Autor: ADMIN
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Idrisse Ahamed, ajouter une corde à son arc d’homme d’affaires
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Negros en la Unión Soviética
Los hijos de la África soviética en busca de su identidad
«Cuando la gente me pregunta sobre mis orígenes normalmente empiezo diciendo que mi madre es rusa, mi padre ghanés y que nací en Bulgaria», dice la fotógrafa Liz Johnson Artur. «A menudo acaba siendo una larga explicación».
La explicación suele ser algo así. Como muchos otros estudiantes africanos en la década de los 60, el padre ghanés de Johnson Artur recibió la oportunidad de ir a estudiar a Europa del Este, como parte de los esfuerzos de la Unión Soviética para expandir sus influencias a lo largo del continente africano durante la Guerra Fría. Su estancia en Bulgaria estudiando bioquímica se vio interrumpida 4 años más tarde, cuando todos los estudiantes ghaneses fueron expulsados del país debido a enfrentamientos entre estudiantes africanos y la policía. Para entonces, él ya había conocido a la madre de Johnson Artur, que daría a luz a su hija en 1964, unos meses después de su partida.
Johnson Artur pasó su niñez en Bulgaria y más tarde en Alemania, y en 1990 se estableció en Gran Bretaña. Para su padre fue imposible volver a Bulgaria y ahora reside en Ghana. Johnson conoció por primera vez a su padre en 2010. Tras este encuentro, decidió empezar a documentar las historias de otros rusos con orígenes africanos o caribeños. «La mayoría de rusos negros que he conocido en Moscú y en San Petersburgo han crecido también sin padre. Algunos de ellos se han criado en casas de acogida y tampoco conocieron a sus madres. Pero todos coinciden en que se sienten tan rusos como africanos».
La mayoría de rusos negros que he conocido en Moscú y San Petersburgo han crecido también sin padreLa mayoría de sus entrevistados, generalmente se identifican como afrorusos, han vivido casi sin contacto con otras personas negras y comparten escasos lazos culturales o familiares con otros afroamericanos y británicos negros.
«Lo que conocemos sobre la descendencia africana varía de un individuo a otro», dice Johnson Artur. Tienen un denominador común pero sobre todo son historias de resistencia contra el rechazo que normalmente encuentran las personas negras en Rusia: «Aquellas personas que nacieron y vivieron en Rusia y que luchan por demostrar cada día que también son rusos». La intención de Johnson Artur es que su proyecto visibilice y conecte a la generación de rusos negros que llaman hogar a este país.
Marie-Therese

Nací en San Petersburgo. Mis padres trabajaban para Naciones Unidas. Mi madre es rusa y la familia de mi padre es de Guadalupe y de la Bretaña francesa. La familia de mi madre abandonó Rusia tras la revolución . Debido al trabajo de mi padre viví en África durante diez años —en la República del Congo, Gabón o Etiopía—. Me mudé a Francia para realizar mis estudios y después de terminar la carrera de derecho me apunté a un programa de intercambio. Me dieron a elegir entre Bangladesh o Rusia. Elegí Rusia y me mudé a San Petersburgo en 1995.
Al principio trabajé como consejera legal sobre derechos humanos. También me gradué en economía así que, cuando el programa de intercambio terminó, yo empecé a dar clases de economía en la universidad.
Vivo con mis 11 gatos en un pequeño apartamento de una sola habitación. No es mucho, pero me gusta mi vida y veo mas oportunidades laborales aquí que en Francia.
Gera

Nací en Moscú en 1961. Mi padre era un revolucionario cubano que vino a Moscú a estudiar filosofía. Luchó con Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba. Cuando cumplí un año, se fue a luchar con el Che a Bolivia. Le vi tan sólo una vez.
Mi madre, mi hermano y yo vivíamos en un pequeñísimo apartamento comunal en Moscú. Cuando cumplí 5 años mi madre enfermó. Se la llevaron al hospital, y a mi hermano y a mí —que es dos años menor— nos llevaron a un orfanato. Pasamos allí 3 años. Cuando yo empecé el colegio volvimos con mi madre.
Mi infancia no fue fácil, pero siempre he estado muy orgullosa de ser negro. Creciendo recibí mucha atención y mucha fue indeseable. Rusia es muy chovinista. La gente negra no gusta demasiado aquí.
Amina

Nací en Moscú. Mi madre es rusa, pero originalmente asiática —de la República de Tuvá—. Mi padre es nigeriano. Se conocieron en la universidad en Moscú. Justo antes de cumplir los 5 años mi padre se fue y por algún motivo nunca volvió.
Cuando acabe mis estudios también me gustaría irme de Moscú. Estudio en un entorno muy variado y hay muchos extranjeros. Me siento libre y relajada aquí. En el centro de Moscú también me siento a gusto. Pero no suelo ir a las afueras de la ciudad: es un ambiente diferente. Me he acostumbrado a que me miren, pero allí no me siento segura.
Vlada

Vivo en Moscú desde hace 7 años. La mayoría del tiempo me encuentro bien aquí, pero me gustaría vivir en otro lugar. He viajado a Brasil y a España —la gente allí es diferente, más amable y abierta—. Moscú es una ciudad bonita pero la gente aquí es bastante dura y muy ruidosa. Algunos desconocidos intentan tocarme el pelo y eso no me gusta.
Elena y Peter

Me llamo Elena. Tengo 55 años y soy la madre de Peter. Vivimos a las afueras de Moscú. Trabajé de cocinera en la embajada de Nigeria, el padre de Peter era diplomático. Siempre supe que el tenía otra familia en Nigeria. Cuando se fue, empezaron mis problemas. Solía encontrar postales pornográficas en mi buzón y cuando salía a pasear con Peter, la gente se asomaba al carrito para ver de que color era. Algunos de mis amigos y familiares me dieron la espalda.
Cuando le envié a la guardería, algunos padres empezaron a quejarse en la guardería por haber aceptado a un niño negro. El personal de la guardería me apoyó mucho pero eso no detuvo a los niños, que decían cosas como «si le tocas con las manos te ensuciará…». Ahora es más fácil ya que es más mayor y se puede defender solo.
Hace dos años gané dos billetes de avión a Nigeria. Nos quedamos con el padre de Peter, su mujer y sus hijos. Fue genial. Nos recibieron muy bien en su casa. Tengo muy buenos recuerdos de nuestra visita y fue muy bueno para Peter conocer a sus hermanos y hermanas.
George

Llegué a Rusia hace 10 años desde el Congo para estudiar ingeniería, pero mi amor por las artes marciales tomo el testigo. Cuando llegué a San Petersburgo ya había tenido un hijo con una mujer rusa. Necesitaba encontrar trabajo, así que me puse a dar clases de artes marciales. Rusia me trató bien: me permitió abrir mi propio estudio de artes marciales. Nunca podría haberlo hecho en el Congo.
Durante 2004 hubo muchos ataques racistas en San Petersburgo. Después de la muerte de un estudiante africano organizamos una manifestación en la ciudad. Hablé en el mitin y justo después los servicios de seguridad del estado ruso (FSB) me detuvieron durante dos días, interrogándome sobre mis actividades. Pero no tengo resentimientos: se necesita tiempo para que cambie la mentalidad de la gente. También intenté unirme a los FSB. Aprobé los exámenes, pero no me aceptaron. Soy un cabezota y solicité de nuevo entrar en una unidad diferente. Ahora trabajo para ellos de manera voluntaria.
Quiero demostrar mi agradecimiento por lo que Rusia me ha dado . Para mi esa es la mejor manera de cambiar la opinión de los rusos hacia mí y otras personas negras.
Iván

Mi madre es rusa y mi padre es de Malí. Vivía con mi madre pero no nos llevábamos bien. Ella no me entendía. Solía irme de casa a menudo, pero siempre me encontraba y me obligaba a volver. Cuando no pude soportarlo más me mudé con mi abuela, pero la situación no mejoró.
La mayoría de cosas que aprendí, las aprendí en la calle: los niños me incitaban a pelearme y yo me defendía. Cuando entré en el ejército me aseguré de que nadie me molestase. Al salir del ejército estaba enganchado a las drogas y cuando volví a Moscú acabé en la calle. Fue muy duro pero también me hizo mas decidido. Me desenganché y descubrí el boxeo. Incluso llegué a tener un programa de televisión.
Me he planteado irme muchas veces. Pero también he trabajado duro para estar donde estoy ahora. No quiero renunciar a todo eso.
Artículo aparecido en 2016, escrito por Nadia Beard (@NadiaWBeard), redactora jefe del Calvert Journal. Cedido por The Calvert Journal.
Fotografía: Liz Johnson Artur. http://www.lizjohnsonartur.co.uk/
Traducción: Yolanda Moreno Bello.
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Sudán, cruce de culturas
Curso de Capacitación sobre Comunicaciones de Crisis en el Sector Turístico en la República de Sudán
La Organización Mundial del Turismo (OMT), en cooperación con el gobierno de la República de Sudán y el ministerio de Turismo, Antigüedades y Fauna, organizó del 14 al 18 de noviembre de 2016 el Curso Regional de Formación Ejecutiva en Jartum, capital de Sudán, para abordar la comunicación de crisis en el turismo.
El Curso de Capacitación
Tras una crisis en una región o país, se producen, como es obvio, efectos negativos que disuaden a los turistas potenciales a la hora de visitar los lugares afectados. La estrategia de comunicación en estos casos es determinante para cambiar la opinión pública sobre los destinos concernidos. En las palabras de la OMT «para minimizar el impacto de la crisis en los destinos, se requiere unas comunicaciones claras, rápidas y efectivas en todos los niveles de la crisis». El curso está diseñado para aportar su saber hacer a los participantes e inculcar unos valores y unas habilidades para reforzar la colaboración entre el sector público y el privado para lograr destinos turísticos de éxito. Los participantes en el curso fueron profesionales calificados de la industria del turismo de Egipto, Etiopía, la República Democrática del Congo, Gambia, Ghana, Kenia, Mozambique, Ruanda, Uganda, Zambia y Zimbabue.
Minimizar el impacto de la crisis en los destinos requiere unas comunicaciones claras, rápidas y efectivas en todos los niveles de la crisisVisitar Sudán
Además del curso de formación, la visita a Sudán condensó el lado práctico del curso, comenzando por su capital. El país sorprende al visitante rompiendo con los viejos clichés divulgados en algunas ocasiones por prensa internacional y que, a menudo, pueden magnificarse a los ojos de los viajeros potenciales hasta no corresponderse con la realidad, resultado de la incesante atención de los medios de comunicación.
Jartum
El corazón de Jartum es atravesado por el río Nilo Azul, que viene del lago Tana, en Etiopía, y se encuentra con el Nilo Blanco, cuya fuente se encuentra en el lago Victoria, en África Central. Podemos decir que la ciudad es regada por el río más largo de África. Es impresionante pasear en barco por el río Nilo en el punto de cruce, donde se nota cómo el Nilo Azul, más sombrío y movido, se encuentra con el tranquilo Nilo Blanco. La ciudad constituye, junto con los distritos de Omdurmán y Bahri (o Jartum Norte), una gran conurbación. Jartum abraza, culturalmente hablando, una serie de componentes turísticos como museos, antigüedades, atracciones naturales, jardines, etc. Uno de los más atractivos es el Museo Nacional, que se ubica frente al Nilo Azul en su confluencia con el Blanco. Tiene una impresionante colección de antigüedades de todo el país que se remonta a las épocas prehistóricas y a la era de Nubia.
El reino nubio de Kush

La visita a Meroe es un descubrimiento constante. Meroe, Sudan.
El reino de Nubia tenía su capital en Kerma. La civilización de Kerma se considera como la raíz original de la que surgió la identidad sudanesa hace más de cinco mil años. Una civilización africana local que se mantuvo en el poder durante mil años. En la misma zona, tenemos el reino de Meroe, que se inscribe en la continuidad del reino de Napata y trae, en su apogeo, el resplandor de la civilización del antiguo Sudán. Fue a principios del siglo III a. C. que la necrópolis real de Kush fue oficialmente transferida de Napata-Nuri a Meroe. Meroe estaba compuesto por una ciudad con palacios, varios templos, baños reales y tres grandes necrópolis piramidales. La visita a Meroe es un descubrimiento constante que no deja indiferente a nadie, con sus pirámides que desempeñan el papel de testigos de una brillante civilización.
El reino de Meroe se inscribe en la continuidad del reino de Napata y trae, en su apogeo, el resplandor de la civilización del antiguo SudánEl Estado del Mar Rojo
Puerto Sudán es la capital del Estado del Mar Rojo y está situada al este del país, en la costa occidental del mar Rojo. Se considera como la puerta oriental de Sudán y una de las ciudades más bellas del país. La región tiene algunos destinos turísticos famosos, pero uno de los más atractivos es el atolón de Sanganeb. En esta zona el ecoturismo marino ha sido y sigue siendo la principal atracción para los turistas.
Suakin
La ciudad de Suakin, en el noreste de Sudán, es un sitio de gran importancia histórica y un puerto vital del mar Rojo desde el antiguo Egipto. Cruzado por las rutas de peregrinación musulmana y cristiana, sirvió como el principal punto de transbordo para el hach, la peregrinación islámica a La Meca, y también vinculó a África con Jerusalén para las comunidades cristianas que querían ver el Santo Sepulcro. Era la ciudad del comercio y de la riqueza en el mar Rojo. Hoy en día, en la entrada de la ciudad vieja, los visitantes todavía pueden encontrar la puerta de la antigua ciudad donde los edificios están hechos de corales.
Puerto Sudán es un maravilloso centro de deportes de buceo, playas, natación… y también es conocido por su Festival del Mar Rojo, uno de los mayores del mundo
Atolón de Sanganeb, Estado del Mar Rojo, Sudán.
Una de las atracciones turística de Puerto Sudán es su mercado tradicional. Es importante tener en cuenta que los mercados tradicionales se celebran por separado para hombres y para mujeres. Una de las peculiaridades de los mercados es la presencia de los beja, pueblo principalmente vendedor, aunque también los hay pastores históricamente nómadas que viven dispersos por las regiones desérticas de Sudán, Egipto y Eritrea. Los beja representan el mayor grupo étnico no árabe entre el río Nilo y el Mar Rojo. También se les conoce como los fuzzy wuzzy debido a su resistencia a los soldados británicos durante el siglo XIX. Un poema escrito por R. Kipling, soldado de infantería británica, alaba a los beja por sus proezas marciales y su valentía, que resultó ser insuficiente ya que, apoyados por Muhammad Ahmad, un líder religioso de la orden Samaniyya, los británicos conquistaron sus tierras.
Es importante saber que todos estos sitios y ciudades mencionados representan una pequeña parte de la riqueza cultural y de del patrimonio turístico de Sudán. Con el fin de hacer que el destino Sudán sea competitivo y atractivo, el ministerio de Turismo, acompañado por el gobierno, adoptó el Plan de Acción de la Organización Mundial del Turismo para impulsar el turismo sostenible, la formación de actores y profesionales locales y para crear empleo y reducir la pobreza. A nivel internacional, y siempre en el marco del plan de acción de la OMT, Sudán ha establecido una estrategia y está poniendo en marcha acciones de comunicación con la intención de ser aún más atractivo desde el punta de vista turístico a la vez que mejora sus infraestructuras para alcanzar los estándares internacionales con un plan de inversiones progresivo.
Fotografía y autoría: Franck Olivier Kra.
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España, país africano
España es un país africano: una comunidad autónoma —Canarias— y dos ciudades autónomas —Ceuta y Melilla— están en África; el resto del país, a apenas unos kilómetros. Sin embargo, España ignora a África. Al menos hasta ahora.
España ha vivido de espaldas a África, especialmente del África Subsahariana. De ella solo oímos hablar a colación de alguna desgracia, desastre o calamidad. La cobertura informativa del continente, centrada en inmigración clandestina, terrorismo, inestabilidad política y social, pobreza y hambre, funciona a modo de venda en los ojos de la sociedad española, que no deja ver la realidad de la región: un espacio dinámico, complejo, rico en oportunidades, con unas sociedades y culturas vibrantes.
La primera gran apuesta española por África se dio durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del gobierno español, que elaboró el denominado Plan África I (2006-2008). En ese periodo se inauguraron numerosas oficinas de cooperación al desarrollo (OTC) y embajadas —sobre todo en el Sáhel, como parte de la apuesta por el control de la inmigración clandestina en origen— y se invirtió en cooperación y ayuda al desarrollo —si entre los años 2001 y 2004 se destinaron a este continente 150 millones de euros de media anual, solo en 2007 fueron 1 190 millones, casi el 40% de la ayuda oficial al desarrollo española según la OCDE.
África es un espacio dinámico, complejo, rico en oportunidades y con unas sociedades y culturas vibrantes
Hoy en día, España cuenta con representación diplomática al más alto nivel en 28 de los 55 Estados del continente pero, tras el impulso de ese primer Plan África, la Gran Recesión truncó las perspectivas del Plan África II (2009-2012) y supuso un repliegue en las ambiciones españolas por incrementar su intercambio y presencia en el continente. Para muestra, un botón: la ayuda oficial al desarrollo, que creció hasta el 0,46% de la renta nacional bruta (RNB) en 2009 —lejos aún del compromiso del 0,7%—, llegó a bajar al 0,12% en 2015, para recuperarse hasta el 0,33% de las últimas estadísticas correspondientes a 2016.
En el terreno económico, la presencia de empresas españolas en África se ha ido extendiendo, aunque no al mismo ritmo, ni por las mismas geografías por las que lo hizo nuestra diplomacia.
África es el continente del futuro; un mercado de 1 300 millones de personas. Las previsiones apuntan a que el 28% del comercio africano será intracontinental en 2021, un negocio de 35 000 millones de euros. Según EY, aunque en muchos aspectos África se encuentre hoy en el estadio de desarrollo económico de los países del este asiático en los años setenta del siglo pasado, para 2030 el continente habrá alcanzado los niveles de ingresos per cápita de los que esas economías disfrutan en la actualidad.

El turismo es una industria llena de oportunidades en África a cuya expansión la experiencia española puede colaborar. Playa en el archipiélago de Bazarutos, Inhambane, Mozambique (Foto: Alejandro Dorado Nájera).
Actualmente, las exportaciones españolas hacia África suponen, según datos del ICEX, un 6,4% del volumen total [datos de enero a septiembre de 2017], siendo la cuarta región en importancia por detrás de la UE (65,9), resto de Europa (13,3%) y Asia (9,2%), y por delante de Latinoamérica (5,5%), Norteamérica (5,1%) u Oceanía (0,7%). Aunque atendiendo a esos datos pudiera parece que España está bien implantada en el continente, la presencia española está muy concentrada en los países del Magreb, concretamente en Marruecos (2,9% del volumen total de exportaciones y 45,3% de las africanas) y en Argelia (1% del total, 15,6% de las africanas). El volumen restante, 2,5% del total y 39,1% de las exportaciones africanas, se lo reparten los otros 53 Estados del continente.
En cuanto a la inversión española en África, las cifras son aún más expresivas y el continente recibió únicamente el 0,06% de los flujos de inversión bruta de enero a junio de 2017 (más de un 66% concentrados en Egipto). La UE, mientras tanto, recibió el 55,35% de estos flujos, por 24,57% de América del Norte, 11,95% de Latinoamérica o 4,95% de la región Asia-Pacífico.
Además de en la dimensión económica, en la dimensión blanda y militar España tampoco puntúa alto en África: según el Índice de Presencia Global del Real Instituto Elcano, la presencia global española en África Subsahariana es mínima y solo explica el 3% del total, frente al 61% de Europa, el 14% de Latinoamérica o el 7% de Magreb y Oriente Medio.
África recibió únicamente el 0,06% de los flujos de inversión bruta española de enero a junio de 2017
El nicho de mercado y las posibilidades de crecimiento en sectores para los que África necesita una experiencia y excelencia con las que España cuenta, como la construcción, las infraestructuras, las nuevas tecnologías, la agricultura y la ganadería, el turismo o las finanzas, es evidente. Con la llegada de Alfonso Dastis al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, parece que la atención de la diplomacia española está volviendo a centrarse en África, como declaró el mismo ministro en Costa de Marfil: «Queremos dedicar toda la atención y los medios posibles para dinamizar la relación con África, que es un continente de futuro».
Según el ministro, «la política exterior no la hacen sólo los gobiernos. Hay que involucrar al sector privado y en España el sector privado y la sociedad miran mucho a África». Es por ello que su departamento prepara un nuevo Plan África, que estará listo a finales de 2017, y en el que el sector privado tendrá un protagonismo compartido.
«Queremos dedicar toda la atención y los medios posibles para dinamizar la relación con África, que es un continente de futuro»: Alfonso Dastis, Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España

África necesitará invertir masivamente en infraestructuras para mejorar el transporte y en comercio intracontinental en los próximos años. Camión de mercancías en la República de Guinea, a las afueras de Conakry (Foto: Alejandro Dorado Nájera).
Otra muestra del peso que África está adquiriendo en las prioridades de la diplomacia española es la reciente y muy necesaria creación de la Dirección General para África dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, para la que se ha contado con el experimentado diplomático Raimundo Robredo Rubio como director general.
También lo son la reciente gira del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación por África Subsahariana o algunas iniciativas concretas, como la condonación de la deuda del Reino de España a Costa de Marfil: más de 100 millones de euros que de los cuales alrededor de 50 serán destinados a un fondo que financiará proyectos de desarrollo en los sectores del agua y de la energía. Para el embajador español en Costa de Marfil, Luis Prados Covarrubias, «las relaciones bilaterales entre España y Costa de Marfil se han intensificado considerablemente desde 2013, cuando ya el gobierno español condonó deuda marfileña por un valor de más de 172 millones de euros» y las relaciones comerciales han pasado de 335 millones de euros à 617 en cinco años; cifras modestas, pero cuyo aumento muestran clara prueba del creciente interés mutuo.
España ha condonado más de 100 millones de euros a Costa de Marfil de los cuales, alrededor de 50 serán destinados a un fondo que financiará proyectos de desarrollo en los sectores de agua y energía
Precisamente este país, Costa de Marfil, acoge a finales de noviembre de 2017 la Vº Cumbre Unión Africana – Unión Europea. Esta cita supone un éxito diplomático para el presidente Alassan Ouattara y una oportunidad para mostrar los avances del país y el continente en un momento en el que la estabilidad se ha convertido en la tónica habitual en la mayoría de los países de la región, pese a retos persistentes como la lucha contra la corrupción o la dependencia africana de la explotación de materias primas. Como recuerda el embajador marfileño en España, Charles Darius Atchimon, «África se encuentra en segunda posición, tras Asia, en dinamismo económico, una variable en la que Costa de Marfil mejora día a día, como muestra que el país se encuentre entre los 10 más atractivos del mundo para la inversión según el Doing Business Report del Banco Mundial». Para el embajador, «Costa de Marfil está poniendo en marcha grandes proyectos vertebradores en campos como las infraestructuras, la sanidad, la educación o el agua y saneamiento».
Su país es muestra de la necesidad de concebir el desarrollo africano, desde Europa y desde España, como lo que es: una enorme oportunidad para crecer juntos en beneficio de las sociedades de ambos lados del Mediterráneo.
Autoría y fotografía: Alejandro Dorado Nájera. @DoradoAlex
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África, desconocida y olvidada
Este artículo es una cesión del Blog del Real Instituto Elcano, aparecido el 25 de septiembre de 2017. Su autor, Manuel Gracia (@mgraciasn) es investigador del proyecto Índice Elcano de Presencia Global. Doctor en Economía y Máster en Economía Internacional y Desarrollo, es profesor asociado en el departamento de Economía Aplicada I de la Universidad Complutense de Madrid.
África continúa siendo el continente desconocido. A pesar de la gravedad de sus múltiples y actuales crisis humanitarias, la proximidad geográfica o los imborrables vínculos históricos, sigue sorprendiendo el desconocimiento generalizado que se mantiene en Europa, y particularmente en España, acerca del continente africano. Este desconocimiento se agrava especialmente en el caso de la región subsahariana, que engloba a 47 países y que según el Banco Mundial habitan más de 1.000 millones de personas, en cuyo análisis simplificamos a menudo realidades diversas y complejas.
Una situación que se refleja en la poca visibilidad de países africanos en los análisis de las relaciones internacionales, y que se amplía en última instancia a aquellas economías de otras regiones con poca relevancia en términos de PIB. Con el fin de contribuir a paliar dicha carencia, en el Índice Elcano de Presencia Global incluimos en cada nueva edición 10 nuevos países, ascendiendo a 100 los países para los que se ofrecen resultados en la edición actual.
En el caso de África Subsahariana actualmente está cubierto el 79% del PIB y 59% de la población, con resultados para Angola, Costa de Marfil, Etiopía, Kenia, Ghana, Nigeria, República Democrática de Congo, Sudáfrica, Sudán, y Tanzania. Ofrecemos con ello información sistematizada desde 1990 de los 16 indicadores que componen el Índice en sus tres dimensiones –económica, militar y blanda–, que permite extender a esta región su utilidad como herramienta de análisis de tendencias globales y regionales de las últimas décadas, y como herramienta de valoración de la acción y política exterior de los países incluidos.

Precisamente uno de los debates clásicos acerca de África ha girado en torno a quién podría asumir el liderazgo regional, en disputa principalmente entre Sudáfrica y Nigeria. El primero fue el candidato africano a sumarse a esa heterogénea y poco funcional categoría de emergentes en base a su mayor tamaño y liderazgo económico en la región, pero Nigeria, tres veces mayor en términos de población –190 millones de habitantes frente a los 56 millones de sudafricanos– y con importantes reservas de petróleo, no tardaría en situarse como la mayor economía del continente y a disputar a Sudáfrica el hegemón regional.

En cierto modo, es esperable que un liderazgo regional se materialice en una mayor presencia global –entendida como una mayor proyección exterior en sus dimensiones económica, militar y blanda–, sin que ello suponga, no obstante, condición suficiente para el ejercicio del poder. Si atendemos al ranking regional africano de presencia global en 2016, Sudáfrica ocuparía la primera posición y Nigeria la tercera, pero con importantes y opuestas variaciones en el valor del índice en los últimos años.

Nigeria lideraba el ranking regional en 2013, pero pierde presencia desde entonces en paralelo al descenso de los precios del petróleo, dada la importancia de las exportaciones energéticas en su proyección exterior. Por el contrario, Sudáfrica registra aumentos de presencia en ese periodo, debido a un tímido crecimiento de presencia económica –casi exclusivamente por el aumento de inversión en el exterior– y un mayor crecimiento de presencia blanda.

Más sorprendente puede resultar ese segundo lugar ocupado por Etiopía, que parecería un candidato a liderazgo regional subestimado, y que se explica fundamentalmente por su elevada presencia militar. Cabe señalar que es actualmente el país del mundo con mayor aportación de tropas a las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas –con la peculiaridad de que las tropas etíopes sólo participan en misiones africanas–, y que cuenta con un pasado reciente de conflictos armados en países vecinos, como la guerra con Eritrea entre 1998 y 2000 o su intervención en Somalia entre 2006 y 2009, que se amplió posteriormente varios años, y oficialmente desde 2012 como parte de la misión de la Unión Africana. Etiopía utiliza su presencia militar como herramienta de política exterior, con el apoyo de Estados Unidos como parte de su estrategia africana de lucha contra el yihadismo. La aportación de tropas a misiones de paz explica también el elevado de registro de otros países como Kenia, Ghana o Tanzania, que presentan una proyección exterior muy apoyada en la dimensión militar. Sin embargo, un mayor despliegue de tropas no es sinónimo de un mayor equipamiento militar, cuestión que sigue liderando Sudáfrica.

Diferentes perfiles de proyección exterior de países de diferentes características y carencias. Nigeria y Sudáfrica, gigantes económicos, mantienen su candidatura a encabezar ese liderazgo regional y los primeros puestos del ranking de presencia económica y blanda, pero Etiopía no dispone de esas fuentes de riqueza, y por el contrario atraviesa una grave crisis alimentaria que no se resuelve con mayor despliegue militar.
El interés europeo en África se ha incrementado en las últimas décadas, fundamentalmente por la preocupación ante la expansión china y de otros emergentes, y también por cuestiones migratorias y de seguridad. Un interés hasta ahora canalizado principalmente a través de Reino Unido y sus vínculos precisamente con Nigeria y Sudáfrica, mientras Francia ha mantenido un enfoque regional más amplio y menos bilateral. Pero quizá sea necesaria la profundización en las particularidades de cada Estado africano, el trato de igual y diferenciado como ocurre respecto a otras regiones del mundo, y el mayor conocimiento de un continente que, de no ser por sus recursos económicos, sería además de olvidado también invisible.
Autor: Manuel Gracia.
Gráficos: Real Instituto Elcano.
Fotos: Alejandro Dorado Nájera.
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Las islas Seychelles, un mar por conocer
A las islas Seychelles se les asocia a un destino exclusivo, colmado de hoteles lujosos donde pasar unas vacaciones de relajación total. Menos conocida es su ubicación en pleno océano Índico, los 1 500 km de distancia que les separan de la costa africana, y la envergadura de su mar patrimonial, de seis veces el tamaño de Reino Unido.
El archipiélago de 115 islas suele ser reducido a su isla principal y más grande, Mahé. Marcada por imponentes y exuberantes montañas, Mahé alberga al 90% de la población y al centro neurálgico del país: la capital, Victoria.
Contraria a la imagen de imperturbable tranquilidad que evocan las Seychelles; Victoria, con su agitado puerto, incesantes peatones y oficinas acristaladas, muestra una cara diferente del país y de su gente, los seychellois.

Victoria es testigo y parte fundamental de la historia de esta pequeña nación. Fue allí donde se asentaron los primeros exploradores y donde, en 1502, los primeros europeos arribaron. Fue en 1756, en sus primeras calles, donde el capitán Corneille Morphy declaró a las islas parte de la corona francesa, evento que luego dotaría a las Seychelles su nombre actual, en homenaje al Ministro de Finanza de Luis XV, Jean Moreau de Séchelles. Luego de ser colonizada formalmente por la corona francesa y a consecuencia del Tratado de París, Victoria, y el conglomerado de las Seychelles, pasaron a manos de la corona británica en 1810. No fue hasta 1976 que las Seychelles lograron su independencia del Reino Unido.
Las islas Seychelles deben su nombre al Ministro de Finanza de Luis XV, Jean Moreau de SéchellesLa Victoria de hoy guarda vestigios de esta historia, y su principal atracción así lo demuestra. El Clock Tower, o Lorloz en criollo seychellense, se encuentra en una de las encrucijadas más traficadas de la ciudad, y con su color plata, resplandece bajo el sol tropical. Se trata de una réplica de la torre del reloj ubicada en Vauxhall, Londres, que fue traída en 1903 a las islas a modo de homenaje a su entonces reina y a quien debe su nombre, la encumbrada Reina Victoria. A diferencia de la torre de reloj original, el Clock Tower no da la hora con campanadas luego de que el péndulo se perdiera en el Índico durante la descarga del reloj a su llegada a las islas.

A pocos metros del Clock Tower se encuentra otro emblema seychellois, el Mercado de Victoria, o mejor conocido bajo su nombre previo, el Mercado de Sir Selwyn-Clarke, en honor al último gobernador británico de las Seychelles. Bajo la sombra de un enorme mango y abarrotado de colores y aromas, el mercado es el lugar perfecto para discernir las diferentes culturas que forman el acervo seychellois: especias asiáticas, frutos africanos y granos europeos. En la planta inferior, el mercado de pescado da fe de una de las principales industrias del país: la pesca.
Uno de los idiomas oficiales, el criollo seychellense, también conocido como kreol o seselwá, está basado en el francés y es legado de la dominación gala del siglo XVIIIEl puerto de Victoria es un eje de la industria pesquera del océano Indico, especialmente aquella de atún. En Victoria se encuentra una de las fábricas de enlatado de atún más grandes del mundo, que se lleva además el título de mayor empleador en las islas. La industria del atún atrae a las islas importante inversión extranjera, principalmente a través de numerosas embarcaciones atuneras europeas que hacen transbordo de la pesca en el puerto para luego exportarlo a lo largo y ancho del mundo.
El turismo es la industria más importante de la economía seychellense. La pesca le sigue, siendo el puerto de Victoria un importante núcleo de la industria atunera a nivel mundial114 más
Mahé es solo una de 115 islas. A pesar de que las Zil Elwannyen, o islas exteriores, son de difícil (o prohibitivo) acceso, no se puede ir a las Seychelles sin aventurarse más allá de Mahé. A unos 50 km de Mahé se encuentran otras islas interiores, entre ellas las islas de Praslin y La Digue. Basta con tomar un ferry para escapar del ajetreo de Victoria y vivir esa realidad alternativa: una naturaleza imponente y una sensación embriagadora de desconexión.
Praslin, la segunda isla en extensión y con unos 7 000 habitantes, da hogar a uno de los lugares declarados patrimonio de la humanidad de las Seychelles: el Vallée de Mai o Valle de Mayo. Esta reserva natural, frondosa y espesa, se encuentra en el corazón de la isla y guarda dos de las rarezas más célebres de las Seychelles: el loro negro —el ave nacional de las islas- y el símbolo nacional—, el coco de mer, la semilla más grande del mundo al llegar a pesar hasta 25 kilos.
El coco de mer, endémico de las Seychelles, es la semilla más grande del mundo, llegando a pesar hasta 25 kilosEl coco de mer, que puede llegar a costar unos 200 dólares, está protegido y su exportación está totalmente prohibida. Nada fuera de la norma en las Seychelles, donde la protección medioambiental es una prioridad gubernamental que data de la independencia. A día de hoy, las Seychelles son sólo superadas por Nueva Caledonia en términos de reservas naturales, con más del 50% de su territorio bajo leyes que protegen su delicado ecosistema.
Y, cómo no, Praslin cuenta con dos joyas: las playas paradisíacas de Anse Georgette y Anse Lazio, con finas arenas blancas, aguas cristalinas y las alegóricas rocas de granito que han hecho a las Seychelles un destino tropical de ensueño.
La Digue, de menor extensión y con unos 3 000 habitantes, solo puede ser descrita como un remanso de armonía y tranquilidad. La industria turística, con gran presencia en Mahé y Praslin, no ha perturbado la singularidad de La Digue.

La Digue no alberga un patrimonio histórico, pero sí un estilo de vida extraordinario; y es que no hay mejor manera de conocer La Digue que en el medio de transporte local: la bicicleta. Con sólo unas pocas carreteras pavimentadas y con solo un puñado de automóviles motorizados, La Digue invita a relentecer el ritmo y reconectar con la naturaleza para explorarla en dos ruedas.
La mejor manera de moverse en La Digue es en bicicleta, parte fundamental de la cultura localEl principal atractivo es, sin duda, la playa de Anse Source d’Argent, una de las más fotografiadas del mundo. Con su agua azul turquesa y enormes piedras de granito que parecen esculpidas deliberadamente, es un pequeño paraíso donde echarse bajo las palmeras, aventurarse en la jungla tupida que le limita, o zambullirse en el agua tranquila protegida por un arrecife tupido de peces variopintos.

Anse Source d’Argent colinda con la plantación de L’Union Estate, sitio de patrimonio nacional. L’Union Estate relata el pasado de La Digue como centro importante del cultivo del coco. Hoy en día se puede visitar la antigua plantación, los procesadores de copra (la médula del coco), una colonia de tortugas gigantes y la joya arquitectónica de la época colonial: The Plantation House.
Habiendo cubierto tres de las 115 islas, quedan pendiente unos cuantos viajes más. De momento, nos quedamos con uno de los eslóganes de las islas: Seychelles, Unique By A Thousand Miles.
Por Andrea Perales Padrón.

