Un día en FITUR 2021, crónica literaria


20/05/2021



Imagen: Daniel Delgado.

Por Daniel Delgado

FITUR 2021 resiste a la resaca de la pandemia con una edición diferente, pero abierta al reencuentro y a un nuevo horizonte de posibilidades.

Cruzo el umbral de IFEMA como un niño cruza la puerta de un armario, esperando encontrar ese mundo mágico que le habían prometido. Mi primer FITUR se siente extraño, ajeno, a medio gas. Es un FITUR que ilumina, pero no deslumbra. Un FITUR que se dibuja más vacío que en las imágenes de mi cabeza. Un FITUR compartimentado, separado por mamparas visibles e invisibles que nos recuerdan constantemente la realidad en la que aún vivimos y de la que muchos teníamos intención de escondernos aquí. Aun así, y a pesar de todo, mire donde mire solo veo sonrisas.

Los ojos de los asistentes brillan con una chispa especial, gritan emocionados por la esperanza, que parece abrirse camino en el cielo raso de mayo, también un mes atípico para la feria de turismo más grande del mundo. Pero qué no lo es en 2021. FITUR ha vuelto, y al hacerlo ha despertado lo que muchos creíamos dormido en nuestro interior: la pasión por viajar.

Pabellón 5 de IFEMA destinado a Andalucía en el primer día de FITUR // Imagen: Daniel Delgado.

Especies autóctonas

Paseando por los pabellones, no tardo mucho en reconocer a dos grupos claramente diferenciados. En primer lugar están los ‘peces’, criaturas libres que recorren las galerías como ríos buscando un lugar donde desembocar. Por otro lado, tenemos a los ‘pescadores’, anclados a su propia nave (la que lleva el nombre de su patria) y esperando pacientes y contentos que llegue el momento de tirar de la caña de su sonrisa. Lo curioso es que, en vez de cebo, estos pescadores atraen a los peces con su mayor tesoro, el corazón de su país.

En medio de la corriente se encuentra un mar de trajes, formales y tradicionales; de corte clásico y colores oscuros o plagados de volantes y tonos vivos. Quienes los ocupan deambulan por los amplios corredores hablando, saludándose, riendo y, como buenos profesionales que son, haciendo su trabajo. Los hay que son contadores de historias, siempre preguntando. También están los comerciales y empresarios, dispuestos a reactivar esos vínculos que otrora los unieron con sus semejantes y a buscar los que los unirán con nuevos conocidos. Los efímeros revuelos marcan la inconfundible llegada de alguna personalidad que, por cortesía e interés o en cumplimiento de sus deberes, se deja caer por este Edén de las naciones. Algunos tienen cara de mandar y gobernar; otros, cargan desde sus alturas un aire regio y un corte casi numismático.

La imagen que componen (y de la que yo formo parte sin saberlo) es, como poco, curiosa. Un Jardín de las Delicias moderno en el que no sabes bien dónde mirar pero que, al igual que en el cuadro, está lleno de color, detalle y vida. Los observo con aire de novato y timidez y todos parecen responderme a una sola voz. 'Reencuentro', el título de este cuadro es Reencuentro.

Ventanas abiertas

Para ver correctamente los stands hay que mirarlos de arriba abajo. Se empieza por el techo, donde los nombres de los países que representan flotan con orgullo y parecen susurrar un pequeño adelanto de lo que vendrá después. Con columnas y vigas, con formas geométricas o con ingenios demasiado complejos como para describirlos, cada país presente en FITUR construye su propio ecosistema, personal e inconfundible, capaz de envolverte en el ambiente de ese destino con tan solo dar unos pasos. Llegando por fin al nivel del suelo, todo estalla. Las imágenes y lugares desfilan sobre las pantallas y unos rostros amables te invitan a acercarte, a buscar el suspiro de un refugio asomándote a la ventana que han abierto para ti. Lo típico y lo pintoresco, la esencia viva de cada país, está comprimida en estos rincones geográficos tan dispares como seductores.

La pregunta que ronda mi cabeza entonces es ¿por dónde empiezo? La lógica y la educación me llevan hasta los pabellones dedicados a la anfitriona, España, que en esta edición brilla con especial fuerza y parece sentirse cómoda jugando en casa. Tres pabellones no son suficientes para todo lo que ofrece esta tierra de poetas y guerreros, aunque se acerca bastante. Los puestos de comunidades, provincias y municipios aparecen juntos y revueltos como lo que son: teselas de un mosaico cambiante que, en medio del caos, encuentra la armonía.

Imagen: Daniel Delgado.

El pabellón de Europa y Oriente combina la familiaridad con el misterio de lo lejano. En los primeros veo a viejos conocidos, amigo, vecinos y lugares de los que solo he oído hablar pero que se al verlos recuerdan a unos primos lejanos. Los segundos se cubren con un manto de niebla y exotismo, imágenes que mezclan la leyenda y la realidad y que me transportan a puntos remotos donde encuentro consuelo en lo desconocido. Entre todos ellos, por aquí y por allá, están esos nombres que, sea llevándonos o sea dándonos un lugar de descanso en destino, nos guían y acompañan en el viaje hacia el Paraíso como un Virgilio en nuestra Divina Comedia.

Entro en el pabellón de América y África y de pronto me siento acompañado. Escucho los pasos de Kapuściński, siempre ajetreados y con la suela desgastada, adelantarme entre el gentío. La risa de Hemingway retumba desde el lugar en el que se encuentre, allá donde haya aventuras y una máquina de escribir. En Colombia me cruzo con la mirada del de Macondo. Cuba huele a tabaco y ron. En México, una serpiente alada sisea desde el fondo de un mar turquesa. Mauritania, elegante y hospitalaria, me ofrece un lugar en el que sentarme a descansar. Túnez descubre sus secretos, ocultos bajo las arenas del tiempo, a los más curiosos.

Sigo en Madrid. Sigo en FITUR, pero mi mente se ha rendido a los mandatos de Julio Verne y ha emprendido un viaje alrededor del mundo.

Imagen: Daniel Delgado.

Volver

Cae la tarde, aunque el sol se niegue a aceptarlo. La euforia del comienzo dio paso a la emoción contenida de los negocios y las charlas y esta a la antesala del descanso, del final del primer día. Me siento, con los pies molidos y la libreta garabateada, y guardo una última instantánea en mi memoria. Sí, es cierto que hay una sensación extraña en el ambiente y hasta un primerizo como yo se da cuenta de que las cosas no son como otros años. Pero son.

FITUR ha vuelto y, como sabe todo trotamundos, volver supone el final de un viaje… y el principio de otro.