La mutilación genital femenina, pese a las mejoras, una asignatura pendiente en África
12/03/2021
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Por Andrés Cerezales
Aún con los mejores números de las últimas décadas, la mutilación genital femenina sigue siendo en muchos países un grave problema. Tanto en África como en Latinoamérica —los continentes donde más se sufre— se hace gran esfuerzo, tanto local como internacional, por llevar los derechos de la mujer a la ley y a la conciencia social. Aunque en las últimas décadas se han conseguido avances nada desdeñables, todavía queda mucho por hacer, como afirmaron numerosas expertas en el la segunda jornada de La mutilación femenina en el siglo XXI: generando redes, organizada por La Universidad Alcalá de Henares el asado 25 de febrero. La conferencia, celebrada online por las dificultades de la COVID, dejó interesantes reflexiones y un ejercicio de colaboración con la universidad que mira de cara al futuro. Entre las invitadas destacaba Caddy Adzuba (Rep. Democrática del Congo, 1981), premio príncipe de Asturias de la Concordia y una de las activistas más concienciadas en esta grave tradición que, hoy en día, pesa en la vida de más de 90 millones de niñas y mujeres africanas.
Adzuba, hablando en francés, encabezó la charla resumiendo la actualidad de la mutilación femenina y las tareas que se están llevando a cabo para terminar con ella, poniendo sus esperanzas en la reducción notoria de las cifras, aunque también dejando registro del gran esfuerzo que aún queda por delante.
Unas secuelas de por vida
Blanca Ibarra, licenciada en medicina por la Universidad Alcalá de Henares, reflexiona sobre los efectos de estas prácticas en la salud de las mujeres. “¿Cuál es el principal síntoma de la mutilación? Quizás diríamos que es el dolor, pero no profundizamos. Si lo quisiéramos comparar con algo que ocurre en España, se asemejar a las secuelas que produce un dolor crónico que aparece como consecuencia de la edad, que crea secuelas como ansiedad o depresión al cabo de tres o cuatro años. Imaginemos que sufres ese dolor desde niña y sin ayudas de fármacos para combatirlo. Durante toda una vida. ¿Cómo se afronta una vida entera así? Esto, con suerte de no sufrir hemorragias, infecciones graves (que pueden llevar a la muerte) o infertilidad”.
"Cuando se ha conseguido que haya un ley contra estas prácticas, es igual de importante presionar para que se cumpla y haya sanciones, perseguir las prácticas clandestinas"
Blanca Ibarra, licenciada en medicina por la Universidad Alcalá de Henares
"Siempre hablamos de educación en niñas y mujeres desinformadas, pero después la clave fundamental es que las instituciones trabajen. Hay que poner toda la carne en el asador; el objetivo era erradicarlo en 2030 y llegamos tarde, tendríamos que ir diez veces más rápido y para esto hay que legislar: primero hay que erradicar el que no esté penalizado utilizar estas prácticas, aunque después surja de forma clandestina. Ahí, los países desarrollados tenemos el papel importante de llevar a esos países a legislar, y después, cuando la ley se cumpla y haya sanciones, perseguir las prácticas clandestinas. Y por supuesto, sigue siendo muy necesario informar y concienciar a las mujeres sobre sus derechos. Tiene que haber mecanismos de protección y que las niñas también los conozcan. Esta práctica no puede ser legal en ningún lugar del mundo, y aunque la OMS tiene buenas intenciones, a la hora de actuar no responde", cierra Ibarra.
Nicole Ndogala, defensora de los derechos humanos española y congoleña, nos da una interesante perspectiva sobre la importancia de la cultura en la decisión de mutilar en cómo es juzgado. “Sigue siendo un abuso de los derecho humanos aunque, esté organizado por un equipo médico. Los protocolos y leyes están bien, pero si no se acompaña a estas mujeres en realidad no sirve de nada. Ellas no suelen tener voz en sus propios países. Tenemos que aprovechar para que nuestras voces lleguen donde tienen que llegar. Me dan pena las españolas que se van de España de vacaciones a su país de origen y ven al ver a sus abuelas descubriendo un gran choque cultural. Estas mujeres no pueden, por ejemplo, anunciar a su familia que han tenido una hija… las familias se rompen. La mejor solución es el acercamiento: hay que trabajar con ellas con tacto sobre las culturas para transmitir que son dañinas. El intercambio cultural y de informaciones nos ayudaría a frenar este problema, pero hace falta sensibilización y conocimiento”.
Fatumata Bja Balde, víctima de la mutilación y presidenta de honor de la CNAPEN (Comité Nacional para el Abandono de Prácticas Nefastas), una asociación sin ánimo de lucro bisauguineana, habló de los cuatro diferentes tipos de mutilación reconocidos y perseguidos por la OMS, que se dividen por la gravedad de sus consecuencias, las zonas mutiladas y los diferentes métodos. “El tipo II —el más utilizado por los musulmanes— es el más perseguido por la OMS”, el cual consiste en la resección parcial o total del clítoris y los labios menores de la niña. El tipo IV, que “cada vez se aplica más debido a las prácticas clandestinas” incluye otros métodos como la punción, la perforación incisión, raspado o cauterización.
La religión como excusa
La conferencia se abrió a debate y entraron a compartir sus conocimientos y experiencias más personas. Bja Balde no dudó en contar la suya y explicó que “algunos dicen que el Corán recomienda mutilar. Desde que se aprobó la ley de violencia en 2014, los musulmanes han puesto su propia ley que sí lo permite, aunque se dice que no por obligación coránica sino por tradición”, una justificación controvertida que complica la concienciación social. “Los que resisten en la práctica, tienen como estrategia mutilar a las niñas casi recién nacidas, con una o dos semanas de vida”
El trabajo por el cambio, según Balde, “no pasa solo por la política, sino también por otros entornos como la escuela, la formación de profesionales sanitarios o la magistratura. Es importante que se conozca la ley; de no ser así, la práctica nunca llega. Públicamente hay 800 comunidades que lo han dejado de forma oficial, pero no todo el mundo lo cumple”.
"Ella en un momento desapareció cuando íbamos al colegio. La habían llevado a su pueblo a mutilarla. Cambió físicamente, tuvo problemas en la escuela… hasta que perdió su vida"
ndiawar seck, artista y músico senegalés
La conferencia desprendía un espectro emocional y sentido de la voz de todas las mujeres, que comparten con complicidad estos datos y experiencias difíciles. Al final, el artista senegalés Ndiawar Seck, uno de los pocos hombres en el debate, nos emocionó con su historia de infancia sobre una víctima amiga.
“He tenido una amiga víctima que me ha hecho entrar en esta lucha. Ella en un momento desapareció cuando íbamos al colegio. La habían llevado a su pueblo a mutilarla. Cambió físicamente, tuvo problemas en la escuela… hasta que perdió su vida. La familia se siente culpable, de alguna manera, han matado a su hija. Tenía buenas notas, era alegre... pero por las presiones sociales; por no entender las consecuencias han hecho algo que ha costado muy caro. Por eso, es importante que los padres no puedan tomar esa decisión, ellos sienten que no tienen otra opción porque su sociedad les obliga: si se niegan, temen ser sancionados socialmente; les excluyen, se burlan y se les dificulta el encontrar un marido para sus hijas. En este caso, la ley no es suficiente si no va acompañado de medidas para el cambio social. Observando esto pueblos, la falta de educación y de instrucción es un problema real. No entienden realmente lo que puede conllevar hacer una mutilación a una niña en su saluda crecimiento dignidad como persona”.
