El 19 de enero , el emprendedor Patrick Soon-Shiongy el presidente lanzan la primera fábrica de vacuna 100% Africana.
Para acabar con la desigualdad vivida por la vacuna ,el natural de la ciudad de Port d’Élisabeth Patrick Soon-Shiong permite la construcción de la fábrica de vacuna africana en su ciudad .Este proyecto se realizará con la inversión de 170 millones de euro facilitada por el emprendedor.Con las ideas bien claras su objetivo es crear una industria sostenible no solo con vacuna contra la pandemia sino también contraenfermedades tales como el VIH , la tuberculosis , el cáncer. El presidente Cyril Ramaphosa, muy contento, lo considera como un paso hacia delante de África . Es la primera en la historia de África.
Las primeras dosis de vacunas contra el COVID19, el Coronavirus o el Virus ChinoComunista, en sus diferentes apelaciones o creencias, llegaron en África desde el mes de febrero 2021 en países como Ghana y Costa de Marfil que fueron los primeros en recibir aquellas dosis financiadas por el dispositivo Covax. El Covax quiere proveer vacunas de manera gratuita a los países con poco ingreso.
A pesar de que estén disponibles las vacunas en todos los países del continente, cabe notar que la población africana duda mucho en vacunarse, y eso, aunque la pandemia sigue haciendo daños.
Según datos del Bureau Régional de l’OMS Pour l’Afrique o el Oficio Regional de la OMS para África, hasta el primero de diciembre de 2021, había en total 8,6 millones de contagios entre los cuales 8,1 millones de personas curadas y 223.000 fallecidas desde que llegó la pandemia en África.
Volviendo al avance de la vacunación, cabe decir que según el mismo Oficio Regional de la OMS para África solo 4 países han podido vacunar el 40%de su población hasta ahora. Se tratan de países como Marruecos, Mauricio, Seychelles y Cabo Verde. El porcentaje total de las personas ya vacunadas en África equivale a 5,7% según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
¿Como se explica esto?
La duda es el mayor problema al que se enfrenta las vacunas en el continente africano. Eso lo indica el medio francés RFI , Radio France Internacional, en un artículo en el que la mayoría de las personas que preguntaron sobre la vacuna dijo << aún tengo dudas>>. Como indicado, preguntaron a un hombre beninés sobre la vacuna y esto dijo: << acompañé mi mujer a tomar la vacuna. Por mi parte sigo teniendo dudas al respecto, así que sigo pensándolo. Lo hizo mi mujer porque se lo exigen en su trabajo, entonces solo lo hizo para no perder su empleo. >>
¿Pero, por qué dudar sabiendo todo lo malo que hace el virus a través del continente?
El hecho de no haber tenido tantos casos de contagios del Coronavirus en África como en otros continentes, puede ser una razón, que explica las dudas. También hay que añadir que en actualidad sigue habiendo gente que no ha conocido o visto algún enfermo de Coronavirus. ¿Hay que esperar forzosamente que un conocido nuestro este contagiado antes de crear?
A eso hay que añadir lo de los rumores sobre la vacuna que invadieron en algún momento las redes sociales en África. Se contaba en algunas publicaciones en las redes sociales que vacunarse sería un peligro para aquello que lo haga. Al llegar las vacunas, los rumores acusaban la vacuna de no ser lo que pretenden las autoridades sanitarias. Hasta se llego a decir que la vacuna podría matar, desgraciadamente, hay mucha gente que sigue creyendo en ello.
¿Cómo convencer a la población?
Convencer a las personas para que tomen la vacuna sigue siendo un desafío porque hay muchas personas que no han tomado ni una dosis, aunque todo está para que nadie dude de lo peligroso que es el coronavirus y lo imprescindible que es la vacuna.
Se espera que la gente pronto pueda volver a la realidad y vacunarse para que se pueda frenar la pandemia del virus chinocomunista , que ha causado muchos daños humanos y económicos desde su aparición en 2019.
Las profundas consecuencias económicas derivadas de la Covid-19 son graves y están afectando a mujeres y niñas, un colectivo que representa más del 70% del total de víctimas y supervivientes detectados en todo el mundo. Esta es la principal consecuencia que se desprende de los datos difundidos durante el 3er Encuentro de Ministras de Asuntos Exteriores, organizado por España y Australia y en el que participaron 5 países africanos.
A esta reunión virtual, en la que llevaron la voz cantante la ministra de Asuntos Exteriores de España, Unión Europea y Cooperación de España, Arancha González Laya, y la ministra de Asuntos Exteriores y ministra de la Mujer de Australia, Marise Payne, asistieron sus homólogas de Andorra, Bélgica, Bulgaria, Estonia, Guinea Bissau, Kenia, Libia, Liechtenstein, Noruega, Sudáfrica, Sudán, Suecia y Timor Leste. Las ministras abordaron las consecuencias de la pandemia en mujeres y niñas, prestando especial atención a las víctimas y supervivientes de la trata de personas.
Ellas son víctimas de la trata con fines de explotación sexual, ya sea de forma virtual o en persona, de matrimonio precoz y forzado, así como el trabajo forzoso y de otras formas similares de explotación, señala la nota de prensa del gobierno de España.
Esta clase de abusos, dice la nota informativa, tiende a ser invisible, ya que con frecuencia las víctimas son explotadas con impunidad y de manera silenciosa. “Los traficantes de personas han sido capaces de explotar a niñas y mujeres en sus propios hogares, invisibilizándolas como víctimas aún más que antes de la pandemia”, afirmó la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.
Según datos de ONU Mujeres (la agencia de Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres), el 49% de las mujeres adultas son víctimas de la trata de seres humanos a nivel mundial.
Los efectos del Covid 19 sobre las mujeres y las niñas, es un documento publicado por ONU Mujeres en mayo de 2020 y en el que se señalaba que la pandemia además de la profunda conmoción y cambios en la economía y las sociedades en general, “ha puesto de manifiesto las desigualdades estructurales en todos los ámbitos económico, sanitario, seguridad o de protección social”.
Uno de los mayores peligros, dice el informe, es que todos los derechos de las mujeres, por los cuales se había luchado durante décadas, están hoy amenazados.
Violencia contra las mujeres: 243 millones de mujeres y niñas (de 15 a 49 años) han sufrido violencia física o sexual por parte de la pareja en el 2019; desde el comienzo de la pandemia, se ha intensificado.
La salud de las mujeres: en 2017, un total de 810 mujeres murieron al día por causas evitables relacionadas con el parto y el embarazo. El 94% ocurre en países de ingresos bajos y medios-bajos.
Mujeres jóvenes y niñas: El 89% de la población estudiantil en el mundo, entre niñas, niños y jóvenes, sin clases desde marzo de 2020, debido a los cierres provocados por el Covid-19, dato que incluye a 743 millones de niñas.
Violencia doméstica: Antes de la pandemia menos del 40% de las mujeres que habían sufrido violencia, denunciado estos delitos. Desde el confinamiento, las denuncias o llamadas relacionadas con la violencia doméstica han aumentado. Por ejemplo, 33% en Singapur; 30% en Chipre; 30% en Francia y 25% en Argentina.
Desastres económicos: Cuando estalló la pandemia, las mujeres y las niñas sufrieron sus efectos económicos. A nivel regional el 92% de mujeres empleadas en el sector informal estaban en África subsahariana; el 91% en Asia meridional y el 54% en América Latina y el Caribe.
Conflicto: Los años de guerra en lugares como Yemen y Siria han diezmado los hospitales y deteriorado los sistemas sanitarios.
Profesionales sanitarios: El 70% de profesionales de asistencia sanitaria y social a nivel mundial, son mujeres y solo un 30% son líderes en el sector sanitario a nivel mundial.
Trabajo no remunerado: Antes de la pandemia las mujeres realizaban el triple del trabajo doméstico y asistencial sin remuneración que los hombres. Desde el comienzo de la pandemia, el cierre de colegios y sistemas sanitarios sobrecargados, han contribuido al trabajo no remunerado de las mujeres en el hogar.
Migrantes: La Covid-19 ha provocado la pérdida de 25 millones de trabajos a nivel mundial. 136 millones de mujeres migrantes; 66 millones de trabajadoras migrantes y 8,5 millones de trabajadoras domésticas migrantes.
Un llamado a la comunidad internacional
Las Ministras reconocen las dimensiones en el plano de los derechos humanos, la economía, el género y la justicia de este delito transnacional, al igual que la importancia de que las administraciones colaboren con la sociedad civil, las empresas, las organizaciones internacionales y otros grupos de interés en los países de origen, tránsito y destino para prevenir y enjuiciar estos delitos y prestar apoyo a las supervivientes.
En este encuentro se ha instado a todos los gobiernos a seguir respaldando el fondo fiduciario de contribuciones voluntarias de Naciones Unidas para las víctimas de la trata de personas, especialmente mujeres y niños.
También se ha solicitado al sector financiero mundial apoyar la inclusión financiera, haciendo suyas las recomendaciones del plan de la Comisión del Sector Financiero para el 2019 dirigido a movilizar fondos contra la esclavitud y trata de personas.
“Ahora, más que nunca, la colaboración internacional es fundamental para combatir la trata de personas, pues somos conscientes del aumento de los riesgos para niñas y mujeres que ha traído consigo la crisis de la COVID-19”, señaló la jefa de la diplomacia australian, Marise Payne.
Por David Richard Walwyn, Professor of Technology Management, University of Pretoria, y Padmashree Gehl Sampath, Fellow, and Senior Advisor, Global Access in Action Program, Berkman Klein Center, Harvard University
La disponibilidad desigual de las vacunas para la covid-19 se ha convertido en un asunto cada vez más urgente y pesado. Pero encargarse del problema de lo que se ha denominado “nacionalismo de vacunas” se ha convertido en un hueso duro de roer.
La escasez de medicamentos y la fragilidad de las cadenas de suministros para fármacos esenciales son problemas para casi todos los países en vías de desarrollo. En África, concretamente, la capacidad de producción es limitada. Más de 20 países carecen completamente de ella y muchas regiones continúan importando al menos el 95 % de sus necesidades farmacéuticas.
Es fundamental comprender por qué ocurre esto. Después de todo, hay pruebas suficientes de que los Gobiernos pueden ser agentes económicos efectivos. Esto incluye ser capaces de ejercer una gran influencia en el sector de la producción, ya que pueden construir esta capacidad a través de incentivos, regulación y normativa, por ejemplo. Las experiencias de otros países demuestran que la inversión y la contratación públicas en el sector farmacéutico nacional pueden crear capacidad de producción y mercados.
Entonces, ¿por qué no ha ocurrido en África?
Generalmente, estos productos exigen un uso intensivo de tecnología y capital. También requieren un personal altamente capacitado y cadenas de suministros fiables de materia prima esencial y equipo especializado. Y, además, la inversión en personal e infraestructuras precisa de un mercado estable a largo plazo con un consumo lo bastante constante como para justificar el riesgo.
La ausencia de esta seguridad, incluso en los mayores mercados del continente, tales como Sudáfrica, Nigeria y Egipto, limitan el desarrollo de este sector esencial.
Hemos llevado a cabo un estudio para entender hasta qué punto las carencias en disponibilidad de financiación restringen el desarrollo de la capacidad de producción de vacunas y otros materiales sanitarios. Nuestros hallazgos muestran cómo los Gobiernos, las empresas y los organismos donantes deberían aunar sus esfuerzos para apoyar las herramientas de diagnóstico, las vacunas y los tratamientos como recurso vital.
Identificamos ciertos enfoques que deberían ser explorados. Estos incluyen planes conjuntos para la producción regional de centros, adquisición mancomunada, subvenciones directas, periodos de exclusividad comercial, cesión internacional de tecnología y redirección de las ayudas al desarrollo internacionales.
Ketlaphela es una compañía estatal. Fue creada para la producción de principios activos de medicamentos y productos médicos, principalmente para enfermedades contagiosas como el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria. Aún no ha producido ningún fármaco.
Biovac es una asociación público-privada entre el Gobierno de Sudáfrica y el Consorcio de Compañías Sanitarias. Su capacidad es pequeña comparada con el mercado de la vacuna de la covid-19. Sin embargo, aporta tres lecciones importantes sobre cómo un país como Sudáfrica puede proceder para crear este tipo de capacidad.
En primer lugar, proporciona seguridad comercial a largo plazo. Esto se consiguió a través de un contrato efectivo de 15 años con el Departamento Nacional de Salud. En segundo lugar, se permitió a Biovac cobrar un precio más elevado como medio para financiar la reinversión de la empresa en producción de vacunas. Y, finalmente, propicia una alta competencia en investigación y desarrollo.
Las barreras
Las condiciones para la financiación de la producción de herramientas de diagnóstico, vacunas y tratamientos son muy variables en África. Algunos países tienen mercados financieros con liquidez, cambio de divisas altamente disponible y sistemas financieros sofisticados. Otros se enfrentan a grandes restricciones con respecto al acceso al capital y al cambio de divisas.
Del mismo modo, comprobamos que las pequeñas productoras se enfrentaban a retos diferentes a los de las grandes productoras ya establecidas.
En cualquier caso, hallamos algunas similitudes.
Las compañías comunicaron claras discrepancias entre las aspiraciones políticas para reducir la dependencia de la importación en el sector sanitario y las realidades del día a día. En particular, las empresas se quejaron de factores que aumentaban sus costes de capital y las hacían menos competitivas. Esos factores estaban relacionados con fallos sistémicos o de infraestructura sobre los que tenían escaso control e incluían:
Altos costes eléctricos y suministros no fiables.
Carencia de agua limpia.
Demoras portuarias.
Infraestructura débil.
Disponibilidad limitada de personal cualificado.
Nuestras entrevistas confirmaron que estos costes adicionales dificultaban a las empresas locales cubrir gastos y recuperar capital de trabajo en unos mercados muy competitivos.
Por lo tanto, las compañías a menudo se retiraban a categorías de productos más limitadas o incluso cerraban, incapaces de competir contra las compañías indias y chinas.
Algunas respuestas
El estudio destacó dos áreas críticas como fundamentales para la reforma de las estructuras de apoyo públicas a favor de las empresas locales.
En primer lugar, los gobiernos deben favorecer la contratación pública. Pueden hacerlo proporcionando contratos de suministros a más largo plazo (compra garantizada).
En segundo lugar, las instituciones donantes necesitan revisar sus estrategias de contratación para favorecer las producciones locales. Actualmente, están basadas en instalaciones de bajo coste, principalmente en la India y China.
Es más fácil decirlo que hacerlo. En cualquier caso, la conclusión esencial de las entrevistas fue que cuando las empresas locales podían generar productos de buena calidad debían ser capaces de acceder a los mercados sin ser excluidas por compañías más grandes que tuvieran economías de escala y de alcance. Esto podría ayudar a crear un rango más amplio de proveedores en países en vías de desarrollo a largo plazo.
El papel de las agencias financieras internacionales es esencial en el desarrollo de resiliencia local ante las emergencias sanitarias mundiales. Por ejemplo, el Fondo Mundial es responsable de financiar y procurar el 21 % de los medicamentos para el tratamiento del VIH. Las estadísticas son similares para la tuberculosis y la malaria.
Asimismo, uno de los objetivos de la Estrategia de Gavi para 2021-2026 (GAVI 5.0) es configurar mercados saludables para las vacunas. Esto se podría revisar considerando estas realidades, especialmente dadas las restricciones de suministros a las que se enfrenta las instalaciones de COVAX.
Estos organismos tienen poder de mercado para diversificar fuentes de suministros sin perjudicar el coste de servicios sanitarios públicos. Las entidades podrían trabajar con los gobiernos nacionales para construir capacidad local y aumentar la resiliencia.
Desbloquear el apoyo financiero
Resulta interesante que la cartografía de las corrientes de financiación mostrara que hay capital de inversión disponible en los mercados financieros globales. Esto incluye fondos para la inversión en herramientas de diagnósticos, vacunas y tratamientos en África.
Si bien existen restricciones a la financiación para la producción, estas no se deben a una escasez global de fondos disponibles. Instituciones como el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional y el Banco Africano de Desarrollo han anunciado grandes compromisos para apoyar las respuestas contra la covid-19. Desafortunadamente, esta financiación aún no ha llegado a los proyectos para la producción farmacéutica africana.
De la misma forma, las fundaciones están financiando la investigación y el desarrollo, los compromisos de compra anticipada de vacunas y herramientas de diagnóstico, además de otros esfuerzos para abordar la covid-19. Pero no han financiado proyectos para producir en África.
Teniendo en cuenta el impacto de la pandemia en la economía del continente, las instituciones internacionales y los gobiernos deben trabajar juntos para llevar la producción farmacéutica a los países africanos.
Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Javier Barbero Alonso.
Estas acciones provocaron un escándalo en el continente. En redes sociales, hubo llamamientos para deportar a los residentes chinos en África. La etiqueta de Twitter #DeportRacistChinese fue tendencia.
El proceso de creciente influencia económica de China en África lleva dos décadas en marcha:
En el norte de África, China ha gastado 11 000 millones de dólares estadounidenses desde 2015 en la autopista transmagrebí, que va desde el Sáhara occidental hasta Libia y que conectará a 60 de los 100 millones de habitantes de la región.
Algunos líderes occidentales han descrito los mecanismos financieros de China como trampas de deuda y han sugerido que cargan a los países africanos con grandes deudas mientras aumentan el poder del país en la región.
«Dicen que China ha prestado demasiado a África», dijo el presidente de Ruanda, Paul Kagame, en 2018, «pero otra perspectiva de la cuestión es que los que critican a China por la deuda ofrecen demasiado poco, y África necesita la financiación para crear capacidad de desarrollo».
En 2002, el comercio entre Estados Unidos y África era casi el doble que el de China con este continente: 21 000 millones de dólares comparados con 12 000 millones. En 2008, el comercio entre Estados Unidos y África se había disparado a 100 000 millones de dólares. Sin embargo, en 2019 había descendido a 56 000 millones. Mientras tanto, el comercio entre China y África aumentó de 102 000 millones de dólares a 192 000 en el mismo periodo de 11 años. Actualmente, ningún otro país se acerca a las inversiones de China en África.
La administración de Trump ignoró a África mientras China expandía su influencia. Trump no pisó el continente como presidente, lo que lo convierte en el primer presidente estadounidense en 27 años que evita África.
China, el primer socio de África
China, que ya es el mayor socio económico de África, fue capaz de darle la vuelta a la situación rápidamente tras el impacto del coronavirus para ofrecer ayuda, atención y experiencia.
Los resultados fueron inmediatos.
Algunos líderes africanos que criticaban el trato de China a principios de la pandemia han cambiado de opinión. Por ejemplo, el presidente de Nigeria, Muhammudu Buhari, anunció recientemente que estaba «satisfecho con el progreso» de la relación entre Nigeria y China.
Hacia una nueva relación entre Estados Unidos y África
Para Estados Unidos, la creciente influencia en África tiene un impacto global. Las empresas estadounidenses se enfrentan cada vez más a la dura competencia de las corporaciones chinas respaldadas por el Estado en las licitaciones por contratos. Si no se les para, las empresas chinas podrían superar más y más a las estadounidenses. La administración de Joe Biden ha prometido comprometerse más con África, lo que probablemente indica una estrategia estadounidense a largo plazo para hacer frente a China en África.
No obstante, la distribución estratégica de la vacuna y las donaciones de EPIhan generado muy buena voluntad y han mejorado la reputación de China como potencia mundial responsable que actúa para proteger a las poblaciones vulnerables de África, a quienes han ignorado Estados Unidos y Europa en gran medida durante la pandemia. Es posible que Estados Unidos esté dispuesto a comprometerse de nuevo con África pero, cuando lo haga, podría ser demasiado tarde para superar a China.
Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.
Catherine Kyobutungi, Executive Director, African Population and Health Research Center
Tanzania ha tenido un enfoque muy particular para controlar el SARS-CoV-2. El año pasado, solo unos meses después del inicio de la pandemia, el presidente John Magufuli declaró a Tanzania libre de Covid-19tras tres días de oraciones nacionales.
Desde entonces, se ha negado a imponer un confinamiento, ha reabierto las escuelas, ha permitido la celebración de grandes eventos deportivos, ha continuado con las reuniones religiosas, ha dejado de hacer pruebas y ha suspendido las campañas de comunicación públicas sobre el virus. El país también ha dejado de notificar casos y muertes.
El argumento era que la gente debía dejar de vivir con miedo y confiar en Dios y en los remedios tradicionales africanos para prevenir contagios. Tanzania podría ser el único país del mundo que haya adoptado este enfoque, que va en contra de todo lo que han recomendado los científicos, otros organismos sanitarios nacionales y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
No, porque nose puede utilizar una vacuna en el país sin que esté registrada y autorizado su uso. El proceso normal es que los expertos, junto con los organismos reguladores, revisen los datos sobre la vacuna y aprueben su uso si están convencidos de su eficacia y seguridad.
Para la vacuna de la Covid-19, esto se está haciendo mediante el procedimiento de la lista de uso en emergencias de la OMS. La revisión la realiza un equipo internacional de expertos con la participación de otros especialistas de las autoridades nacionales.
Pero si el Gobierno tanzano se niega a registrar la vacuna para su uso, nadie podrá acceder a ella.
No obstante, el país podría registrar la vacuna, pero negarse a importarla. Esto permitiría al sector privado importar algunas, aunque no serían suficientes. Los programas de vacunación contra la Covid-19 en cualquier país suponen una gestión masiva y, si el sector privado coge las riendas, muchos no podrán permitirse las vacunas o tener acceso a ellas.
Quienes sí se podrían vacunar serían las personas pertenecientes a la élite de Tanzania (o aquellos que dispongan de medios), que podrían salir del país y vacunarse en otro lugar.
Otros tanzanos que podrían tener acceso a las vacunas son aquellas comunidades fronterizas que, en el pasado, han cruzado a los países vecinos y se han beneficiado de los programas de vacunación. Esto podría suceder si la vacunación generalizada comienza a producirse en Kenia, Uganda, Ruanda y Malaui.
Pero eso será dentro de un par de años.
Muchos países ricos habrán vacunado a todos los que lo necesiten a finales de este año. Pero los países africanos no contarán con total disponibilidad de la vacuna hasta finales del próximo año o, incluso, hasta 2023.
Todavía existe la posibilidad de que Tanzania registre e importe las vacunas en el futuro. Magufuli ha enviado mensajes contradictorios. Por una parte, el Gobierno ha dicho que no tiene previsto encargar vacunas a través de COVAX (una iniciativa global destinada a lograr un acceso equitativo a las vacunas contra la Covid-19) ni de ningún otro mecanismo. De hecho, la lista de distribución de COVAX publicada recientemente no incluye ninguna dosis para Tanzania.
Por otra parte, ha afirmado que los tanzanos solo deberían confiar en las vacunas que hayan sido revisadas por expertos del país y que estos hayan considerado seguras.
¿Tiene Tanzania antecedentes de oposición a las vacunas?
No, que yo sepa.
Tanzania, al igual que otros países, ha puesto en marcha programas de vacunación rutinarios. Están dirigidos especialmente a los niños menores de cinco años y actúan contra enfermedades como la tuberculosis, la poliomielitis, la tos ferina, el sarampión, la rubeola y la difteria. En los últimos años, estos programas se han ampliado para incluir vacunas contra la neumonía bacteriana, la diarrea y la hepatitis B.
En Tanzania, la cobertura de vacunación, es decir, el porcentaje de personas que reciben la vacuna es muy alto: alrededor del 80 % o 90 %. Esto significa que no hay antecedentes de oposición a las vacunas.
Diferencias entre Tanzania y países vecinos como Kenia y Uganda
Estos cuatro países también han empezado a informar a la población sobre estos planes. Por ejemplo, han confirmado que la primera fase de distribución se destinará prioritariamente al personal sanitario y a las personas de alto riesgo.
En estos momentos, el mayor problema al que se enfrentan los países africanos es a la escasez de vacunas en el mercado global para vacunar a una parte importante de la población. Muchos países ricos habrán vacunado a todos los que lo necesiten a finales de este año. Pero los países africanos no contarán con total disponibilidad de la vacuna hasta finales del próximo año o, incluso, hasta 2023.
Si los países que han buscado las vacunas con tanto ímpetu están tan atrasados, imagínense un país como Tanzania que, ahora mismo, ni siquiera ha comenzado.
¿Cuál es el riesgo para el país y la región?
El riesgo para el país ya se ha hecho evidente. El método que ha seguido Tanzania ha permitido que el virus se propague sin control entre la población. La gente se está muriendo de lo que se está categorizando como “neumonía” y “dificultades respiratorias”.
La gente que vive en Tanzania no está suficientemente preparada ni protegida, pues no hay protocolos sobre lo que se debe hacer para evitar la propagación del virus si alguien cae enfermo. La mayoría de la información trata sobre hacer vaporizaciones para prevenir la covid-19, pero eso no impide que el virus se transmita de persona a persona.
El segundo gran problema es el impacto en el personal sanitario. Incluso en países en los que se han implementado medidas estrictas, el personal sanitario ha enfermado y muchos han muerto. La desinformación en Tanzania podría provocar que los trabajadores sanitarios no tomen suficientes precauciones en los ambulatorios, en las salas de urgencias e incluso en las consultas donde se atiende a los pacientes. Si el personal sanitario enferma, otros servicios sanitarios también se verán afectados.
Un gran peligro para la región y para el mundo
En primer lugar, mientras haya casos de Covid-19 en Tanzania, resultará imposible que los países vecinos (con los que comparte fronteras permeables) estén libres de la enfermedad.
En segundo lugar, y quizás más importante, existe el riesgo de que se desarrollen nuevas variantes en el país mientras nadie está llevando a cabo un seguimiento. Las nuevas variantes surgen debido a la propagación incontrolada.
Si más delante surge una nueva variante en Tanzania, el peligro reside en que se podría propagar por toda la región e invalidar las vacunaciones que se hayan administrado si no son efectivas contra esa variante.
La pandemia no terminará para nadie en ningún lugar hasta que no esté controlada en todos los países. La postura de Tanzania hará que sea mucho más difícil volver a la normalidad.
Este artículo ha sido publicado originalmente en inglés por The Conversation y traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Clara León.
Casi un año después de la cancelación de la temporada 2019/2020, el balón sigue sin rodar en los estadios de la Premier League de Sierra Leona, y por ahora seguirá sin hacerlo. El martes 23, según informaron distintas agencias, se confirmó por parte de las autoridades sierraleonesas, que se posponía indefinidamente el inicio de la temporada 2020/2021, que debía iniciarse el pasado 19 de febrero.
Según informa la AIPS (Asociación Internacional de la Prensa Deportiva), “la decisión de posponer la temporada 2020/2021 se tomó el pasado lunes 15 de febrero en Freetown de forma unánime por parte de la Junta Directiva de la Premier League de Sierra Leona (PLB, en sus siglas en inglés) tras consultar a la Asociación de Clubes de la Premier League y a la Federación de Fútbol de Sierra Leona (SLFA) ” y después de una reunión con las autoridades nacionales responsables del seguimiento y respuesta a la pandemia de COVID-19, que buscaba vías para “suavizar las restricciones y permitir un acceso limitado de espectadores a los estadios”, informaba la AIPS.
En la mesa de negociación se acordó la postergación indefinida de la competición pero se animó a los clubes a seguir entrenando a puerta cerrada pero siempre siguiendo estrictamente los protocolos de prevención del COVID-19.
La temporada anterior se paró a mediados de marzo de 2020 sin que se terminara de disputar la jornada 13 del campeonato. La competición se canceló definitivamente en julio sin que se declarara ningún campeón y manteniendo los mismos equipos para esta temporada.
Pese a este parón de la máxima competición futbolística de Sierra Leona, algunos distritos sí que han podido empezar a disputar sus competiciones regionales, pero a puerta cerrada.
Una enfermera se prepara para entrar en la zona de COVID-19 en el hospital de campaña de Nasrec, Johannesburg // IMF, Flickr
Willem Hanekom, Director, Africa Health Research Institute (AHRI) y Tulio de Oliveira, Director KRISP – KwaZulu-Natal Research and Innovation Sequencing Platform, University of KwaZulu-Natal
¿Cuál es la base científica de la investigación?
Los virus suelen cambiar continuamente, poco a poco. Un virus modificado se denomina “variante” del virus original, aunque el núcleo esencial del virus sigue siendo el mismo.
Los cambios en el código genético del virus se llaman mutaciones. La nueva variante, denominada 501Y.V2, ha sufrido 23 mutaciones, en comparación con el virus SARS-CoV-2 original. Es importante destacar que 20 de las mutaciones provocan cambios en los aminoácidos y que ocho se localizan en la proteína espiga del SARS-CoV-2.
Cuando las mutaciones o los cambios genéticos son beneficiosos para el virus, persisten. Es posible que, gracias a estos cambios, el virus sobreviva mejor o se transmita con mayor eficacia.
Sabemos que también surgieron, de forma independiente, variantes parecidas con muchas mutaciones en el Reino Unido y Brasil. Sudáfrica tiene una capacidad de investigación adecuada para detectar las variantes del virus y los equipos de científicos han estado investigando de forma activa. Además, el consorcio NGS-SA siguió el aviso del personal sanitario de un hospital privado de la Bahía Nelson Mandela, en la provincia de Cabo Oriental. Estaban observando que el número de casos de covid-19 era insólitamente alto. Esto explicaría por qué esta variante se detectó aquí tan rápidamente.
¿Por qué es preocupante esta variante?
La preocupación radica en que la 501Y.V2 puede propagarse de forma mucho mayor entre las personas, en comparación con otras variantes del SARS-CoV-2.
Las mutaciones de la 501Y.V2 incluyen cambios en una parte del virus conocida como proteína espiga. Esta proteína espiga del virus se adhiere a la célula humana a través de un receptor para entrar en las células: así se produce la infección. A continuación, el virus comienza a multiplicarse dentro de las células. Finalmente, las células lo liberan y puede seguir infectando más células.
Es probable que los cambios en la proteína espiga de la 501Y.V2 hagan que su unión con los receptores de las células humanas se refuerce, facilitando la infección y su expansión en el cuerpo de la persona afectada. Esto puede dar lugar a una mayor cantidad de virus en una persona infectada, que a su vez puede infectar a otras personas con mayor facilidad, dando como posible resultado final una propagación más rápida.
Los científicos han observado que la variante 501Y.V2, entre las múltiples que han estado circulando entre la población sudafricana, se ha convertido rápidamente en dominante. Esto sugiere que las nuevas mutaciones de esta variante aumentan su transmisión. En algunas regiones de Sudáfrica, más del 80 % de los virus actualmente aislados de personas infectadas pertenecen a la variante 501Y.V2.
Es probable que esto signifique que la mayoría de las personas que ahora están infectadas tienen un coronavirus que es más fácilmente transmisible.
Las nuevas variantes identificadas en el Reino Unido y Brasil presentan muchas mutaciones similares y resultados potencialmente análogos. Las investigaciones han confirmado una mayor transmisibilidad del virus en el Reino Unido.
Además, una nueva investigación llevada a cabo en Sudáfrica demostró que la variante 501Y.V2 es capaz de evadir los anticuerpos generados por una infección anterior. Esto significa que puede que los anticuerpos de las personas infectadas con variantes anteriores no funcionen tan bien contra la 501Y.V2.
El equipo de investigación utilizó plasma sanguíneo de pacientes afectados por la covid-19 en las olas anteriores para ver si los anticuerpos contenidos en su sangre podían neutralizar o hacer que la variante 501Y.V2 fuera ineficaz. Descubrieron que los anticuerpos de estos pacientes eran menos capaces de neutralizar la 501Y.V2 en relación con las anteriores variantes de la covid-19 presentes en Sudáfrica. De hecho, se necesita una concentración plasmática entre seis y 200 veces mayor para neutralizar la 501Y.V2 en el laboratorio.
Simultáneamente, una investigación de otro grupo de Sudáfrica ha llegado a conclusiones similares. El equipo analizó la respuesta de los anticuerpos de las muestras de plasma sanguíneo de 44 personas que se habían infectado previamente con variantes anteriores de la covid-19. Descubrieron que casi la mitad de los plasmas analizados no podían neutralizar la 501Y.V2 en el laboratorio.
Estos datos son preocupantes, pero hay que seguir trabajando antes de poder afirmar categóricamente lo que esto significa para la inmunidad de las personas contra la 501Y.V2, así como las consecuencias que tendrá en las vacunas creadas para las variantes anteriores. Esto se debe a que nuestra respuesta inmunitaria a la infección y a las vacunas implica componentes que van más allá de los anticuerpos.
¿Puede esta variante causar síntomas diferentes o una enfermedad más grave?
Este asunto todavía se está investigando. Hasta ahora, los médicos y científicos que trabajan en primera línea no han observado ninguna modificación entre los síntomas de las personas infectadas por la nueva variante y los de las personas infectadas por variantes anteriores. Por tanto, no parece que el virus vaya a enfermar más a las personas o a causar más muertes.
En esta fase, además, la nueva variante parece tener un espectro de gravedad de la enfermedad similar, donde los ancianos, los hombres y las personas con otras determinadas patologías están más en riesgo.
El tratamiento clínico sigue siendo exactamente el mismo: oxigenoterapia cuando las personas lo necesitan, esteroides (como la dexametasona) para las personas con una enfermedad más grave y medicación anticoagulante para prevenir los coágulos sanguíneos, una complicación común de la covid-19. La principal terapia que ha demostrado poder reducir las muertes es la dexametasona, dirigida a la respuesta inmunitaria hiperactiva producida por el virus, no al virus en sí.
¿Podrían las vacunas actuales protegernos frente a la nueva variante?
Las investigaciones están en marcha. Hasta que no se demuestre lo contrario, es probable que las vacunas sean efectivas contra esta variante, tal y como se ha demostrado en los ensayos clínicos realizados hasta la fecha.
Las vacunas nos protegen ocasionando una respuesta inmunitaria contra la proteína espiga del virus. Las vacunas presentan la proteína espiga al sistema inmunitario, que la reconoce como algo extraño (un invasor) y provoca una respuesta inmunitaria contra esta proteína. Cuando el cuerpo se encuentra, más tarde, con el virus real, la respuesta inmunitaria está preparada para reconocerlo y destruirlo antes de que cause la enfermedad.
Una parte de la respuesta inmunitaria consiste en la generación de anticuerpos. Los anticuerpos se unen al virus, convirtiéndolo en no infeccioso. Somos conscientes de que algunas partes de las proteínas espiga de la nueva variante han sufrido modificaciones, por lo que los anticuerpos creados por las vacunas podrían no reconocerlas tan bien como antes.
Sin embargo, es probable que los anticuerpos inducidos por la vacuna contribuyan, de otra forma, a la protección frente a las proteínas espiga. Además, otras ramas de la respuesta inmunitaria inducida por las vacunas, como la respuesta de las células T, importante para el control de los virus, también podrían compensar este problema.
La investigación actual se divide en dos categorías:
En primer lugar, se utiliza sangre de personas que han sido vacunadas contra la covid-19 para ver si los anticuerpos de esta sangre, inducidos por la vacuna, pueden neutralizar el virus en un tubo de ensayo. Si lo hacen, es probable que la vacuna siga funcionando tan bien contra la 501Y.V2 como contra otras variantes.
En segundo lugar, los investigadores están estudiando qué variantes estaban presentes en las personas que participaron en los ensayos de la vacuna y aun así desarrollaron la enfermedad covid-19. Si se detecta una mayor cantidad de la 501Y.V2 en comparación con otras variantes, es probable que la vacuna no funcione tan bien contra la 501Y.V2.
Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Linda Marini.
Kevin Marsh, professor of Tropical Medicine, University of Oxford y Moses Alobo, programme manager for Grand Challenges Africa, African Academy of Sciences
Cuando surgió la amenaza de una pandemia de COVID-19 a principios de año, muchos temieron sus efectos en África. La preocupación por la combinación de sistemas de salud sobrecargados e insuficientemente financiados, y la carga ya existente de enfermedades infecciosas y no infecciosas, consiguieron que con frecuencia se hablara de ello en términos apocalípticos.
Sin embargo, ese no ha sido el resultado. El 29 de septiembre, la cifra global de muertes superó el millón (la cifra real será, por supuesto, más alta). Ese mismo día, el recuento de víctimas mortales en África arrojó un total acumulado de 35 954.
África representa el 17% de la población mundial, pero solo un 3,5% de las muertes por COVID-19 comunicadas. Todas las muertes son importantes, no debemos descartar cifras aparentemente bajas y los datos recopilados son de calidad variable, pero la brecha entre las predicciones y lo que realmente ha ocurrido hasta el momento es asombrosa. Se ha discutido mucho sobre a qué se debe este desfase.
Como líderes del equipo COVID-19 de la Academia Africana de Ciencias, hemos seguido el desarrollo de los acontecimientos y presentado varias explicaciones. En muchos países africanos, la transmisión ha sido alta, pero la gravedad y la mortalidad han sido mucho más bajas que las predicciones originales, basadas en la experiencia de China y Europa.
Sostenemos que la población mucho más joven de África explica una gran parte de la aparente diferencia. La parte restante probablemente se deba a la falta de datos fiables sobre lo que ocurre, aunque existen otras explicaciones plausibles: diferencias climáticas, inmunidad preexistente, factores genéticos o diferencias de comportamiento.
Dada la enorme variabilidad de las condiciones a través del continente, que cuenta con 55 estados, es probable que la contribución exacta de cualquiera de los factores cambie de un país a otro. Pero la conclusión es que lo que en un inicio parecía un misterio es ahora menos desconcertante a medida que surgen más evidencias científicas.
La importancia de la edad
El factor de influencia más obvio en las bajas tasas de mortalidad es la estructura de edad de la población. En muchos países, el riesgo de muerte por COVID-19 para personas de 80 años o más es aproximadamente cien veces mayor que para las personas de 20 años.
Esto se aprecia mejor con un ejemplo: a 30 de septiembre, el Reino Unido había contabilizado 41 980 muertes por COVID-19, mientras que Kenia había contabilizado 691. La población del Reino Unido es de unos 66 millones de personas, con una edad media de 40 años. La población de Kenia es de 51 millones y la edad media es de 20 años.
Teniendo en cuenta el tamaño de la población, el número de muertes en Kenia se habría estimado en unas 32 000. No obstante, si se corrigiera también por estructura de la población (asumiendo que las muertes específicas por edad del Reino Unido se aplican a la estructura poblacional de Kenia), se esperarían alrededor de 5 000 muertes. Sigue habiendo una gran diferencia entre 700 y 5 000. ¿Cómo puede explicarse?
Otros posibles factores
Una posibilidad es la falta de identificación y registro de las muertes.
Al comienzo de la pandemia, Kenia, como muchos países, tenía poca capacidad para realizar pruebas, y el registro específico de muertes es complejo. Sin embargo, Kenia desarrolló rápidamente su capacidad para hacer análisis y la atención específica que se presta a la búsqueda de fallecimientos hace que sea poco probable que una diferencia de esta envergadura pueda ser explicada completamente con la información que falta. No han faltado explicaciones a partir de otros factores.
Temperaturas altas y humedad
Un estudio reciente realizado en Europa informó sobre descensos importantes en la mortalidad debidos a las temperaturas más altas y la humedad. Los autores propusieron que este fenómeno podría deberse a que los mecanismos con los que nuestras vías respiratorias despejan el virus funcionan mejor en condiciones más cálidas y húmedas. Esto significa que las personas podrían estar recibiendo menos partículas de virus en su organismo.
Cabe señalar, no obstante, que un examen sistemático de los datos mundiales, aunque confirmó que los climas cálidos y húmedos parecen reducir la propagación del COVID-19, indicó también que estas variables no pueden explicar por sí solas la gran variabilidad en la transmisión de la enfermedad. Es importante recordar que existe una considerable variación climática en el continente africano. No todos los climas son cálidos y húmedos y, aunque lo fueran, pueden no ser constantes a lo largo del año.
Otras hipótesis incluyen la posibilidad de respuestas inmunes preexistentes debidas a la exposición previa a otros patógenos o a la vacunación BCG, una vacuna contra la tuberculosis aplicada al nacer en la mayoría de países africanos. Un amplio análisis –en el que participaron 55 países, representando al 63% de la población mundial– mostró correlaciones significativas entre el aumento de la cobertura de la vacuna BCG a una edad temprana y mejores resultados de la COVID-19.
Los factores genéticos también pueden ser relevantes. Un haplotipo (grupo de genes) recientemente descrito, asociado a un mayor riesgo de gravedad y presente en el 30% de los genomas del sur de Asia y en el 8% de los europeos, está casi ausente en África.
El papel de este y otros factores (como las potenciales diferencias entre estructuras sociales o movilidad) están sujetos a investigaciones en curso.
Una respuesta más efectiva
Otra posibilidad importante es que la respuesta del sistema de salud pública por parte de los países africanos, preparados por experiencias anteriores (como brotes o epidemias) fue, sencillamente, más efectiva que en otras partes del mundo a la hora de controlar la transmisión.
No obstante, en Kenia se estima que la epidemia alcanzó su pico en julio, con alrededor de un 40% de la población de las áreas urbanas infectada. Un panorama similar está emergiendo en otros países. Esto implica que las medidas puestas en marcha tuvieron resultados mínimos en la trasmisión viral, aunque plantea la posibilidad de que la inmunidad de grupo juegue ahora un importante papel en la limitación de la trasmisión.
Además, existe otra importante posibilidad: la idea de que la carga viral (el número de partículas trasmitidas a una persona) sea un determinante clave en la gravedad. Se ha sugerido que las mascarillas reducen la carga viral y que su uso generalizado puede limitar las posibilidades de desarrollar una enfermedad grave. Si bien la OMS recomienda llevar mascarillas, su cumplimiento es desigual y menor en muchos países europeos en comparación con muchas partes de África.
¿Está África, pues, libre de sospecha? Obviamente no. Aún queda mucho virus y no sabemos qué puede suceder con el avance de la interacción entre el virus y las personas.
Aun así, una cosa queda clara: los efectos secundarios de la pandemia serán un verdadero reto para África. Nos referimos a las interrupciones severas de las actividades económicas y sociales, y a los potenciales efectos devastadores de la reducción de los servicios de atención que protegen a millones de personas, como las vacunaciones rutinarias y los programas de control de la malaria, la tuberculosis y el VIH.
Agendas de investigación
Entre las principales implicaciones del nuevo panorama está la necesidad de reevaluar las agendas de investigación africanas relacionadas con la COVID-19. Mientras que muchas de las prioridades identificadas originalmente siguen vigentes, es probable que su importancia relativa haya cambiado. La clave es tratar con los problemas como son ahora y no como se imaginaron hace seis meses.
Lo mismo ocurre con las políticas de salud pública. Por supuesto, medidas básicas como el lavado de manos siguen siendo esenciales (independientemente de la COVID-19) y se debe seguir utilizando mascarillas mientras haya niveles elevados de transmisión del coronavirus. Sin embargo, otras medidas con efectos más amplios, especialmente restricciones en actividades educativas o económicas, deben continuar siendo monitorizadas.
La clave ahora es aumentar la vigilancia y asegurar que las respuestas sean flexibles y basadas en datos de calidad en tiempo real.
Artículo traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Elvira González-Sosa Suárez.