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  • Louis-Georges Tin, la voz de las víctimas de la trata y el colonialismo

    El CRAN (Consejo Representativo de Asociaciones Negras) de Francia, nacido en 2005, es una organización que tiene como objetivo luchar contra las discriminaciones a las que debe hacer frente la población negra en el país galo. El año 2012 fue decisivo para entender lo que el CRAN representa hoy en día en Francia y en el extranjero. Ese año, la organización decide diversificar sus actividades para extenderlas a cuestiones relativas a la colonización, la esclavitud y sus reparaciones. 

    Al CRAN se le reconoce su labor a la hora de poner sobre la mesa el debate en torno a la desmemoria de la sociedad francesa hacia el papel del país en la esclavitud y la colonización.

    Antirracista y anticolonial, el CRAN lucha contra la base ideológica que permitió justificar las barbaridades cometidas por las metrópolis en África, el Caribe y otros lugares. La falta de complejos de la organización a la hora de denunciar los abusos —incluso llevando al Estado francés ante la justicia por ellos—, o su apoyo a iniciativas como la del presidente de Benín, Patrice Talon, que pide la devolución del arte sustraído en la ocupación francesa del antiguo Dahomey, pueden marcar el camino a otras asociaciones o Estados en sus luchas por la reparación y por la memoria de las victimas, en Francia y más allá.

    Su presidente, desde el año 2011, es Louis-Georges Tin, un reconocido activista en defensa de los derechos humanos. Conocido por ser el impulsor del Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia (IDAHO), hito que marcó un antes y un después en la defensa de ese otro segmento oprimido de la población, Louis-Georges está desde hace años lanzado de lleno a la lucha contra el racismo y en pro de la memoria y la reparación de la esclavitud y de la colonización. Responde a las preguntas de eBiz Africa Review desde la sede del CRAN en París.

     

    Los objetivos principales del CRAN son la lucha contra la discriminación y el racismo, la condena del esclavismo y la promoción del anticolonialismo. El actual presidente de la República Francesa, Emanuel Macron, sorprendió a Francia declarando en Argel durante la campaña electoral que la colonización es un crimen contra la humanidad. ¿Cómo valora usted esas palabras?

    Teniendo en cuenta el revuelo que provocaron, ¿considera que la sociedad francesa y europea están preparadas a afrontar su pasado colonial en África?

    La colonización, que ha durado desde el final del siglo XV hasta el final del siglo XX, no fue un crimen contra la humanidad. Fue una sucesión de crímenes contra la humanidad. Es una época marcada por el exterminio de los pueblos autóctonos, la deportación de africanos, la esclavitud colonial, el trabajo forzado de los indígenas [se calcula que 12 millones de africanos fueron enviados a América, 6 millones a Oriente y otros 8 millones fueron esclavizados en el propio continente], el pillaje o las masacres en África, Asia u Oceanía. Centenares de millones de víctimas.

    De manera general, los responsables no están dispuestos a reconocer sus crímenes. Pero poco importa: los Estados han cometido crímenes y deben reparar a las victimas. Es el principio de justicia el que está en juego. No hay paz sin justicia y no hay justicia sin reparación.

    No obstante, en Francia, la lucha va dando sus frutos. El pasado 10 de mayo [de 2017] el entonces presidente Hollande puso en marcha una fundación dedicada a la memoria de la esclavitud, de cuyo Consejo de Asesoramiento somos miembro. Se trata de abordar reparaciones morales y financieras; toda una novedad no solo en Francia, sino también en el resto de Europa.

    Además, el pasado 26 de septiembre [de 2017], el ayuntamiento de París aprobó la creación de un Museo de la Esclavitud. Existen en torno a 12 000 museos en Francia; de ellos, 12 están dedicados al mundo del zueco. Ninguno a la esclavitud. Será el premier museo en el país dedicado a un periodo tan trascendental de la historia: la lucha avanza y estamos obteniendo resultados.

    Una de las acciones más notables (y notorias) del CRAN ha sido la denuncia ante la justicia al Estado francés y al grupo SPIE por haber forzado a más de 125 000 congoleses —de los que 20 000 murieron— a realizar trabajos forzosos de construcción de la vía Congo-Océan entre 1914 y 1934. ¿En qué estado está esa denuncia y cuáles son las peticiones en concepto de reparación que se reclaman?

    Este proceso judicial está actualmente en curso. Nuestro objetivo es que se juzgue el trabajo forzoso. Hace falta remarcar que, en Francia, la esclavitud fue abolida en 1848, pero restablecida y enmascarada bajo la fórmula de trabajo forzoso, que estuvo en vigor hasta, por lo menos, 1946. Los «indígenas» eran capturados a punta de pistola, deportados a miles de kilómetros, hacinados en «campos de trabajo» —término de la época—. Forzados y azotados murieron en masa. Era esclavitud; incluso la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo ha reconocido. Había en Francia más de estos esclavos que en la época anterior a la abolición de la esclavitud. Actualmente trabajamos para que, a nivel de la OIT, el trabajo forzoso, de ayer y de hoy, sea considerado como un crimen contra la humanidad.

    Las cosas avanzan.

    El presidente de Benín, el señor Patrice Talon, ha iniciado, con la ayuda del CARN, una batalla por la recuperación de los tesoros del antiguo reino de Dahomey sustraídos durante la ocupación colonial, expuestos hoy en día en el parisino Museo Quai Branly-Jaques Chirac. ¿Cómo se está desarrollando esa interlocución entre ambos Estados? ¿Percibe usted al actual presidente, Emmanuel Macron, más abierto a la restitución de esos tesoros que el anterior presidente, François Hollande, quien la rechazó?

    Es un poco pronto para valorarlo. Debe producirse un encuentro entre los presidentes Macron y Talon. Solo entonces sabremos si el nuevo presidente francés es más permeable ante la reclamación de restitución del Estado beninés que su predecesor. En cualquier caso, si Francia rehúye devolver los bienes robados —robados tras masacrar a la población local, que no se nos olvide—, estamos dispuestos a llevar al Estado ante los tribunales.

    El CRAN también ha llevado al Estado francés ante los tribunales en el caso de la deuda ilegal impuesta a Haití en concepto de indemnización por su independencia y por los perjuicios causados por la abolición de la esclavitud. ¿Cuáles son las bases jurídicas sobre las que se basa el caso? ¿en qué estado se encuentra la demanda y qué es lo que el CRAN pide como reparación?

    Tras haber vencido a las tropas de Napoleón Bonaparte, Haití se independiza  en 1804 y abole la esclavitud. Los propietarios de plantaciones franceses enfurecen y en 1825 consiguen convencer a Carlos X, entonces rey de Francia, quien envía una flota militar a Haití. Bajo amenaza de invadir la isla si no se les concede una «reparación» por las pérdidas que la independencia de la colonia y la abolición de la esclavitud han supuesto para los «pobres» terratenientes franceses que habían perdido sus posesiones —esclavos y plantaciones—, el presidente haitiano acepta lo inaceptable: las víctimas pagan indemnizaciones a los verdugos y Haití transfiere a Francia el equivalente a 21 000 millones dólares actuales de 1825 a 1946, cuando se termina de pagar la deuda.

    Ante lo inaceptable del pago de esa deuda ilegítima, el CRAN ha pedido ante los tribunales la devolución de esa cantidad al Estado haitiano y el proceso todavía continúa.

    La Guerra Escondida de Camerún, la represión de los malgaches de 1947… la lista es larga: ¿qué otras acciones tiene planeado emprender en el marco de la lucha por la memoria y la reparación de la época colonial?

    Nuestra prioridad ahora es trabajar en la puesta en marcha del museo y de la fundación por la memoria de la esclavitud de los que hemos hablado. Pero también queremos trabajar sobre el franco CFA, una moneda en uso en 15 países de África francófona [incluyendo las Comoras cuyo franco comorense está asociado a la zona franco], mayoritariamente de la África francófona aunque también incluye a la hispanófona Guinea Ecuatorial y a la lusófona Guinea-Bissáu. Estos países están privados de toda soberanía monetaria ya que lo relativo a su moneda se decide en Francia. Es uno de los signos más evidentes de dominación colonial que perduran hoy en día.

    Francia no es, sin embargo, el único país europeo que debe afrontar su pasado colonial. España tuvo presencia en Guinea Ecuatorial y en el Sáhara Occidental —actualmente el único territorio en el continente africano por descolonizar—. Éste pasado colonial africano permanece muy olvidado en España. ¿Cómo valora esta presencia colonial española en el continente?, ¿ha establecido el CRAN contacto con asociaciones españolas con similares objetivos a los de su organización?

    En el caso de España, no solo hay que hablar del Sáhara Occidental y de Guinea Ecuatorial, sino también de toda América —de Cuba a Argentina, pasando por Perú o Colombia—. Cada vez trabajamos más con asociaciones de América Latina y considero que las poblaciones afrodescendientes e indígenas deberían interpelar a las autoridades españolas en el sentido en que el CRAN lo hace con las francesas.

    Otra dimensión de su lucha al frente del CRAN es denunciar las discriminaciones a las que se enfrentan los negros en Francia. ¿Cuál es la situación actual de los negros en Francia y en Europa?, ¿qué medidas deberían tomarse para luchar contra la discriminación?

    Los negros en Francia y en Europa en general sufren muchas discriminaciones, especialmente a la hora de encontrar empleo y desarrollar su carrera. Para muchos no se trata ni siquiera del famoso «techo de cristal», sino de un verdadero «suelo adherente». Cualesquiera sean sus talentos y capacidades, los negros no progresan y, con el mismo nivel de cualificación, un negro gana un 20% menos que un blanco.

    Para remediar esa situación, desde el CRAN pedimos que en las empresas de más de 50 empleados haya, como en el caso de las mujeres, un informe comparativo que permita saber si hay discriminación racial en el progreso profesional y en la remuneración, para que estas puedan ser atajadas por los responsables sindicales.

    Usted también se ha involucrado en el activismo a favor de la diversidad sexual y afectiva, siendo el promotor del Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia (IDAHO), que hoy en día se celebra a nivel global. En África, esos colectivos están tristemente perseguidos y, a menudo, los esfuerzos europeos por protegerlos, son vistos como una forma de neocolonialismo cultural. ¿Cómo cree usted que estas instituciones y organizaciones deben moverse para defender los derechos LGTBI en África?

    Lancé el Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia en 2005. Hoy en día se celebra en más de 130 países de todas las regiones del mundo. Nuestra más importante campaña se centra en la despenalización universal de la homosexualidad y, a ese respecto, llevamos una declaración a la Asamblea General de la ONU, lo que constituyó una primicia a nivel histórico.

    Es cierto que un tercio de los países de África penalizan aún la homosexualidad y afirman, a menudo, que ésta es una importación occidental cuando, en realidad, son las leyes antisodomía (sodomy laws) las que fueron importadas e impuestas por los colonos. Se declara alegremente que la homosexualidad es contraria a las tradiciones africanas mientras se citan extractos de la Biblia o del Corán, textos que, mientras no se demuestre lo contrario, no vienen precisamente de la «tradición africana». En resumidas cuentas, muchos africanos están totalmente confundidos cuando juzgan la homosexualidad como contraria al espíritu africano.

    Los derechos fundamentales de las personas homosexuales no se respetan. A menudo se les encarcela, se les persigue e, incluso, se les ejecuta. Yo soy favorable a que la ayuda internacional al desarrollo se condicione al respeto de los derecho humanos en general. Es algo que se hace en el mundo entero en cualquier domino, y no veo por qué deberíamos hacer una excepción en el caso de los derechos fundamentales de los homosexuales.

     

    Autor: Alejandro Dorado Nájera. @DoradoAlex

    Foto: Louis-Georges Tin.    

  • Ouidah, el alma de África Occidental

    En Benín se discute habitualmente sobre si la verdadera capital del país es Porto-Novo, como reza la Constitución de 1990 y donde residen el poder legislativo y judicial, o si lo es Cotonú, sede del poder ejecutivo y del económico. Lo que está fuera de toda discusión es cuál es capital espiritual de Benín: Ouidah. Sin lugar a dudas.

    En apariencia anodina, esta ciudad litoral de alrededor de 100.000 habitantes, a pocos kilómetros de Cotonú y de la frontera con el vecino Togo, esconde una riqueza histórica y cultural sin parangón en África Occidental. Meca del vudú, antiguo puerto de esclavos y destino de sol-y-playa, Ouidah tiene demasiado que ofrecer como para dejarla pasar.

    En apariencia anodina, Ouidah esconde una riqueza histórica y cultural sin parangón en África Occidental

    Ouidah, capital de la trata de esclavos

    Fundada probablemente en el siglo XIV y capital del reino homónimo de Whydah, la ciudad creció gracias al floreciente comercio de esclavos, capturados de pueblos rivales del interior, con los que sus reyes mercadeaban con los europeos. En 1727 Ouidah fue conquistada por el rey Agaja del vecino reino de Dahomey y se convirtió en simple puerto de la capital, Abomey, hoy Patrimonio de la Humanidad.

    Los sucesivos reyes de Whydah y de Dahomey permitieron, mediante acuerdos, el establecimiento de puestos europeos en Ouidah para facilitar el comercio de esclavos. Franceses, daneses, holandeses, ingleses y portugueses construyeron fuertes en la ciudad. A excepción del fuerte portugués y del inglés, reconvertido actualmente en viviendas y comercios, todas las fortalezas europeas fueron destruidas: por deterioro y abandono en el caso de la francesa; al abolirse oficialmente la esclavitud en el caso holandés; y el danés, a la postre campo militar galo, con la independencia de Benín en 1960.

    El fuerte portugués de São João Baptista de Ajudá, una de las más pequeñas colonias del mundo hasta su invasión por parte de un Benín ya independiente en 1961, es el punto de partida de una visita que nos lleva a recorrer la Ruta de los Esclavos. En su interior, un museo de la esclavitud en el que encontramos testimonio de la herencia afro-brasileña. La ruta, un camino de cuatro kilómetros que recorre Ouidah desde el centro de la ciudad hasta la playa, es parte de la iniciativa intercontinental impulsada por la UNESCO y la OMT «Ruta del Esclavo: resistencia, libertad, patrimonio», surgida en 1994 en la misma ciudad.

    El fuerte portugués de São João Baptista de Ajudá es el punto de partida de una visita que nos lleva a recorrer la Ruta de los Esclavos

    Del el siglo XV al XIX, unos 12 millones de personas fueron capturadas y enviadas como esclavos a América y Europa; de ellas, aproximadamente dos millones lo hicieron desde Ouidah. La ruta conmemora mediante cinco etapas el camino que los esclavos transitaban y las experiencias que vivían.

    El recorrido comienza en la Plaza Chacha, bautizada en honor a Francisco Félix de Souza «Chacha», un brasileño convertido en uno de los mayores negreros de la historia. Ahí era donde los esclavos eran seleccionados por los compradores europeos. La tradición mandaba que los hombres debían dar nueve vueltas al Árbol del Olvido, siete en el caso de las mujeres, para dejar de lado sus orígenes y tradiciones. De ahí, los esclavos pasaban al compartimento Zomaï donde eran obligados a permanecer en total oscuridad a centenas, a veces durante más de un mes, para acostumbrarlos a las condiciones de las bodegas de los navíos que los transportarían a América y Europa. Los que sobrevivían eran llevados a la plaza Zomachi, donde se les marcaba a fuego antes de embarcar. Los muertos y los que se consideraba que no podrían soportar el largo viaje, eran arrojados a la fosa común de Zoungbodji, donde un modesto monumento los recuerda. En la penúltima etapa, a los esclavos se les permitía dar tres vueltas al Árbol del Retorno para asegurarse, según la tradición, que su alma volvería a África después de morir. Tras esta ceremonia, atravesaban la Puerta de No Retorno para emprender un penoso viaje abordo de navíos negreros en los que una de cada ocho personas perecía antes de llegar a puerto.

    La Puerta de No Retorno, el monumento más visitado de Benín, se ha convertido en símbolo de la memoria de las víctimas de la trata negrera y de la esclavitud. La ruta en su conjunto está siendo propuesta para Patrimonio de la Humanidad por su importancia histórica y cultural, con la esperanza de convertirse en un referente internacional en lo que al incipiente turismo de memoria se refiere, tal y como figura en el programa «Bénin Rélévé» del nuevo gobierno de Patrice Talon. Este monumento no solo marca el lugar de partida de los esclavos africanos, sino también, el punto desde donde su cultura y tradición se extendieron por el mundo.

    Ouidah, capital vudú

    Para mucha gente, el vudú es una oscura práctica en Haití, en Nueva Orleans o en las costas de Brasil. Sin embargo, las prácticas de estos lugares, estigmatizadas por películas de Hollywood, tienen su origen en una zona de África cuyo epicentro es Ouidah.

    La Puerta de No Retorno, el monumento más visitado de Benín, se ha convertido en símbolo de la memoria de las víctimas de la trata negrera y de la esclavitud

    El vudú es una religión animista, surgida en el reino de Dahomey de la mezcla de creencias del pueblo yoruba con las de los fon y los ewe entre otros. Designa al conjunto de dioses (vudús para los fones, orishas para los yorubas) con los que los hombres tratan de conciliarse, mediante sacrificios animales u ofrendas materiales, para así granjearse su benevolencia e indulgencia. Los vudús encarnan fenómenos o fuerzas naturales pero también criaturas mitológicas o ancestros divinizados representados por fetiches a los que se agasaja mediante diferentes rituales, normalmente de la mano de un iniciado que hace de intermediario entre estas deidades y la gente mundana. Pese a ser objetos tan importantes para entender la propia cultura, no deja de ser paradójico que los benineses deban desplazarse a París para admirar muchos de ellos, donde descansan en las vitrinas o en los almacenes del Museo Quai Branly Jaques Chirac, fruto del pillaje francés durante la colonización. No es de extrañar que el Presidente Talon, apoyado por asociaciones como el Consejo Representativo de Asociaciones Negras (CRAN), haya pedido a Francia, sin éxito, la restitución de esta herencia histórica y cultural.

    La ruta en su conjunto está siendo propuesta como Patrimonio de la Humanidad y con con la esperanza de convertirse en un referente internacional

    Con la esclavitud, las creencias viajaron en barco y se extendieron, mezclándose con otras tradiciones en América del Sur, del Norte y el Caribe. Así surgieron ritos como el candomblé en Bahía, el umbanda en Río de Janeiro, la santería y el palo en Cuba, el hoodoo en el sur de Estados Unidos o el vudú haitiano. El vudú, prohibido durante la dictadura de Mathieu Kérékou de 1972 a 1991, tiene una función social e incluso política muy importante en Benín,  y Ouidah es su meca. No se puede dejar la ciudad sin hacer dos paradas obligatorias: el Templo de las Pitones y el Bosque Sagrado del Rey Kpassè.

    El Templo de las Pitones, situado junto a la Basílica de la Inmaculada Concepción (1907), metáfora del sincretismo con el que se mezclan ambas religiones en el país, alberga una gran población de serpientes inofensivas para los humanos, incluidos los turistas, que no dudan en enroscárselas a sus cuellos. Incluye un conjunto de árboles sagrados y varias hornacinas y altares de sacrificio para honrar a deidades vudús. La devoción que los habitantes de Ouidah profesan hacia estos reptiles se debe a que, según la tradición, fueron las pitones las que ayudaron a los ancestros de la ciudad a vencer en batalla a las tropas del vecino reino de Allada. De hecho, los nacidos de padre y madre de Ouidah se marcan la cara con escarificaciones imitando el mordisco del animal, como parte de un ritual vudú de conexión con sus antepasados.

    El 10 de enero se festeja en Benín el Día Nacional de los Cultos

    Al Bosque Sagrado del Rey Kpassè hay que entrar, previo pago, con un iniciado que ahuyente a los espíritus que habitan el bosque, a quienes los no iniciados no somos capaces de ver -con el peligro que eso conlleva. El lugar es un pequeño pulmón verde en el que se exponen figuras de diferentes dioses vudús: de la fertilidad, de la tierra o de la guerra. Las esculturas, concebidas por el célebre artista beninés Cyprien Tokoudagba y por los hermanos Dakpogan, descansan ahí desde 1992, cuando fueron trasladadas como parte de las celebraciones del Festival de Cultura Vudú. Según la leyenda, en él descansa el fundador de Ouidah, el rey Kpassè, reencarnado en un centenario iroko al que se puede acudir a solicitar favores, que serán cumplidos si vienen desde la buena voluntad y acompañados de una propina. No en vano, y según cuentan en la ciudad, François Hollande sería presidente de Francia por intervención divina del susodicho rey.

    A unos kilómetros del monumento conmemorativo de la llegado de los primeros cristianos, se sitúan varios complejos turísticos donde poder disfrutar de un tiempo de relax

    El 10 de enero se festeja en Benín el Día Nacional de los Cultos, y es el mejor momento para disfrutar de las celebraciones en todo su esplendor, aunque en esta ciudad en cualquier momento puede cruzarse un zangbéto, vistoso dios de paja, serpientes y caracoles que vigila y protege los poblados.

    Ouidah, capital litoral 

    En la misma playa de Ouidah, a unos kilómetros de donde se encuentra el monumento conmemorativo de la llegada de los primeros cristianos, se sitúan varios complejos turísticos donde poder disfrutar de un tiempo de relax. La Casa del Papá o la Maison du Brésil son algunos nombres a retener donde se puede pasar la noche y disfrutar al día siguiente de una playa que se extiende desde el Gran Popó, en la frontera con Togo, hasta la misma Cotonú. Además, situados en una lengua de arena limitada por el océano a un lado y la laguna de Ouidah al otro, muchos de estos hoteles disponen de actividades fluviales como la pesca o el kayak.

    Otro de los encantos de la zona es la Ruta de los Pescadores, que une por el litoral Ouidah con Cotonú. Salpicada de poblados que se nutren del mar, en este camino se puede ver a los pescadores arrastrar en grupo, desde la costa, sus redes llenas de peces y, tristemente, también de plásticos, síntoma de nuestra época. Esta carretera de arena, eterna candidata al desarrollo urbanístico y turístico, desemboca en Cotonú, la gran ciudad, que te recibe con sus maquis, con su bailes, con su música africana, con sus motos y con su cerveza Béninoise. Fría y a pie de playa.

    Por Alejandro Dorado Nájera