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  • La Escuela de Traductores de Toledo, el eslabón perdido de la historia de la cultura europea

    La Escuela de Traductores de Toledo, el eslabón perdido de la historia de la cultura europea

    Vista panorámica de la Toledo (Castilla la Mancha, España) / Imagen de Steven Yu en Pixabay

    Por Eva Aladro Vico, Profesora Titular de Teoría de la Información, Universidad Complutense de Madrid

    Solemos explicar el desarrollo de la cultura, la ciencia y la civilización europeas con líneas históricas que enlazan el legado greco–romano, con sus avances y hallazgos en los campos de la cultura y la ciencia, con el Renacimiento, a través de las universidades del norte y centro de Europa (Londres, París, Bolonia). En realidad, la línea de continuidad imprescindible no la constituyeron esas universidades. O, al menos, no solo ellas.

    En la Baja Edad Media, España jugó, durante cerca de 300 años, el papel esencial de transmisora de la ciencia y la cultura, hasta entonces custodiada y atesorada por la civilización islámica. Y ese papel lo simboliza la legendaria Escuela de Traductores de Toledo.

    La llamada España de las Tres Culturas que tanto estudió Américo Castro (La realidad histórica de España), en la que convivieron durante siglos judíos, árabes y cristianos, fue el terreno idóneo para la recuperación de las tradiciones culturales griega y latina, enriquecidas enormemente por los árabes del Califato Omeya.

    La Escuela de Traductores de Toledo es una continuación, en un territorio idóneo formado por una comunidad multicultural, de la gran Escuela de Alejandría, el último momento de esplendor de la cultura clásica y bizantina, donde se fundieron Oriente y Occidente en un esfuerzo de confluencia de conocimientos en tierras africanas. Este esfuerzo compilador, traductor y difusor fue asimilado por la cultura árabe como propio, y llegó con ella a la península.

    El esplendor cultural en Alejandría, que irradió hacia Persia o Irán, también sirvió de confluencia para el conocimiento científico y literario hindú y hasta para traer sabidurías o técnicas de la lejana Asia hasta el Mediterráneo, como el papel chino. Cuando los omeyas llegaron a España, trajeron consigo el papel venido de China y la encuadernación en piel árabe, y fue así cómo en los siglos X, XI, XII y XIII comenzaron a componerse, primero en Valencia, y luego en toda Europa, los grandes libros con su increíble contenido.

    Y en esa historia mediterránea de comunicación de ciencia y cultura, la Escuela de Traductores de Toledo es la ventana a la que podemos asomarnos para contemplar lo que fueron cuatro siglos de hegemonía cultural peninsular, el eslabón perdido de la historia de la cultura europea que unió la cultura grecolatina con el Renacimiento.

    El milagro de las cuatro culturas

    En realidad, el milagro cultural y científico que dio nacimiento a la Europa moderna se gestó en una comunidad peninsular en la que convivían cuatro culturas: la latina clásica, la mozárabe castellana, la hebrea, y la árabe. Los textos griegos, traducidos al árabe, se tradujeron al latín, y a menudo antes al castellano, por un conjunto de increíbles intelectuales de la época. Gonzalo Menéndez Pidal afirma:

    “Solamente en Toledo se llevó a cabo una tarea que alcanzó una gran trascendencia en la cultura de la cristiandad ya que su actividad traductora sirvió de puente entre Oriente y Occidente para la transmisión de la Ciencia”.

    Pocos autores de la historia del pensamiento europeo conocen la influencia que la Escuela de Traductores tuvo en las universidades. Pocos conocen, por ejemplo, que los libros que los árabes traían, del Pachatantra hindú a las obras de Aristóteles, volvieron a Europa mediante España.

    Muchas de estas obras fueron primero traducidas al castellano por hablantes mozárabes, en fechas tan tempranas como el año 1080, y de ahí, siglos después, ya desde el latín, al alemán o al inglés. Se trató de un universo de versiones de muy diversas lenguas. Los pensadores europeos del siglo XI, XII y XIII bebieron de las fuentes españolas porque en ellas se conservaba la tradición oculta que inspiró, por supuesto, La divina comedia a Dante y la Suma Theologica al mismo Santo Tomás, influidos ambos, profundamente, por Ibn Arabi de Murcia o por Averroes de Córdoba.

    El arabista y experto en la España musulmana Miguel Asín Palacios explicó muy bien el proceso en La escatología musulmana en la Divina ComediaEl islam cristianizado (Madrid, Hiperión, 1981) y Sadilíes y Alumbrados (Madrid, Hiperión, 1990).

    Este autor descubre la influencia absoluta de la obra de Ibn Arabi en La Divina Comedia. La influencia de la cultura árabe llegó a Dante por su maestro, Bruno Latini, quien visitó España en pleno apogeo cultural de Toledo, como hacían muchísimos maestros europeos.

    Igualmente, descubre cómo Santo Tomás de Aquino, influido por su maestro Maimónides, también se inspiró e imitó flagrantemente las obras y comentarios de Averroes en su obra teológica esencial, y cómo se basó en las fundamentaciones lógicas y místicas complementarias de los sabios árabes sufíes para escribir su Suma. Estas obras eran la clave del desarrollo intelectual en el mundo del siglo XIII.

    El mecenazgo católico

    Asín Palacios recoge cómo, en 1143, el abad de Cluny visitó los monasterios españoles y conoció al obispo español de Toledo, Ramón de Sauvetat. Bajo su dirección se traducían en España, del árabe, no solo cientos de textos griegos, sino los comentarios a las grandes obras de los filósofos clásicos desconocidos en Europa, y los tratados matemáticos, astronómicos, alquímicos, realizados por los pensadores persas e hindo-iranios. La capacidad de difusión hispana permitió que este legado llegara a las entonces muy pobres universidades europeas.

    La riqueza de las bibliotecas toledanas en árabe y el conocimiento de esta lengua por parte de los cristianos mozárabes le impulsaron a recuperar textos perdidos de la Antigüedad clásica y a fomentar la transmisión de los importantes avances de la Escuela Toledana en Medicina, Álgebra y Astronomía.

    La iglesia católica llevó a cabo una importante labor de apoyo y mecenazgo. Primero, a través del prelado benedictino Sauvetât, quien fomentó la llegada a Toledo de estudiosos extranjeros como Gerardo de Cremona, que coincidió en el tiempo con algunos traductores peninsulares como Ibn DaudDomingo GundisalvoJuan Hispalense o Marcos de Toledo, autores y sabios de origen judío, mozárabe, árabe o castellano.

    El centro de ingentes cantidades de textos árabes y hebreos originales es todavía el archivo de la Bilioteca de la Catedral de Toledo.

    Mozárabes, judíos, profesores de madrasa y monjes

    Fue Sauvetât quien creó, en torno a 1050, la Escuela de Traductores, un grupo de trabajo que incluía a los mozárabes toledanos, los judíos de la ciudad, los profesores de la madrasa de la ciudad y nuevos pensadores, fundamentalmente monjes cluniacienses.

    Mandó reconstruir el palacio episcopal frente a la antigua mezquita mayor convertida en Catedral de Santa María –y a la que dio su primer estatuto–, y dejó una parte del edificio para la Escuela.

    La riqueza de las bibliotecas toledanas en árabe y el conocimiento de esta lengua por parte de los cristianos mozárabes le impulsaron a recuperar textos perdidos de la Antigüedad clásica y a fomentar la transmisión de los importantes avances de la Escuela Toledana en Medicina, Álgebra y Astronomía.

    Este empeño cristalizó en la traducción de numerosas obras en un proceso en fases: del árabe al castellano, y del castellano al latín (o directamente del árabe o griego al latín), y, poco a poco, este centro europeo esencial dio a conocer la hasta entonces desconocida filosofía árabe y hebrea de corte aristotélico, lo que supuso una auténtica revolución de pensamiento que hizo nacer la Escolástica europea. La Escuela toledana, ya en tiempos de Raimundo, toma fama en toda la Cristiandad.

    Gerardo de Cremona

    Uno de los eruditos esenciales colaborador de Sauvetât fue Gerardo de Cremona. Nacido en Lombardía, este erudito, para leer el Almagesto de Ptolomeo, al no encontrarlo en su tierra, se trasladó en torno al año 1100 a Toledo, famosa en toda Europa por sus colecciones de libros árabes.

    No hay una continuidad griega, latina y europea. Hay una resurrección de la cultura griega primero en lengua árabe, luego castellana, y finalmente latina. Este es el verdadero orden de las cosas.

    Cremona, que aprende el árabe para poder estudiar a fondo las obras conservadas en las madrasas y bibliotecas de la ciudad, creó una red de discípulos y colaboradores. Esta red tradujo obras de manera colaborativa (como el Almagesto de Ptolomeo junto al mozárabe Galib) y buscó y reunió cientos de textos para comparar versiones, hasta crear un corpus coherente no limitado a las fuentes disponibles. Este corpus representa el canon científico y filosófico de la época.

    No estamos hablando de la mejor Escuela: estamos hablando de la única Escuela que hace revivir el mundo clásico griego que había desaparecido del universo latino con el derrumbe del mundo antiguo. No hay una continuidad griega, latina y europea. Hay una resurrección de la cultura griega primero en lengua árabe, luego castellana, y finalmente latina. Este es el verdadero orden de las cosas.

    Los traductores de la Escuela

    Pero veamos el prodigio de esa influencia en algunos casos. Juan Hispalensis o Juan Hispano era un obispo mozárabe de origen sevillano del mismo grupo, razón por la cual dominaría tanto el árabe como el latín. La mayoría de las obras firmadas con este nombre (traducidas y de creación propia) versan sobre astronomía y astrología.

    Por ejemplo, el Libro de Algoritmos en Aritmética Práctica, donde proporciona la descripción más temprana del sistema de notación posicional, cuya introducción en Europa se asocia con el Liber Abaci de Fibonacci. Fibonacci alude a la sutil e ingeniosa invención india, la cual sin duda conoció gracias al texto original traducido en Toledo.

    Gundisalvo escolástico

    Dominicus Gundissalinus o Domingo Gundisalvo (ca. 1115- post 1190) fue un importante filósofo y traductor toledano del siglo XII. Tradujo obras de Al-Kindī, Avicena, Al-Gazzālī o Avicebrón. Como traductor transmitió a la Europa medieval algunas de las obras más importantes de la filosofía árabe, introduciendo en el debate filosófico la metafísica aviceniana, la división de las ciencias farabiana, y el hilemorfismo universal de Avicebrón.

    Como filósofo se nutrió de los autores que traducía y del Aristóteles árabe, que estaba traduciendo en esa misma época Gerardo de Cremona. Algunos autores lo consideran imprescindible para el desarrollo de la escolástica en el siglo XIII, al haber iniciado una nueva forma de razonamiento filosófico y teológico, intentando dotar de una base racional a la teología. Entre sus obras destaca De divisione philosophiae, en la que establece una clasificación de las ciencias novedosa al introducir la metafísica y la filosofía práctica.

    Avendauth, filósofo judío aristotélico

    La vida de Ibn Daud, o Avendauth, nos ilustra sobre la naturaleza de las relaciones culturales de este grupo de intelectuales. Su nombre parece corresponder, según la mayoría de las últimas investigaciones, al filósofo judío Abraham ibn Daud. En la dedicatoria al arzobispo Juan de su versión del prólogo al Kitāb al-šifāʼ de Avicena, el traductor se autodenomina como filósofo y hebreo (“Avendauth israelita philosophus”).

    Otros traductores, con el florecimiento cultural del país, se ubicaron en ciudades importantes españolas.

    Considerado el primer filósofo judío aristotélico, nació en la Córdoba almorávide alrededor de 1110 en el seno de una familia ilustre. Fue criado en casa de su tío materno Baruch ben Isaac Albalia, rabino, juez y jefe de la escuela talmúdica de Córdoba, que lo instruyó tanto en los estudios rabínicos y bíblicos como en la filosofía griega y hebrea. Al principio de la conquista almohade (Córdoba fue tomada en 1148) huyó a Castilla y se asentó en Toledo, ciudad en la que permaneció hasta su muerte y a la que se asociará su nombre.

    Otros traductores de origen semítico fueron Ibn Waqar, Abraham, (1236-1277), Abraham ben David Halevi, (1110-1180), Yehuda ben Moses ha-Kohén, Floreció en el siglo XIII o Rabbi Ishaq ben Sid, ya en el siglo XIII. (Estos autores han sido recopilados en la la espléndida Biblioteca Virtual de Polígrafos de la Fundación Larramendi, en su apartado dedicado a todos y cada uno de los grandes traductores de Toledo).

    La sistemática e ingente labor de estos traductores, comentaristas y compiladores atrajo a múltiples estudiosos de toda Europa entre los siglos XI y XIV. Muchos de los eruditos de Toledo difundieron en las universidades europeas las obras clásicas a las que habían tenido acceso, como Miguel Escoto (que se trasladó luego a la corte de Federico II, en Sicilia) y Hermann el Alemán (luego trasladado a la Corte de Manfredo).

    Otros traductores, con el florecimiento cultural del país, se ubicaron en ciudades importantes españolas, como Plato Tiburtinos, que tradujo en Barcelona, en colaboración con Abraham bar Hiyya. Hugo Sanctallensis dedicó traducciones al Obispo Michael en Tarazona, o Pedro Alfonso de Huesca (probablemente relacionado con Adelardo De Bath). Finalmente, en el valle del Ebro se encontraban, dedicados a la misma actividad, Hermann el Dálmata, su discípulo Rodolfo de Brujas y Roberto de Retines.

    Marcos de Toledo, traductor del Corán

    Marcos de Toledo, descendiente de familia mozárabe que se instaló en Toledo tras la invasión musulmana, nació en esa ciudad y en ella realizó estudios de medicina y se ordenó sacerdote, llegando a ocupar en 1198 el título de canónigo de la Catedral.

    Tradujo al latín diversos tratados de teología musulmana y de medicina griega, entre los que se encontraban varias obras de Galeno, como el De pulsuDe pulsus utilitare y De motibus membrorum liquidis según el texto de Hunayn ben Ishaq. Además, se encargó de traducir al latín, a petición del arzobispo don Rodrigo y del archidiácono Mauricio, el Corán (1210-11), al que añadió una larga introducción. ¿Podemos imaginar la tolerancia intelectual y cultural que suponía una traducción al latín del Corán en el siglo XIII, por clérigos católicos mozárabes?

    Miguel Scoto, irradiador

    Los eruditos con mayor ambición de conocimiento forzosamente tenían que venir a España. Miguel Scoto, nacido en Escocia en 1175, fue el primero en dar a conocer la filosofía averroísta al mundo latino, según el orientalista francés Ernest Renan (1823-1892). Llegó a Toledo desde Escocia, país al que debe el apellido, tras estudiar en Oxford y en París.

    En Toledo se quedó. Llevó a cabo sus primeras traducciones de Averroes y las de las obras de Al-Bitruji, conocido también en latín como Alpetragius, quien todavía vivía e inspiraría a Kepler. También en Toledo traduce el De animalibus, de Aristóteles, trabajo del que no se conserva la fecha, aunque se deduce que es anterior a 1220, pues ese año abandona la ciudad con dirección a Bolonia para ponerse al servicio del Pontífice romano. Allá por 1228 vuelve a trasladarse, esta vez a Sicilia, donde fue astrólogo de la corte de Federico II de Sicilia. Por el itinerario de Miguel Scoto podemos ver la irradiación de la influencia cultural hispanoárabe hacia los lugares donde se estaban conformando las primeras universidades europeas.

    Alfredo de Sharesel y Aristóteles

    De origen también anglosajón fue Alfredo de Sharesel, filósofo y médico naturalista. Existen escritos en los que se refieren a él como Alfredus Anglicus. Tradujo el De anima de Aristóteles, aproximadamente en 1215, además de sus De somnio y De respiratione, también el Liber de plantis o Liber de vegatalibus, que, aunque en un principio fue atribuido a Aristóteles, es de Nicolás Damasceno. Escribió De motu cordis, obra en la que describe las diferentes etapas de la emanación de los seres.

    Alfonso X, filósofo y sabio

    Yehuda ben Moshe ha-Kohen (Yehuda Mosca o Mosca el Coheneso en las fuentes cristianas) vivió en el siglo XIII y fue médico real, astrónomo y un destacado escritor de la Escuela en época de Alfonso X el Sabio, para quien tradujo importantes obras científicas del árabe y hebreo al castellano. Fue rabino de la sinagoga de Toledo, llegó a ejercer de médico personal del rey sabio, y destacó como una de las más influyentes personalidades de la comunidad hebrea de la ciudad de las tres culturas de su época.

    Los cronistas indican que la Escuela de Toledo entró en decadencia desde el segundo cuarto del siglo XIII, pero el rey Alfonso el Sabio consiguió impulsarla con los nuevos traductores, como Roberto Grosseteste o Guillermo de Moerbeke, que estaban ya en el siglo XIV vinculados a las Universidades de París y de Oxford.

    Es obligado, en este momento, mencionar el tratado astronómico que componen las Tablas alfonsíes (1256-77), que el rey elaboró junto a Rabí Ishâq ben Sid, más conocido como Rabiçag, las cuales fueron, hasta bien entrada la época renacentista, una referencia común en Occidente, como nos recuerda Serafín Vegas en su libro La Escuela de Traductores de Toledo en la Historia del Pensamiento.

    En la última época de la Escuela, Alfonso X fue como Marco Aurelio, un rey filósofo y sabio. Creó, para continuar este universo cultural, ya en el siglo XIII, instituciones a las que se puede considerar Academias o Escuelas de traductores, que por su consagración podemos considerar las primeras universidades de la Europa medieval.

    Para dar idea del volumen del trabajo de estos eruditos, mencionaremos tan sólo que Gerardo de Cremona fue creador y compilador de no menos de 70 obras, muchas de ellas de gran volumen. Hubo un sistema organizado de traducción, que seguía un orden específico, como estudia Burnett, que abordó sistemáticamente las obras de todos los grandes filósofos, científicos y académicos del mundo antiguo.

    El Académico de la Historia González Palencia afirmaba en su obra El islam y occidente (citando Origen, progresos y estado actual de toda la Literatura, obra del jesuita don Juan Andrés publicada en 1782) que el restablecimiento de la literatura científica europea (Medicina, Matemáticas, Ciencias Naturales) era debido a los árabes. Retomando conocimientos muy raros y preciados, este estudioso recogía que Roger Bacon basó su trabajo acerca de los anteojos en el libro séptimo de la Optica de Alhacén, traducido al latín por los traductores de Toledo; que Vitellión abrevia y aclara la doctrina árabe de este mismo libro; que Leonardo de Pisa introduce el Álgebra y las cifras numerales arábigas (Gerberto había llevado de España a las escuelas europeas la aritmética arábiga desarrollada por los primeros matemáticos de la era moderna, como Aljaurismí el persa, de quien proviene no solamente la trigonometría, álgebra y lenguaje de cálculo fundamentales, sino el nombre de nuestra noción del algoritmo y la palabra “guarismo” que usamos todavía).

    Bajo la égida de gobernantes lo suficientemente inteligentes y tolerantes como para potenciar el proceso, se asimilan, unifican y organizan todos los tesoros de conocimiento heredados de los árabes y los judíos, provenientes de sus culturas y de las culturas que éstos heredan, Europa empieza a renacer.

    González Palencia establece que Arnaldo de Vilanova “se formó enteramente en España bajo la enseñanza de los árabes, y todos los conocimientos útiles de Medicina y de Química que esparció por Europa eran sacados de los libros y escuelas de aquellas gentes”; que Raimundo Lulio debía mucho a la literatura musulmana, al sufismo y a la metafísica de Ibn Arabí el murciano, que conocía por traducciones y hasta directamente, porque sabía árabe; que en Medicina, hombres como Gilberto, Juan de Goddesden y Fabricio Acquapendente habían bebido en libros árabes, en especial en nuestro Abulcasis, sus conocimientos.

    Este experto nos advierte que ya Huet opinaba que Descartes había tomado de los dialécticos árabes el principio “quidquiid cogitare, potest esse”; o que Pascal también se inspiró, como el genial Asín Palacios descubre también en esa época, en Al Gazel; que fue en el árabe traducido en España, Alpetragio, en quien pudo inspirarse Kepler para el descubrimiento de las órbitas elípticas de los planetas; o que algunos problemas teológicos de Santo Tomás estaban resueltos con arreglo a doctrinas de Averroes y Avicena, que conoció de su maestro aristotélico, que había estudiado en España.

    Pero este autor es uno entre muchísimos arabistas y expertos en la cultura hispánica de la época de convivencia en nuestro territorio. Cultura de las llamadas por Alfonso el Sabio “Gentes del Libro”, las tres civilizaciones monoteístas y centradas en un texto sagrado, por cuyo esplendoroso periodo de al menos cuatro siglos –desde la toma de Toledo, a comienzos del siglo XI, hasta el siglo XIV en que el fenómeno se extiende a muchos lugares en España y en Europa– no solemos asomarnos, como digo, para asombrarnos de lo que fue y lo que significa la irradiación cultural que España llevó a cabo, imbuida del espíritu propagador y cosmopolita que el mundo árabe y judío supo tomar de griegos y persas y convertir también en un fenómeno propio de nuestra península.

    Crisol del renacimiento de Europa

    Cuando durante cerca de 300 años, y bajo la égida de gobernantes lo suficientemente inteligentes y tolerantes como para potenciar el proceso, se asimilan, unifican y organizan todos los tesoros de conocimiento heredados de los árabes y los judíos, provenientes de sus culturas y de las culturas que éstos heredan, Europa empieza a renacer. Y el lugar donde se produce ese rebrote de los conocimientos, artes y técnicas, de todo el mundo antiguo, es en España: en Toledo, en Tarazona, en Salamanca, en Sevilla. Es en el confluir de comunidades de sabios de las tres procedencias (judíos, árabes, cristianos), donde se genera un crisol capaz de desarrollar y difundir todos los conocimientos en ciencias y letras, en artes y en técnicas, perdidos en la desmemoria.

    La cultura es un fenómeno arborescente, en el que se trasportan los conocimientos, la riqueza de experiencias, saberes y técnicas, en los territorios humanos. El espíritu cultural se basa en la asimilación, en la traducción, en la incorporación. Ese espíritu cosmopolita, cultivador y bibliotecario solo queda preservado, en la Edad Oscura, en monasterios y estudios catedralicios. Pero al sur, en el Mediterráneo, tiene lugar el auténtico milagro por el que la civilización árabe hace regresar, mediante la total irrigación de la cultura hispánica, el mundo de la cultura auténtica. Ese gran fenómeno tiene un nombre reconocible en la Escuela de Traductores de Toledo.

  • Negros en la Unión Soviética

    Los hijos de la África soviética en busca de su identidad

    «Cuando la gente me pregunta sobre mis orígenes normalmente empiezo diciendo que mi madre es rusa, mi padre ghanés y que nací en Bulgaria», dice la fotógrafa Liz Johnson Artur. «A menudo acaba siendo una larga explicación».  

    La explicación suele ser algo así. Como muchos otros estudiantes africanos en la década de los 60, el padre ghanés de Johnson Artur recibió la oportunidad de ir a estudiar a Europa del Este, como parte de los esfuerzos de la Unión Soviética para expandir sus influencias a lo largo del continente africano durante la Guerra Fría. Su estancia en Bulgaria estudiando bioquímica se vio interrumpida 4 años más tarde, cuando todos los estudiantes ghaneses fueron expulsados del país debido a enfrentamientos entre estudiantes africanos y la policía. Para entonces, él ya había conocido a la madre de Johnson Artur, que daría a luz a su hija en 1964, unos meses después de su partida.

    Johnson Artur pasó su niñez en Bulgaria y más tarde en Alemania, y en 1990 se estableció en Gran Bretaña. Para su padre fue imposible volver a Bulgaria y ahora reside en Ghana. Johnson conoció por primera vez a su padre en 2010. Tras este encuentro, decidió empezar a documentar las historias de otros rusos con orígenes africanos o caribeños. «La mayoría de rusos negros que he conocido en Moscú y en San Petersburgo han crecido también sin padre. Algunos de ellos se han criado en casas de acogida y tampoco conocieron a sus madres. Pero todos coinciden en que se sienten tan rusos como africanos».

    La mayoría de rusos negros que he conocido en Moscú y San Petersburgo han crecido también sin padre

    La mayoría de sus entrevistados, generalmente se identifican como afrorusos, han vivido casi sin contacto con otras personas negras y comparten escasos lazos culturales o familiares con otros afroamericanos y británicos negros.

    «Lo que conocemos sobre la descendencia africana varía de un individuo a otro», dice Johnson Artur. Tienen un denominador común pero sobre todo son  historias de resistencia contra el rechazo que normalmente encuentran las personas negras en Rusia: «Aquellas personas que nacieron y vivieron en Rusia y que luchan por demostrar cada día que también son rusos». La intención de Johnson Artur es que su proyecto visibilice y conecte a la generación de rusos negros que llaman  hogar a este país.

    Marie-Therese

    marie

    Nací en San Petersburgo. Mis padres trabajaban para Naciones Unidas. Mi madre es rusa y la familia de mi padre es de Guadalupe y de la Bretaña francesa. La familia de mi madre abandonó Rusia tras la revolución . Debido al trabajo de mi padre viví en África durante diez años —en la República del Congo, Gabón o Etiopía—. Me mudé a Francia para realizar mis estudios y después de terminar la carrera de derecho me apunté a un programa de intercambio. Me dieron a elegir entre Bangladesh o Rusia. Elegí Rusia y me mudé a San Petersburgo en 1995.

    Al principio trabajé como consejera legal sobre derechos humanos. También me gradué en economía así que, cuando el programa de intercambio terminó, yo empecé a dar clases de economía en la universidad.

    Vivo con mis 11 gatos en un pequeño apartamento de una sola habitación. No es mucho, pero me gusta mi vida y veo mas oportunidades laborales aquí que en Francia. 

    Gera

    gera

    Nací en Moscú en 1961. Mi padre era un revolucionario cubano que vino a Moscú a estudiar filosofía. Luchó con Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba. Cuando cumplí un año, se fue a luchar con el Che a Bolivia. Le vi tan sólo una vez.

    Mi madre, mi hermano y yo vivíamos en un pequeñísimo apartamento comunal en Moscú. Cuando cumplí 5 años mi madre enfermó. Se la llevaron al hospital, y a mi hermano y a mí —que es dos años menor— nos llevaron a un orfanato. Pasamos allí 3 años. Cuando yo empecé el colegio volvimos con mi madre.

    Mi infancia no fue fácil, pero siempre he estado muy orgullosa de ser negro. Creciendo recibí mucha atención y mucha fue indeseable. Rusia es muy chovinista. La gente negra no gusta demasiado aquí. 

    Amina

    amina

    Nací en Moscú. Mi madre es rusa, pero originalmente asiática —de la República de Tuvá—. Mi padre es nigeriano. Se conocieron en la universidad en Moscú. Justo antes de cumplir los 5 años mi padre se fue y por algún motivo nunca volvió.

    Cuando acabe mis estudios también me gustaría irme de Moscú. Estudio en un entorno muy variado y hay muchos extranjeros. Me siento libre y relajada aquí. En el centro de Moscú también me siento a gusto. Pero no suelo ir a las afueras de la ciudad: es un ambiente diferente. Me he acostumbrado a que me miren, pero allí no me siento segura.

    Vlada

    vlada

    Vivo en Moscú desde hace 7 años. La mayoría del tiempo me encuentro bien aquí, pero me gustaría vivir en otro lugar. He viajado a Brasil y a España —la gente allí es diferente, más amable y abierta—. Moscú es una ciudad bonita pero la gente aquí es bastante dura y muy ruidosa. Algunos desconocidos intentan tocarme el pelo y eso no me gusta.

     

    Elena y Peter

    elena peter

    Me llamo Elena. Tengo 55 años y soy la madre de Peter. Vivimos a las afueras de Moscú. Trabajé de cocinera en la embajada de Nigeria, el padre de Peter era diplomático. Siempre supe que el tenía otra familia en Nigeria. Cuando se fue, empezaron mis problemas. Solía encontrar postales pornográficas en mi buzón y cuando salía a pasear con Peter, la gente se asomaba al carrito para ver de que color era. Algunos de mis amigos y familiares me dieron la espalda.

    Cuando le envié a la guardería, algunos padres empezaron a quejarse en la guardería por haber aceptado a un niño negro. El personal de la guardería me apoyó mucho pero eso no detuvo a los niños, que decían cosas como «si le tocas con las manos te ensuciará…». Ahora es más fácil ya que es más mayor y se puede defender solo.

    Hace dos años gané dos billetes de avión a Nigeria. Nos quedamos con el padre de Peter, su mujer y sus hijos. Fue genial. Nos recibieron muy bien en su casa. Tengo muy buenos recuerdos de nuestra visita y fue muy bueno para Peter conocer a sus hermanos y hermanas.

    George

    george

    Llegué a Rusia hace 10 años desde el Congo para estudiar ingeniería, pero mi amor por las artes marciales tomo el testigo. Cuando llegué a San Petersburgo ya había tenido un hijo con una mujer rusa. Necesitaba encontrar trabajo, así que me puse a dar clases de artes marciales. Rusia me trató bien: me permitió abrir mi propio estudio de artes marciales. Nunca podría haberlo hecho en el Congo.

    Durante 2004 hubo muchos ataques racistas en San Petersburgo. Después de la muerte de un estudiante africano organizamos una manifestación en la ciudad. Hablé en el mitin y justo después los servicios de seguridad del estado ruso (FSB) me detuvieron durante dos días, interrogándome sobre mis actividades. Pero no tengo resentimientos: se necesita tiempo para que cambie la mentalidad de la gente. También intenté unirme a los FSB. Aprobé los exámenes, pero no me aceptaron. Soy un cabezota y solicité de nuevo entrar en una unidad diferente. Ahora trabajo para ellos de manera voluntaria.

    Quiero demostrar mi agradecimiento por lo que Rusia me ha dado . Para mi esa es la mejor manera de cambiar la opinión de los rusos hacia mí y otras personas negras.

     

    Iván

    ivan

    Mi madre es rusa y mi padre es de Malí. Vivía con mi madre pero no nos llevábamos bien. Ella no me entendía. Solía irme de casa a menudo, pero siempre me encontraba y me obligaba a volver. Cuando no pude soportarlo más me mudé con mi abuela, pero la situación no mejoró.

    La mayoría de cosas que aprendí, las aprendí en la calle: los niños me incitaban a pelearme y yo me defendía. Cuando entré en el ejército me aseguré de que nadie me molestase. Al salir del ejército estaba enganchado a las drogas y cuando volví a Moscú acabé en la calle. Fue muy duro pero también me hizo mas decidido. Me desenganché y descubrí el boxeo. Incluso llegué a tener un programa de televisión.

    Me he planteado irme muchas veces. Pero también he trabajado duro para estar donde estoy ahora. No quiero renunciar a todo eso.

    Artículo aparecido en 2016, escrito por Nadia Beard (@NadiaWBeard), redactora jefe del Calvert Journal. Cedido por The Calvert Journal.

    Fotografía: Liz Johnson Artur. http://www.lizjohnsonartur.co.uk/

    Traducción: Yolanda Moreno Bello.

     

     

     

  • España, país africano

    España es un país africano: una comunidad autónoma —Canarias— y dos ciudades autónomas —Ceuta y Melilla— están en África; el resto del país, a apenas unos kilómetros. Sin embargo, España ignora a África. Al menos hasta ahora.

    España ha vivido de espaldas a África, especialmente del África Subsahariana. De ella solo oímos hablar a colación de alguna desgracia, desastre o calamidad. La cobertura informativa del continente, centrada en inmigración clandestina, terrorismo, inestabilidad política y social, pobreza y hambre, funciona a modo de venda en los ojos de la sociedad española, que no deja ver la realidad de la región: un espacio dinámico, complejo, rico en oportunidades, con unas sociedades y culturas vibrantes.

    La primera gran apuesta española por África se dio durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del gobierno español, que elaboró el denominado Plan África I (2006-2008). En ese periodo se inauguraron numerosas oficinas de cooperación al desarrollo (OTC) y embajadas —sobre todo en el Sáhel, como parte de la apuesta por el control de la inmigración clandestina en origen— y se invirtió en cooperación y ayuda al desarrollo —si entre los años 2001 y 2004 se destinaron a este continente 150 millones de euros de media anual, solo en 2007 fueron 1 190 millones, casi el 40% de la ayuda oficial al desarrollo española según la OCDE.

    África es un espacio dinámico, complejo, rico en oportunidades y con unas sociedades y culturas vibrantes 

    Hoy en día, España cuenta con representación diplomática al más alto nivel en 28 de los 55 Estados del continente pero, tras el impulso de ese primer Plan África, la Gran Recesión truncó las perspectivas del Plan África II (2009-2012) y supuso un repliegue en las ambiciones españolas por incrementar su intercambio y presencia en el continente. Para muestra, un botón: la ayuda oficial al desarrollo, que creció hasta el 0,46% de la renta nacional bruta (RNB) en 2009 —lejos aún del compromiso del 0,7%—, llegó a bajar al 0,12% en 2015, para recuperarse hasta el 0,33% de las últimas estadísticas correspondientes a 2016.

    En el terreno económico, la presencia de empresas españolas en África se ha ido extendiendo, aunque no al mismo ritmo, ni por las mismas geografías por las que lo hizo nuestra diplomacia.

    África es el continente del futuro; un mercado de 1 300 millones de personas. Las previsiones apuntan a que el 28% del comercio africano será intracontinental en 2021, un negocio de 35 000 millones de euros. Según EY, aunque en muchos aspectos África se encuentre hoy en el estadio de desarrollo económico de los países del este asiático en los años setenta del siglo pasado, para 2030 el continente habrá alcanzado los niveles de ingresos per cápita de los que esas economías disfrutan en la actualidad.

     

     El turismo es una industria llena de oportunidades en África a cuya expansión la experiencia española puede colaborar. Playa en el archipiélago de Bazarutos, Inhambane, Mozambique (Foto: Alejandro Dorado Nájera).

    Actualmente, las exportaciones españolas hacia África suponen, según datos del ICEX, un 6,4% del volumen total [datos de enero a septiembre de 2017], siendo la cuarta región en importancia por detrás de la UE (65,9), resto de Europa (13,3%) y Asia (9,2%), y por delante de Latinoamérica (5,5%), Norteamérica (5,1%) u Oceanía (0,7%). Aunque atendiendo a esos datos pudiera parece que España está bien implantada en el continente, la presencia española está muy concentrada en los países del Magreb, concretamente en Marruecos (2,9% del volumen total  de exportaciones y 45,3% de las africanas) y en Argelia (1% del total, 15,6% de las africanas). El volumen restante, 2,5% del total y 39,1% de las exportaciones africanas, se lo reparten los otros 53 Estados del continente.

    En cuanto a la inversión española en África, las cifras son aún más expresivas y el continente recibió únicamente el 0,06% de los flujos de inversión bruta de enero a junio de 2017 (más de un 66% concentrados en Egipto). La UE, mientras tanto, recibió el 55,35% de estos flujos, por 24,57% de América del Norte, 11,95% de Latinoamérica o 4,95% de la región Asia-Pacífico.

    Además de en la dimensión económica, en la dimensión blanda y militar España tampoco puntúa alto en África: según el Índice de Presencia Global del Real Instituto Elcano, la presencia global española en África Subsahariana es mínima y solo explica el 3% del total, frente al 61% de Europa, el 14% de Latinoamérica o el 7% de Magreb y Oriente Medio. 

    África recibió únicamente el 0,06% de los flujos de inversión bruta española de enero a junio de 2017

    El nicho de mercado y las posibilidades de crecimiento en sectores para los que África necesita una experiencia y excelencia con las que España cuenta, como la construcción, las infraestructuras, las nuevas tecnologías, la agricultura y la ganadería, el turismo o las finanzas, es evidente. Con la llegada de Alfonso Dastis al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, parece que la atención de la diplomacia española está volviendo a centrarse en África, como declaró el mismo ministro en Costa de Marfil: «Queremos dedicar toda la atención y los medios posibles para dinamizar la relación con África, que es un continente de futuro».

    Según el ministro, «la política exterior no la hacen sólo los gobiernos. Hay que involucrar al sector privado y en España el sector privado y la sociedad miran mucho a África». Es por ello que su departamento prepara un nuevo Plan África, que estará listo a finales de 2017, y en el que el sector privado tendrá un protagonismo compartido.

    «Queremos dedicar toda la atención y los medios posibles para dinamizar la relación con África, que es un continente de futuro»: Alfonso Dastis, Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España

     CAMION

    África necesitará invertir masivamente en infraestructuras para mejorar el transporte y en comercio intracontinental en los próximos años. Camión de mercancías en la República de Guinea, a las afueras de Conakry (Foto: Alejandro Dorado Nájera).

    Otra muestra del peso que África está adquiriendo en las prioridades de la diplomacia española es la reciente y muy necesaria creación de la Dirección General para África dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, para la que se ha contado con el experimentado diplomático Raimundo Robredo Rubio como director general. 

    También lo son la reciente gira del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación por África Subsahariana o algunas iniciativas concretas, como la condonación de la deuda del Reino de España a Costa de Marfil: más de 100 millones de euros que de los cuales alrededor de 50 serán destinados a un fondo que financiará proyectos de desarrollo en los sectores del agua y de la energía. Para el embajador español en Costa de Marfil, Luis Prados Covarrubias, «las relaciones bilaterales entre España y Costa de Marfil se han intensificado considerablemente desde 2013, cuando ya el gobierno español condonó deuda marfileña por un valor de más de 172 millones de euros» y las relaciones comerciales han pasado de 335 millones de euros à 617 en cinco años; cifras modestas, pero cuyo aumento muestran clara prueba del creciente interés mutuo.

    España ha condonado más de 100 millones de euros a Costa de Marfil de los cuales, alrededor de 50 serán destinados a un fondo que financiará proyectos de desarrollo en los sectores de agua y energía

    Precisamente este país, Costa de Marfil, acoge a finales de noviembre de 2017 la Vº Cumbre Unión Africana – Unión Europea. Esta cita supone un éxito diplomático para el presidente Alassan Ouattara y una oportunidad para mostrar los avances del país y el continente en un momento en el que la estabilidad se ha convertido en la tónica habitual en la mayoría de los países de la región, pese a retos persistentes como la lucha contra la corrupción o la dependencia africana de la explotación de materias primas. Como recuerda el embajador marfileño en España, Charles Darius Atchimon, «África se encuentra en segunda posición, tras Asia, en dinamismo económico, una variable en la que Costa de Marfil mejora día a día, como muestra que el país se encuentre entre los 10 más atractivos del mundo para la inversión según el Doing Business Report del Banco Mundial».  Para el embajador, «Costa de Marfil está poniendo en marcha grandes proyectos vertebradores en campos como las infraestructuras, la sanidad, la educación o el agua y saneamiento». 

    Su país es muestra de la necesidad de concebir el desarrollo africano, desde Europa y desde España, como lo que es: una enorme oportunidad para crecer juntos en beneficio de las sociedades de ambos lados del Mediterráneo.

    Autoría y fotografía: Alejandro Dorado Nájera. @DoradoAlex

  • Ouidah, el alma de África Occidental

    En Benín se discute habitualmente sobre si la verdadera capital del país es Porto-Novo, como reza la Constitución de 1990 y donde residen el poder legislativo y judicial, o si lo es Cotonú, sede del poder ejecutivo y del económico. Lo que está fuera de toda discusión es cuál es capital espiritual de Benín: Ouidah. Sin lugar a dudas.

    En apariencia anodina, esta ciudad litoral de alrededor de 100.000 habitantes, a pocos kilómetros de Cotonú y de la frontera con el vecino Togo, esconde una riqueza histórica y cultural sin parangón en África Occidental. Meca del vudú, antiguo puerto de esclavos y destino de sol-y-playa, Ouidah tiene demasiado que ofrecer como para dejarla pasar.

    En apariencia anodina, Ouidah esconde una riqueza histórica y cultural sin parangón en África Occidental

    Ouidah, capital de la trata de esclavos

    Fundada probablemente en el siglo XIV y capital del reino homónimo de Whydah, la ciudad creció gracias al floreciente comercio de esclavos, capturados de pueblos rivales del interior, con los que sus reyes mercadeaban con los europeos. En 1727 Ouidah fue conquistada por el rey Agaja del vecino reino de Dahomey y se convirtió en simple puerto de la capital, Abomey, hoy Patrimonio de la Humanidad.

    Los sucesivos reyes de Whydah y de Dahomey permitieron, mediante acuerdos, el establecimiento de puestos europeos en Ouidah para facilitar el comercio de esclavos. Franceses, daneses, holandeses, ingleses y portugueses construyeron fuertes en la ciudad. A excepción del fuerte portugués y del inglés, reconvertido actualmente en viviendas y comercios, todas las fortalezas europeas fueron destruidas: por deterioro y abandono en el caso de la francesa; al abolirse oficialmente la esclavitud en el caso holandés; y el danés, a la postre campo militar galo, con la independencia de Benín en 1960.

    El fuerte portugués de São João Baptista de Ajudá, una de las más pequeñas colonias del mundo hasta su invasión por parte de un Benín ya independiente en 1961, es el punto de partida de una visita que nos lleva a recorrer la Ruta de los Esclavos. En su interior, un museo de la esclavitud en el que encontramos testimonio de la herencia afro-brasileña. La ruta, un camino de cuatro kilómetros que recorre Ouidah desde el centro de la ciudad hasta la playa, es parte de la iniciativa intercontinental impulsada por la UNESCO y la OMT «Ruta del Esclavo: resistencia, libertad, patrimonio», surgida en 1994 en la misma ciudad.

    El fuerte portugués de São João Baptista de Ajudá es el punto de partida de una visita que nos lleva a recorrer la Ruta de los Esclavos

    Del el siglo XV al XIX, unos 12 millones de personas fueron capturadas y enviadas como esclavos a América y Europa; de ellas, aproximadamente dos millones lo hicieron desde Ouidah. La ruta conmemora mediante cinco etapas el camino que los esclavos transitaban y las experiencias que vivían.

    El recorrido comienza en la Plaza Chacha, bautizada en honor a Francisco Félix de Souza «Chacha», un brasileño convertido en uno de los mayores negreros de la historia. Ahí era donde los esclavos eran seleccionados por los compradores europeos. La tradición mandaba que los hombres debían dar nueve vueltas al Árbol del Olvido, siete en el caso de las mujeres, para dejar de lado sus orígenes y tradiciones. De ahí, los esclavos pasaban al compartimento Zomaï donde eran obligados a permanecer en total oscuridad a centenas, a veces durante más de un mes, para acostumbrarlos a las condiciones de las bodegas de los navíos que los transportarían a América y Europa. Los que sobrevivían eran llevados a la plaza Zomachi, donde se les marcaba a fuego antes de embarcar. Los muertos y los que se consideraba que no podrían soportar el largo viaje, eran arrojados a la fosa común de Zoungbodji, donde un modesto monumento los recuerda. En la penúltima etapa, a los esclavos se les permitía dar tres vueltas al Árbol del Retorno para asegurarse, según la tradición, que su alma volvería a África después de morir. Tras esta ceremonia, atravesaban la Puerta de No Retorno para emprender un penoso viaje abordo de navíos negreros en los que una de cada ocho personas perecía antes de llegar a puerto.

    La Puerta de No Retorno, el monumento más visitado de Benín, se ha convertido en símbolo de la memoria de las víctimas de la trata negrera y de la esclavitud. La ruta en su conjunto está siendo propuesta para Patrimonio de la Humanidad por su importancia histórica y cultural, con la esperanza de convertirse en un referente internacional en lo que al incipiente turismo de memoria se refiere, tal y como figura en el programa «Bénin Rélévé» del nuevo gobierno de Patrice Talon. Este monumento no solo marca el lugar de partida de los esclavos africanos, sino también, el punto desde donde su cultura y tradición se extendieron por el mundo.

    Ouidah, capital vudú

    Para mucha gente, el vudú es una oscura práctica en Haití, en Nueva Orleans o en las costas de Brasil. Sin embargo, las prácticas de estos lugares, estigmatizadas por películas de Hollywood, tienen su origen en una zona de África cuyo epicentro es Ouidah.

    La Puerta de No Retorno, el monumento más visitado de Benín, se ha convertido en símbolo de la memoria de las víctimas de la trata negrera y de la esclavitud

    El vudú es una religión animista, surgida en el reino de Dahomey de la mezcla de creencias del pueblo yoruba con las de los fon y los ewe entre otros. Designa al conjunto de dioses (vudús para los fones, orishas para los yorubas) con los que los hombres tratan de conciliarse, mediante sacrificios animales u ofrendas materiales, para así granjearse su benevolencia e indulgencia. Los vudús encarnan fenómenos o fuerzas naturales pero también criaturas mitológicas o ancestros divinizados representados por fetiches a los que se agasaja mediante diferentes rituales, normalmente de la mano de un iniciado que hace de intermediario entre estas deidades y la gente mundana. Pese a ser objetos tan importantes para entender la propia cultura, no deja de ser paradójico que los benineses deban desplazarse a París para admirar muchos de ellos, donde descansan en las vitrinas o en los almacenes del Museo Quai Branly Jaques Chirac, fruto del pillaje francés durante la colonización. No es de extrañar que el Presidente Talon, apoyado por asociaciones como el Consejo Representativo de Asociaciones Negras (CRAN), haya pedido a Francia, sin éxito, la restitución de esta herencia histórica y cultural.

    La ruta en su conjunto está siendo propuesta como Patrimonio de la Humanidad y con con la esperanza de convertirse en un referente internacional

    Con la esclavitud, las creencias viajaron en barco y se extendieron, mezclándose con otras tradiciones en América del Sur, del Norte y el Caribe. Así surgieron ritos como el candomblé en Bahía, el umbanda en Río de Janeiro, la santería y el palo en Cuba, el hoodoo en el sur de Estados Unidos o el vudú haitiano. El vudú, prohibido durante la dictadura de Mathieu Kérékou de 1972 a 1991, tiene una función social e incluso política muy importante en Benín,  y Ouidah es su meca. No se puede dejar la ciudad sin hacer dos paradas obligatorias: el Templo de las Pitones y el Bosque Sagrado del Rey Kpassè.

    El Templo de las Pitones, situado junto a la Basílica de la Inmaculada Concepción (1907), metáfora del sincretismo con el que se mezclan ambas religiones en el país, alberga una gran población de serpientes inofensivas para los humanos, incluidos los turistas, que no dudan en enroscárselas a sus cuellos. Incluye un conjunto de árboles sagrados y varias hornacinas y altares de sacrificio para honrar a deidades vudús. La devoción que los habitantes de Ouidah profesan hacia estos reptiles se debe a que, según la tradición, fueron las pitones las que ayudaron a los ancestros de la ciudad a vencer en batalla a las tropas del vecino reino de Allada. De hecho, los nacidos de padre y madre de Ouidah se marcan la cara con escarificaciones imitando el mordisco del animal, como parte de un ritual vudú de conexión con sus antepasados.

    El 10 de enero se festeja en Benín el Día Nacional de los Cultos

    Al Bosque Sagrado del Rey Kpassè hay que entrar, previo pago, con un iniciado que ahuyente a los espíritus que habitan el bosque, a quienes los no iniciados no somos capaces de ver -con el peligro que eso conlleva. El lugar es un pequeño pulmón verde en el que se exponen figuras de diferentes dioses vudús: de la fertilidad, de la tierra o de la guerra. Las esculturas, concebidas por el célebre artista beninés Cyprien Tokoudagba y por los hermanos Dakpogan, descansan ahí desde 1992, cuando fueron trasladadas como parte de las celebraciones del Festival de Cultura Vudú. Según la leyenda, en él descansa el fundador de Ouidah, el rey Kpassè, reencarnado en un centenario iroko al que se puede acudir a solicitar favores, que serán cumplidos si vienen desde la buena voluntad y acompañados de una propina. No en vano, y según cuentan en la ciudad, François Hollande sería presidente de Francia por intervención divina del susodicho rey.

    A unos kilómetros del monumento conmemorativo de la llegado de los primeros cristianos, se sitúan varios complejos turísticos donde poder disfrutar de un tiempo de relax

    El 10 de enero se festeja en Benín el Día Nacional de los Cultos, y es el mejor momento para disfrutar de las celebraciones en todo su esplendor, aunque en esta ciudad en cualquier momento puede cruzarse un zangbéto, vistoso dios de paja, serpientes y caracoles que vigila y protege los poblados.

    Ouidah, capital litoral 

    En la misma playa de Ouidah, a unos kilómetros de donde se encuentra el monumento conmemorativo de la llegada de los primeros cristianos, se sitúan varios complejos turísticos donde poder disfrutar de un tiempo de relax. La Casa del Papá o la Maison du Brésil son algunos nombres a retener donde se puede pasar la noche y disfrutar al día siguiente de una playa que se extiende desde el Gran Popó, en la frontera con Togo, hasta la misma Cotonú. Además, situados en una lengua de arena limitada por el océano a un lado y la laguna de Ouidah al otro, muchos de estos hoteles disponen de actividades fluviales como la pesca o el kayak.

    Otro de los encantos de la zona es la Ruta de los Pescadores, que une por el litoral Ouidah con Cotonú. Salpicada de poblados que se nutren del mar, en este camino se puede ver a los pescadores arrastrar en grupo, desde la costa, sus redes llenas de peces y, tristemente, también de plásticos, síntoma de nuestra época. Esta carretera de arena, eterna candidata al desarrollo urbanístico y turístico, desemboca en Cotonú, la gran ciudad, que te recibe con sus maquis, con su bailes, con su música africana, con sus motos y con su cerveza Béninoise. Fría y a pie de playa.

    Por Alejandro Dorado Nájera