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  • Cabo Verde, un puente cultural estable y seguro

    La historia política de Cabo Verde, archipiélago criollo situado estratégicamente en el medio del Atlántico, sirviendo de puente entre Europa, África y América, puede resumirse en una palabra: estabilidad.

     Cabo Verde es una excepción en su contexto regional. Un país que nunca ha sufrido revueltas violentas de importancia, golpes de Estado o guerra
     

    Cabo Verde es una excepción en su contexto regional. Un país que nunca ha sufrido revueltas violentas de importancia, golpes de Estado o guerra. Su lucha por la intendencia de la metrópoli portuguesa se desarrolló en las planicies bisauguineanas. Fueron las élites cultas caboverdianas, abanderadas por Amílcar Cabral, Luis Cabral y Arístides Pereira entre otros, quienes dirigieron y dieron sustento ideológico a esa lucha que, desde 1963 a 1974, enfrentó al Estado Novo portugués con el rebelde PAIGC (Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde).

    Tras la independencia en 1975, fue el PAIGC el que catalizó las ambiciones de los caboverdianos y el que gestionó la herencia lusa, imponiendo un régimen de partido único en el país en forma de república semi-presidencialista de cariz marxista-leninista. El año 1980, con el golpe de Estado que derrocó a Luis Cabral en Guinea-Bisáu, marcó el fin del sueño de la unificación de Ginea-Bisáu y Cabo Verde y el partido único, convertido en PAICV en el archipiélago (Partido Africano por la Independencia de Cabo Verde), siguió su propio camino bajo el liderazgo de Arístides Pereira, como Presidente de la República, y del histórico Pedro Pires, ejerciendo de Primer Ministro.

    En la década de los 80 y principios de los 90s, estos dos líderes del PAICV fueron los que supieron leer el contexto geopolítico internacional, marcado por la caída del Muro de Berlín, los cambios políticos en la decadente URSS y la apertura de América Latina y África a las nuevas democracias. Comenzaron a liberalizar la economía y la política, lo que culminó con las primeras elecciones multipartidarias en 1991 que, contra todo pronóstico, dieron el timón del país a la recién formada oposición del MpD (Movimiento para la Democracia) de Carlos Veiga, como Primer Ministro y el recién fallecido António Mascarenhas Monteiro en la presidencia de la República. El traspaso de poder se realizó sin traumas ni excesos por parte del PAICV, algo excepcional en el contexto regional para un partido que había sido hegemónico en el país.

    Tras diez años de impulso privatizador y liberalizador de una economía en la que la intervención estatal era la norma, el MpD del por entonces Primer Ministro Gualberto do Rosário, dio paso de nuevo al poder al PAICV con José María Neves a la cabeza del ejecutivo y Pedro Pires, antiguo Primer Ministro, en la presidencia de la República. Esta alternancia tranquila en el poder fue la confirmación de la solidez de las instituciones democráticas cabo-verdianas.

    En el año 2016, con la celebración de elecciones legislativas, municipales y presidenciales, Cabo Verde ha vuelto a demostrar al mundo la calidad de sus instituciones democráticas, digiriendo de forma ejemplar unos resultados que han supuesto, una vez más, todo un movimiento telúrico para vida política caboverdiana.

    Tras 15 años en el poder, el PAICV perdió las elecciones legislativas de marzo de 2016 cediendo la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional al MpD, que ha vuelto al ejecutivo de la mano del Primer Ministro Ulisses Correia e Silva con un programa electoral, “Compromisos para la Década”, que supone un giro copernicano respecto a la relación del Estado con el sector privado, con el foco puesto en la mejora del ambiente de negocio y, fiel a la tradición ideológica del MpD, la liberalización de los sectores económicos.

    Las elecciones municipales de septiembre de 2016 -en las que el PAICV pasó de controlar ocho cámaras municipales a tan solo dos mientras el MpD conquistaba 18 de los 22 consistorios- y las elecciones presidenciales de octubre -vencidas por el presidente saliente Jorge Carlos Fonseca, apoyado por el MpD-, han supuesto otra vuelta de tuerca en este giro político que el país comenzó a dar en marzo.

     En el año 2016, con la celebración de elecciones legislativas, municipales y presidenciales, Cabo Verde ha vuelto a demostrar al mundo la calidad de sus instituciones democráticas
     

    Estos resultados, con el poder local prácticamente en las manos del MpD, conforman un paisaje político que anula uno de los contrapesos institucionales con los que cuenta la democracia caboverdiana para evitar una concentración excesiva del poder: el de la descentralización. No obstante, el diseño constitucional caboverdiano conserva un resorte que explica la estabilidad de la que hace gala este pequeño archipiélago: “la relación entre los partidos es muy buena debido a un marco de relacionamiento en el que un acuerdo de 2/3 del Parlamento es necesario para reformas constitucionales, de la justicia, de la fiscalidad y de leyes de base” -explica el Ministro de Asuntos Parlamentarios Fernando Elísio Freire- “todo eso exige un gran esfuerzo de concertación y aproximación entre las fuerzas políticas, lo que ha dado como resultado que la mayoría de las leyes se hayan aprobado por unanimidad en estos 25 años de democracia”. 

    Esta trayectoria y este respeto por el pluralismo y la democracia son los que  han colocado a Cabo Verde en el Democracy Index 2015 de The Economist como la 3º democracia mejor clasificada de África y la 33º a nivel global, por encima de Portugal y pisándole los talones a países como Francia. Es también uno de los países menos corruptos a nivel mundial según el Corruption Perception Index 2015 de Transparency Internacional, ocupando el puesto 40 -número 2 del continente africano-, y uno de los países más garantes de libertades civiles y derechos políticos del mundo según Freedom House.

    Las autoridades caboverdianas son conscientes del destaque competitivo que les concede su estabilidad política e institucional respecto a otras economías. “Las ventajas de Cabo Verde son esencialmente intangibles: estabilidad social y política, nuestra proximidad y localización geoestratégica entre África, América e Europa y el hecho de ser un país confiable, con seguridad jurídica y previsibilidad en la relación con los inversores. ¡Es eso lo que tenemos que ofrecer como gran factor diferenciador!”, remarca el recién elegido Primer Ministro Ulisses Correia e Silva.

    Sin embargo, esas ventajas competitivas no servirían de nada si no vinieran acompañadas de oportunidades de inversión extranjera y sin políticas públicas que las propiciaran. El Primer Ministro Correia e Silva nos da unas pistas sobre los sectores que su gobierno va a priorizar. En primer lugar “trasformar Cabo Verde en un hub marítimo de prestación de servicios internacionales: servicios de bunkering, apoyo a la pesca, reparación naval y todo lo relativo a la economía marítima”, aprovechando la situación estratégica del archipiélago y las infraestructuras preexistentes, como los astilleros de Cabnave, los puertos recientemente ampliados y modernizados de Praia y Mindelo o la nueva plataforma del frio para conservación de pescado y productos alimentarios de la misma ciudad.

    Otras de las oportunidades abiertas están en el sector aéreo. Cabo Verde, con tres de sus nueve islas habitadas conectadas al resto del mundo por aeropuertos internacionales, quiere conformar un hub aéreo, aprovechando igualmente su posición privilegiada entre África, Europa y América. El país cuanta además con una compañía área pública nacional, la TACV, que será próximamente privatizada. La TACV es la “única compañía en África Occidental que es miembro de IATA y una de las únicas cinco compañías africanas acreditadas por la Agencia Federal de Aviación para poder volar a los Estados Unidos”, según el nuevo Presidente del Consejo de Administración, José Luis Sa Nogueira, lo que la convierte en una empresa muy atractiva para inversores extranjeros.

    Las TICs y las energías renovables, son otros de los sectores donde Cabo Verde tiene ya un conjunto de competencias instaladas y el know-how para desarrollarlas, y que el nuevo gobierno del MpD, de boca de su Primer Ministro Correia e Silva, quiere privilegiar.

     “Las ventajas de Cabo Verde son esencialmente intangibles: estabilidad social y política, nuestra proximidad y localización geoestratégica entre África, América e Europa y el hecho de ser un país confiable, con seguridad jurídica y previsibilidad en la relación con los inversores. ¡Es eso lo que tenemos que ofrecer como gran factor diferenciador!”, remarca el recién elegido Primer Ministro Ulisses Correia e Silva
     

    Por supuesto, no podemos olvidarnos de un sector que lo envuelve todo en el país y sobre el que gira un 24% de la actividad económica caboverdiana; un sector que es vital para la obtención de las divisas que posibilitan que el país mantenga el cambio fijo de su moneda frente al euro y que da empleo a más del 20% de los caboverdianos: el turismo. Gualberto do Rosário, antiguo Primer Ministro y actual presidente de la Cámara de Turismo, lo ve claro: “nuestras playas y paisajes, nuestras condiciones ambientales, la singularidad cultural, la experiencia histórica, la paz y estabilidad social y nuestra previsibilidad nos colocan como un destino turístico con gran potencial. Además de eso, estamos a entre 3 y 6 horas en avión de todas las capitales europeas, nuestro mercado principal, ¡y sin jet-lag!”.  Hasta ahora el turismo desarrollado en Cabo Verde ha estado más orientado al sol y la playa, razón por la que se le conoce como el “Caribe de África” a lo que Gualberto do Rosário se rebela: “¡No somos el Caribe de África! ¡Cabo Verde es un destino específico y tenemos que saber vender esa especificidad!”. Para hacerlo, Cabo Verde tendrá que complementar este turismo balneario con una oferta más diversificada, abrazando otros sectores en los que tiene gran potencial, como el turismo cultural –como el de arquitectura colonial o el turismo de la memoria de las rutas esclavistas-, de naturaleza, de aventura o incluso el relacionado con la salud y el bienestar.

    El turismo está llamado también a resolver uno de los retos económicos del país, como es la ausencia de escala: en un país de tan solo medio millón de habitantes, las inversiones voluminosas en medios de producción tienen más dificultades para ser rentables. El turismo añade, para este año 2016, 700.000 consumidores al mercado caboverdiano, más que doblando la población residente. Esto abre grandes nichos de oportunidad para el desarrollo de la agricultura y el agro-negocio en un país que tiene que importar la inmensa mayoría de los alimentos que consume por falta de producción local. Para Gilberto Correia e Silva, Ministro de Agricultura y Medio Ambiente, el mayor desafío es “apostar por la extensión de la agricultura rural, transfiriendo tecnología a los agricultores que les permita explotar los recursos existentes de forma sostenible, trasformando la agricultura de subsistencia en agricultura comercial” para nutrir el mercado local y en un futuro, poder exportar.

    No es el turismo la única estrategia con la que cuenta Cabo Verde para superar su problema de escala. “El país, forma parte de la Comunidad de Estados de África Occidental, la CEDEAO, y ha firmado acuerdos preferenciales de comercio con Europa y con Estados Unidos, lo que le permite ampliar su mercado y superar la limitación de su pequeño tamaño”, como remarca, enérgica, Ana Lima Barber desde su despacho con vistas a las arenas de Praia. Esta dinámica abogada, al frente de Cabo Verde TradeInvest, la organización encargada de acompañar a los inversores extranjeros en su aterrizaje al país y de orientar a los empresarios caboverdianos hacia la exportación e internacionalización de sus negocios, rebosa optimismo sobre las posibilidades de Cabo Verde como centro de distribución de servicios y productos hacia y desde África. Este entusiasmo es compartido por el Ministro de Finanzas, Olavo Correia quien, haciendo gala de su pragmatismo, señala la mejora en el ambiente de negocios como reto principal a sobrepasar para que el país se pueda beneficiar plenamente de las ventajas de su estabilidad frente a sus vecinos: “estamos trabajando duramente para lograr el equilibrio macroeconómico –actualmente la deuda pública se sitúa en torno al 130% del PIB-, conseguir una Administración Pública desburocratizada y amiga de los negocios, además de emprender reformas en la fiscalidad para reducirla y hacerla más apetecible al inversor extranjero y asegurar que exista financiamiento para las actividades empresariales”.

    Con todo, quizás la mayor riqueza que posee Cabo Verde sean los propios cabo-verdianos. No sólo desde un punto de vista económico, por ser uno de los pueblos mejor capacitados y más altamente educados del continente africano, sino desde el punto de vista humano. Un pueblo mestizo, que ve en la diferencia la fuerza que le vio nacer y que ve en la diversidad, riqueza; que acepta al extranjero con esa morabeza, esa hospitalidad caboverdiana expresada en las letras de las canciones de Cesária Évora o Tito Paris y que le hace a uno sentirse parte de ese mundo parte del mundo: Cabo Verde, el primer crisol de razas.

     

    Alejandro Dorado Nájera. @DoradoAlex

     

  • Maputo, la capital afromediterránea

    Caminar por Maputo no es como caminar por cualquier otra capital africana.

    Al caminar por Maputo, el visitante encuentra lo que espera de cualquier metrópoli africana: vendedoras de fruta en las aceras; puestos informales que exponen todo tipo de productos a esquivar mientras se anda (de las calamidades en este caso: reventa de objetos donados, traídos a Mozambique desde lugares más favorecidos cada vez que una catástrofe golpea); vendedores de crédito para móviles con tarjeta prepago; mujeres erguidas llevando todo tipo de mercancías en sus cabezas; música saliendo de tiendas o coches aparcados; conversaciones en varias lenguas; hombres y mujeres vestidos de todos los colores (con kapulanas en este caso).

    Pero el visitante, encuentra también características específicas, herencia de su pasado portugués, que no se encuentra en cualquier otra ciudad africana: cafés donde pararse a disfrutar de un expresso con su pastel de Belém; bares de calle donde comer un buen prego no pão; toponimia portuguesa; discotecas donde bailar al ritmo de kizomba; y un cierto caos controlado que recuerda a las ciudades mediterráneas.

    En efecto, Maputo ha logrado combinar a la perfección el carácter mediterráneo de su pasado colonial con su alma africana, quedándose con lo mejor de cada una de ellas y sumándole influencia anglosajona (muy presente por el hecho de que en Mozambique, el único país sin pasado colonial británico -junto con Ruanda- miembro de la Commonwealth, se conduzca por la izquierda).

    Maputo ha sabido preservar su pasado y el turista puede caminar por sus calles, siguiendo el crecimiento de Lourenço Marques, nombre de la ciudad hasta la independencia

    Maputo no es una cuidad dispersa como Johannesburgo o Dar es Salaam. Maputo vive en torno a un centro bien delimitado, donde maputenses y visitantes disfrutan de su esparcimiento, como en Lisboa, Oporto o Madrid. En ese centro definido por la T formada por las avenidas Julius Nyerere y 24 de Julho, las distancias son cortas, y se puede ir de un bar de moda al siguiente prácticamente a pie.

    Lo que da, sin embargo, a Maputo ese carácter tan especial y la distingue de otras ciudades del continente es que ha sabido preservar su pasado y el turista puede caminar por sus calles, siguiendo el crecimiento de Lourenço Marques, nombre de la ciudad hasta la independencia. Al igual que un botánico puedo conocer el desarrollo de un árbol a través de los anillos de su tronco, el visitante puede observar el desarrollo de Maputo a través del desarrollo de su arquitectura.

    Maputo, que recibe su nombre del río homónimo, se sitúa en una bahía, protegida por varias islas, donde los portugueses comenzaron a establecerse a partir de principios del siglo XVI. Holandeses y austriacos establecieron los primeros asentamientos europeos permanentes a lo largo del siglo XVIII, hasta que los portugueses los expulsaron fundando Lorenço Marques en 1782.

    De las estructuras primigenias nada queda más allá de la trama urbana y algunas edificaciones que merecen la atención del visitante alrededor de la actual Praça 25 de Junho: la Casa Amarela, antigua casa del Gobernador y el edificio más antiguo de la ciudad (1860) o el Fuerte de Nossa Senhora da Conceição que, aunque data de 1956, es una recreación del fuerte de piedra original de 1851.

     MERCADO ADO

    Alrededor de esa plaza y hacia la actual estación del tren se encuentras las principales muestras de arquitectura colonial: edificios de piedra y madera con pilares y balconadas de hierro de estilo Victoriano. Corresponden a la primera expansión de Lourenço Marques, con la llegada del ferrocarril en 1895, que conectó Mozambique con la actual Sudáfrica trayendo desarrollo e influencias culturales.  Quizás los edificios más representativos de la época sean el Centro Cultural Franco-Moçambicano (1898) y la Casa de Ferro (1892): prefabricada en Bélgica y re-ensamblada en diferentes partes de la ciudad a lo largo de su historia, actualmente se encuentra en los Jardins Tunduro (1885), los jardines botánicos de Maputo donde, curiosamente, se puede también encontrar una fuente Wallace, uno de los símbolos arquitectónicos de París.

    La actual Estação de Caminhos de Ferro de Maputo (1910) es probablemente el edificio más bello y representativo de la capital. Situado en la Praças dos Trabalhadores, este edificio, con su imponente cúpula erróneamente atribuida a Eiffel, alberga el Museo del Ferrocarril y varios restaurantes y galerías de arte. Diseñado por Lisboa de Lima, es el edificio de bandera de entre los de estilo beaux art que jalonan las calles del Bairro de Baixa de Maputo. A lo largo de la Avenida 25 de Setembro, que marcaba en esa época los límites de la ciudad, también se pueden contemplar algunos de estos edificios como el Mercado Municipal (1903), el Edifiçio de Correios (1903) o la Biblioteca Nacional (1904) a cuyo aparcamiento merece la pena entrar para contemplar la única estatua de Salazar, el dictador portugués, que se conserva al aire libre en el mundo; eso sí de cara a la pared y rodeada de cubos de basura a modo de providencial venganza.

    La actual Estação de Caminhos de Ferro de Maputo (1910) es probablemente el edificio más bello y representativo de la capital

    Aunque más alejado del centro primitivo de Maputo, bien merece asimismo una visita el Museu de História Natural de Moçambique (1933), neo-manuelino, detrás de cuya impresionante fachada descansa una muy bien conservada colección de fauna disecada, incluyendo una rara secuencia de elefantes en diferentes estados embrionarios.

    La ciudad de Lourenço Marques siguió desarrollándose adaptando su arquitectura a los nuevos estilos que venían de la vecina Sudáfrica, como el art déco. De ese estilo son edificios tan representativos como el Teatro Scala (1931), el impresionante Cine África (1948), el Edificio Rubi (1940s) o su contiguo Edificio Continental (1940s), centro de la vida social del Lourenço Marques portugués y que sigue albergando hoy en día una de las más tradicionales pastelerías. También el Clube Ferroviario (1944), el Predio das Telecomunicações (1948) o las inconfundibles Bombas de Gasolina de la Avenida 25 Setembro, cerca del también art déco Ministério da Energia y del neo-brutalista edificio 33-andar, que fue hasta hace poco el edificio más alto de Mozambique y que domina la Baixa.

    catedral ado

    La Catedral de Nossa Senhora da Conceição (1944), de Marcial Simões Freitas e Costa, es sin embargo la obra más emblemática de este estilo de la ciudad. Su blancura, su esbeltez y su rectitud la dotan de una presencia difícil de olvidar, dominando una plaza, la de la Independência, presidida por una imponente estatua del primer presidente mozambiqueño, Samora Machel (muerto en extrañas circunstancias, al estrellarse su avión en 1986, supuestamente derribado por el régimen del apartheid) y por el edificio neoclásico del Conselho Municipal de Maputo (1947).

    A partir de 1926 con la Dictadura Militar en Portugal pero, sobre todo, a partir del establecimiento del Estado Novo de inspiración fascista del dictador Salazar en 1933, las circunstancias en Mozambique habían empezado a cambiar. La ciudad se desarrollaba debido a la política extractiva que se había impulsado desde la metrópoli, a su carácter de prestadora de servicios para otros países vecinos como Sudáfrica y la entonces Rodesia del Sur, y a la expansión que la neutralidad portuguesa en la Segunda Guerra Mundial produjo en su economía.  A pesar la dureza de las circunstancias, el control en las colonias era más laxo que en la metrópoli y se centraba en la insurgencia anticolonial (como atestigua Vila Algarve (1934), chalet de estilo portugués suave en Polana donde el temido PIDE realizaba sus torturas). Todo esto produjo que muchos intelectuales se trasladaran a Maputo y otras ciudades de las colonias: mientras que en Portugal, se les imponían estilos tradicionales portugueses forzados por el nacionalismo de Salazar, en las colonias podían expresarse con más libertad. Fue el nacimiento de la Generación Africana y del modernismo tropical, muy influenciados por los trabajos de Niemeyer y de Le Corbusier en Brasil.

    ABREU Y SPENCER ADO 

    Este estilo se define por su carácter experimental, la presencia de elementos africanos y las adaptaciones a los materiales locales y al clima: cornisas alrededor de las ventanas y puertas, parasoles geométricos, pasillos abiertos, galerías cubiertas para ensombrecer. Edificios de este estilo son reconocibles a lo largo y ancho de toda la trama urbana de Maputo. Los ejemplos más paradigmáticos se los debemos al arquitecto Pancho Guedes y entre ellos se cuentan el Edificio Abreu, Santos e Rocha (1955) con un impresionante mural en guijarros o el Edificio Spence e Lemos (1968), ambos en la céntrica Praça dos Trabalhadores, frente a la estación de tren, sin olvidar otros como la decadente Praça de Touros Monumental (1956), la Cooperativa de Criadores de Gado (1956) o la sorprendente Igreja de Polana (1962).

    Mientras que en Portugal, se les imponían estilos tradicionales portugueses forzados por el nacionalismo de Salazar, en las colonias podían expresarse con más libertad. Fue el nacimiento de la Generación Africana y del modernismo tropical

    Los arquitectos pertenecientes a este estilo, incluían también en los edificios ornamentos o murales tradicionales africanos, como los del conocido muralista Malangatana (en el Museu de História Natural, de 1979 y 1989, por ejemplo), los del propio Guedes en el recomendado restaurante de su diseño Zambi (1956) o el de Gustavo Vasconcellos del Edificio Montepio (1959), frente a los Jardins Tunduro.

    POLANA ADO 

    Excluyendo el hasta ahora boom constructivo de principios de siglo XXI, poco le debemos en términos arquitectónicos a la época posterior a la independencia en 1975, más allá de la decadencia de muchos de los edificios nombrados, que les dota de un encanto particular si olvidamos el deterioro al patrimonio que supone. La herencia más palpable de la época del régimen marxista-leninista que se estableció tras 1975 y hasta 1994 está en la toponimia. Avenida Ho Chi Ming, Mao Tse Tung, Vladimir Lenine o Kim Il Sung son calles por las que podrás pasear, rememorando los tiempos de la Guerra Fría, demostrando que un paseo por Maputo es, también, un paseo por la historia.

    Autor: Alejandro Dorado Nájera.

    Fotos: Alejandro Dorado Nájera.

  • Africanos en Portugal

    Portugal se presenta como un país del sur de Europa con una apariencia engañosamente mediterránea ya que comparte frontera con España en el este y sin salida al Mare Nostrum. Al oeste del país se haya el océano atlántico que bordea toda la costa. Al igual que España, forman parte de su territorio las islas de Madeira y de las Azores situadas a más de 1000 km de Lisboa que es la capital del país. Lisboa, ciudad cosmopolita de una belleza peculiar y a la vez desconcertante por haber sabido sobrevivir al tiempo. Con un poco más de 2 millones de habitantes, la Diáspora africana y afrodescendiente tiene una representación importante en la mayoría de los tejidos de la capital portuguesa. Nos trasladamos hasta Lisboa para conocer de cerca algunas figuras de esta diáspora, sus experiencias vitales en Portugal no tienen desperdicio.

    Pedro Vieira Tomás
     
    Pegada al rio y con la brisa de la mañana, llego a la escuela de baile, Dance Jazz en Lisboa, donde he quedado con Pedro Vieira Tomás, más conocido como Petchu en el mundo artístico. De origen angoleño, robusto, con una  mirada firme, segura y noble, Maestro Petchu es, a sus 48 años, reconocido como un gran coreógrafo, bailarín y profesor de danza. Es padre de dos hijos.
    Su historia con el baile remonta a sus cuatro años en el seno familiar. Su abuelo, Liceo Vieira, fue uno de los que popularizó la danza Semba, un estilo musical tradicional que se baila en ocasiones familiares. Su tía, Duda Do Ku, fue la gran fundadora del grupo Ngongo en los años 1960. Maestro Petchu salió de Luanda haciendo lo que más le gusta, bailar.
    Vivió entre artistas consagrados,  llevaba la música en sus genes y su interés por la cultura le permitió reencontrar sus raíces musicales. Todos los ingredientes necesarios estaban reunidos para convertirse en un gran artista. Su planteamiento era claro desde muy joven, dar a conocer sus raíces por el mundo, hacer todo lo que estuviera a su alcance por su cultura. Bailando dio sus primeros pasos y  llenó su alma de ritmos y tradiciones, decidió que tendría una misión en su vida: llevar su herencia por donde pasara.
    En 1996 salió de su país con su arte y su grupo, como embajador de la cultura angoleña, llevó esos ritmos que no dejaban a nadie indiferente, intentó que se conociera de donde venían, cómo se bailaban  y  cantaban, para que se valoraran mejor y que se respetaran. Por cada rincón, dejaba un acorde musical, un paso de baile. La antigua Unión soviética, Polonia, Corea y muchos otros como Brasil, pudieron disfrutar de su arte.
     
    Petchu vivió entre artistas consagrados,  llevaba la música en sus genes y su interés por la cultura reunía todos los ingredientes necesarios para convertirse en un gran artista.
    Petchu, como le gusta que le llamen, desde los 11 años en los escenarios se plantea ampliar los conocimientos y recibir una formación que le permitiera   desarrollarlos. En 1986 recibe un entrenamiento con profesores cubanos y brasileños, enriquece  sus técnicas y amplía sus habilidades con otros ritmos, esto le permite estar más preparado. En Angola funda el ballet tradicional Kilandukilu, también en Brasil, participa en proyectos sociales en África y Brasil.
     
    Su llegada desde Alemania a Portugal fue difícil, dura y muy complicada. Conocía a pocas personas y a pesar de su formación, no tuvo más remedio que trabajar en la construcción, restauración y en diversas actividades que le permitieran subsistir y mantenerse. Tenía claro que la oportunidad llegaría y por eso nunca dejó de formarse y ensayar para estar a la altura. Creer y pensar en sus raíces le dio las fuerzas para seguir y no desfallecer. Gracias a su fortaleza y seguridad, pudo mantenerse firme en la persecución de sus objetivos: hacerse visible y ser escuchado.
     
    Tras tener su tarjeta de residencia en Portugal, decidió  buscar empleo en su ámbito. Presentó sus proyectos al Centro Cultural de Belén pero no encajaban con la filosofía del Centro. Sin desanimarse, siguió trabajando hasta que apareció un ángel de la guardia, un amigo portugués, que le abrió las puertas del mismo Centro Belen donde años atrás le rechazaron sus proyectos. Así lo cuenta entre risas: “Cuando volví al Centro Belén con mi amigo portugués, con mi camisa y corbata, fui muy bien recibido y escuchado, hasta me invitaron a tomar algo. Sentí entonces que por fin ya estaba donde quería. Ya había empezado, no había quien me parara. Y así fue”. Desde entonces sus espectáculos permanecieron en cartelera durante al menos cinco temporadas, atrayendo con gran éxito a la muchedumbre.
     
    Volver a Angola sí, pero no por ahora
     
    Treinte y siete años de carrera se dice muy pronto, pero no todo el mundo puede presumir de ello. Después de veinte años en Portugal, Petchu vive contento y orgulloso de haber alcanzado sus metas. Aunque es cierto que durante años lo pasó mal, ahora es una persona agradecida, ilusionada, satisfecha pero también con muchos sueños.
    Gracias a su talento  artístico, contribuyó a dar visibilidad a África en Portugal mediante su participación en festivales y programas de televisión. Además participa en la integración de las personas migrantes colaborando en diferentes asociaciones que a su juicio son un pilar importante y una guía para los migrantes. Pero por otra parte echa en falta costumbres de su país como relacionarse más con sus vecinos, tener la libertad de circulación, la cercanía de la gente, etc. Acaricia el sueño de volver a Angola con la gente que le han apoyado en Portugal, pero no lo ve factible a corto plazo.
     
    Los retos nunca terminan
     
    Petchu tiene muchos desafíos y miles de planes: trabajar para las personas que lo necesiten, formarse, seguir con su compañía de baile, ayudar a los que no tienen, tener más  dinero para ofrecer, hacer sonreír a los niños, etc. Habla de Portugal con mucho cariño: “De este país me gusta todo y estoy feliz, llevo mi música a donde quiero y se me ve y escucha, no puedo pedir más, mi labor acaba de comenzar y quiero que alguien tome el relevo cuando no este”.
    Este guerrero del arte impresiona, no tiene miedo y es capaz de hacer bailar con sus tambores a los pasteles de Belén. Junto al rio y con su risa, me despido de él, satisfecha y muy contenta de haberle conocido. Verle bailar y cantar es lo que quiero… ¡Quizás algún día!
     
     
    Verónica Ferrreira
     
    En el centro de Lisboa llego a un edificio antiguo, con escaleras de madera y ascensor viejo pero elegante. Había quedado allí con Verónica  en su consulta o su rincón mágico como ella le llama. Verónica Ferreira, angoleña de 44 años, piel canela y ojos profundos, me recibe con su bata blanca y olor a azahar. Entramos, me presento y sin darme cuenta estamos hablando como amigas.
     
    El duelo migratorio de Verónica: las muñecas
     
    Llegó a Portugal hace 13 años, para quedarse a vivir con su madre y su padrastro. Las relaciones entre ellos eran complicadas porque Verónica se sentía fuera de lugar, poco comprendida. Su vida en Angola era totalmente diferente, más simple y dejar a sus familiares y amigos supuso para ella un gran sacrificio. Por eso también su adaptación fue más difícil y lenta.
    Echa de menos todo, pero curiosamente lo que más le choca es el espacio y cuando se refiere a él, se le ve afectada. A pesar de los años que lleva viviendo en Portugal, eso le sigue marcando: “Como se puede vivir en casas tan pequeñas? Ella estaba acostumbrada a vivir en espacios más grandes y con mucha luz; luz que necesita, olores que recuerda y sonidos que ya no escucha.
    Pero lo que más echa de menos es su colección de muñecas, que jamás recuperó. Le encantaría tenerlas y allí veo delante de mí a una niña mujer totalmente emocionada por el recuerdo. Es una pena que al emigrar quizás no te pregunten, ni tengas tiempo de pensar que te llevarías contigo para ser más llevaderos los cambios y la vida que te espera. “Esas pérdidas hacen más difícil y rugoso el camino, te hacen sufrir y es horrible”, cuenta Verónica… Quizás si al menos tuviera una a su lado, sería diferente, porque esas muñecas forman parte de su vida y las recuerda con cariño.
     
    Cuesta integrarse en Portugal
     
    Con Verónica hablamos también de la integración de las personas extranjeras en Portugal, de los portugueses y de mil cosas más. Me cuenta que no encontró tantos problemas para sentir que era y es parte de este lugar. No se detuvo ante nada. Comenzó a estudiar, a relacionarse aunque no salía mucho, y estaba a la expectativa de todo lo que le radiaba y sucedía en su entorno. Se fue acostumbrando a esa nueva vida y hoy está totalmente integrada. A Verónica le gustan las personas afectuosas, las cosas que le hagan reír, y sobre todo la sinceridad y la confianza.
    Al preguntarle si volvería y qué se llevaría, Verónica es tajante: “De aquí no me llevaría nada, porque no me gustaría volver. Es aquí donde quiero estar y donde me siento feliz… me quedo con todo”, dice. Casi sin darse cuenta comenzó a pensar: ¿qué podría estudiar? ¿A qué se dedicaría que la hiciera feliz? Por razones personales regresó a Angola y se dio cuenta que ella ya no era de aquel lugar que le vio nacer. Entonces al volver otra vez a Portugal inició su carrera eligiendo una de sus pasiones: la fisioterapia. Se formó y se documentó hasta a los 28 años, cuando ya se sintió lista para ejercer esa profesión. Con su sabiduría y el don que tiene para ver y sentir donde está el problema de las personas, empezó a dejarse llevar hasta hoy. Mujer que lee el alma y cura con sus manos y espíritu, sus manos son sus herramientas y su mente, un gran poder.
     
    Fui a entrevistar a una migrante angoleña residente en Portugal, alguien que me contara en primera persona sus experiencias y su vida, al final gané una amiga. Una amiga que conoce muy bien Portugal, a quien le gusta el mar, el  río, las calles de Coímbra, Oporto, Porto Cobo, Paz Armonía, etc. Una amiga apasionada de la lectura, de la ópera, de la comida como la mohamba, el calulu y los frijoles negros, que son sus comidas favoritas y le recuerdan sus raíces. Una amiga integrada, tolerante, respetuosa y abierta, con una buena red de amigos portugueses y de otros países, pero que detesta a la gente que no respeta las normas del país de acogida.
    Verónica al volver otra vez a Portugal, inició su carrera eligiendo una de sus pasiones: la fisioterapia. Esta mujer  que lee el alma y cura con sus manos y espíritu, sus manos son sus herramientas y su mente, un gran poder.
     
    Verónica es la típica luchadora  que no se deja vencer
     
    Antes de separarnos, Verónica me comenta sus planes futuros: en su cartera descansan varios proyectos que van en el sentido de la mejora de su vida personal y profesional. Quiere seguir participando en formaciones relacionadas con la mente y el espíritu, enriquecer sus experiencias, adquirir más conocimientos para desarrollar mejor su profesión. Está muy orgullosa de ser mujer y confiesa no haber acudido nunca a asociaciones para solicitar ayuda. Pero considera que si realmente existen, es importante informar de su existencia para aquellos que lo necesiten.
    Me despido de ella y ya en la puerta me pongo a pensar en esta maravillosa experiencia… Me alejo contenta y convencida de que  nos volveremos a ver… Fue un verdadero placer charlar con Verónica.
     
    Euclides Moreira Fortado
     
    Me traslado al barrio de Brazo de Prata donde trabaja y me espera un joven llamado Euclides Moreira Fortado. Es alto, delgado y bien parecido, de ojos grandes,  mirada insegura  y noble. Llega  y me recibe con elegancia y caballerosidad. Nos sentamos e iniciamos nuestra entrevista.
    Nacido en Cabo Verde hace 32 años, llegó a Portugal desde Ciudad Santiago con las ideas claras, lleno  de entusiasmo, fuerza y decisión: estudiar y trabajar para poder ayudar a su familia. Era y sigue siendo su meta principal, la única y la más importante. Con su maleta llena de recuerdos, de sueños y  de todos los proyectos que un joven pudo tener, era lo que  le daban fuerzas para seguir adelante, a  pesar de dejar atrás, tradiciones, familias y amigos  por una vida incierta, diferente y desconocida.
     
    El año 2009 marcó un antes y un después en su vida
     
    Alguien, que era su padre,  le esperaba en Portugal y que de alguna manera le haría la vida más fácil, alguien que ya había superado sus miedos, inseguridades y que le podía ayudar a hacer más llevaderos los suyos. 2009 fue un año de cambios muy importantes y muy significativos para él, un año que marcó su vida estando ya en Portugal: la muerte de su padre. Dejó un gran vacío en su vida, pero tenía que seguir adelante. Fue un revés que le obligó a madurar de golpe.
    Con la desaparición de su padre, Euclides lo perdió todo: la ilusión, el ánimo, la fuerza y la seguridad.  Pasaba su tiempo haciéndose preguntas. ¿Cómo seguir viviendo solo, con el sufrimiento, teniendo a toda una familia esperando tu ayuda? Ni su madre ni sus hermanos le dejaban instalarse en las lamentaciones, los llantos y la tristeza. El barco estaba en el puerto, había que cargarlo y  hacerlo   llegar a su destino, él era el capitán y el único marinero, tenía una gran responsabilidad.
     
    Desde que llegó a Portugal supo que el trabajo era lo que le permitiría cumplir sus sueños. Tenía muchas limitaciones: En Cabo Verde trabajó en telecomunicaciones y sus estudios eran básicos, con muy poca experiencia laboral. Todo esto jugaba en su contra y no le permitía aspirar a mucho, además encontró una dificultad que a mi juicio es el gran problema de un emigrante: carecer de  papeles. Es como si no tuvieras nada, como si no existieras. Con tantos cambios y tanto dolor, no se había parado a pensar en esto, se le empezaron a cerrar las puertas una detrás de otra. Y allá en Cabo Verde, peligraba la supervivencia de su familia.
     
    Un giro de 180 grados
     
    Euclides encontró oportunidades en el sector de la construcción, pero la burocracia ponía un freno a sus ambiciones, reduciendo a la nada sus esfuerzas a conseguir trabajo.  Su vida dio un giro importante cuando conoció a una persona que le dio apoyo, le entendió y compartió su dolor y su rabia. Gracias a ella, Euclides encontró otro motivo para seguir adelante, tras haber arreglado sus papeles. Fue a partir de entonces que tuvo la oportunidad de abrir por fin  su maleta y sacar algún sueno.
    Cada vez que ha encontrado un trabajo, su familia estaba contenta de él y lo celebran. Pese a las dificultades administrativas con el tema de los papeles al inicio, Euclides ha encontrado en Portugal la manera de vivir a gusto. Aunque eche de menos la comida de su madre, el cachupe por ejemplo, sus círculos de infancia, la ciudad donde se crió, no piensa volver a Cabo Verde. Para él, Portugal es un país con muchas influencias africanas; ve que a los portugueses la música africana, con los ritmos actuales y aquellos con los que se criaron de pequeño. En algunos conciertos tanto en criollo como en portugués, esta fusión está siempre presente: “La música caboverdiana es algo que aquí gusta y que muchos artistas incluyen en sus trabajos”. Me cuenta que le hubiera encantado ser músico y sonríe cuando habla de ello, aunque cree que es tarde para serlo, es algo que tiene dentro. “Algún día aprenderé a tocar algún instrumento”, comenta en voz baja y con los ojos húmedos, “y hasta llegué a tocar para mi familia y amigos”.
    Para Euclides, Portugal es un país con muchas influencias africanas por los ritmos actuales y aquellos con los que se criaron.. y esta fusión está siempre presente en los conciertos tanto en criollo como en portugués
     
    Botas de obrero y alma de músico
     
    Como mis dos primeras entrevistadas, Euclides tiene grandes sueños que le gustaría realizar. Uno de ellos es ser mecánico,  algo que le atrae y también opina que es una forma de ganar dinero, ser independiente y ayudar a su familia. Contento de su vida en su conjunto, mi amigo tiene claro lo que llevaría de Portugal si tuviera que marcharse: los dulces que son una verdadera delicia y despiertan los sentidos; algunas de las personas que ha conocido y que le han ayudado; y para recordar este país, su luz. Se llevaría su luz y si ha de traer algo de allí, sería a su familia, las calles donde corrió de pequeño, el olor y su inocencia  que de alguna manera se quedó por el camino.
    Me despido y le dejo en plena faena con sus guantes y una carretilla, continua en la obra. Un día que por unos minutos le llevaron hacia recuerdos y emociones que compartimos juntos.  Euclides me ha cautivado, con sus manos llenas de cemento, botas de obrero y alma de músico.
     
     
    Por Yamilet Méndez Solano  Maestro Petchu