIH.

    Agendas de investigación

    Entre las principales implicaciones del nuevo panorama está la necesidad de reevaluar las agendas de investigación africanas relacionadas con la COVID-19. Mientras que muchas de las prioridades identificadas originalmente siguen vigentes, es probable que su importancia relativa haya cambiado. La clave es tratar con los problemas como son ahora y no como se imaginaron hace seis meses.

    Lo mismo ocurre con las políticas de salud pública. Por supuesto, medidas básicas como el lavado de manos siguen siendo esenciales (independientemente de la COVID-19) y se debe seguir utilizando mascarillas mientras haya niveles elevados de transmisión del coronavirus. Sin embargo, otras medidas con efectos más amplios, especialmente restricciones en actividades educativas o económicas, deben continuar siendo monitorizadas.

    La clave ahora es aumentar la vigilancia y asegurar que las respuestas sean flexibles y basadas en datos de calidad en tiempo real.

    Artículo traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Elvira González-Sosa Suárez.

    <script type="text/javascript" src="https://theconversation.com/javascripts/lib/content_tracker_hook.js" id="theconversation_tracker_hook" data-counter="https://counter.theconversation.com/content/147809/count?distributor=republish-lightbox-advanced" async="async"></script>