Categoría: Cultura y Ocio
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Un estilo que impone identidad cultural: el pelo afro natural

Cabello afro en mujer africana. / Foto: Canva. Los cánones de moda y la preferencia social del cabello liso contra el afro, es una tendencia occidental que en los últimos años ha ido perdiendo terreno, dando paso a lo natural. Es un movimiento que se conoce como nappy. Esta tendencia nació en Estados Unidos al inicio del siglo XXI y poco a poco se ha extendido a otros países como Inglaterra, Francia y algunos del continente africano como Camerún. Nappy se refiere al cabello natural y surge de la unión de dos palabras: natural y happy.
“Llevar el cabello afro es hoy una tendencia”, dice Meforo Isdname, peluquero camerunés y especialista en cabello africano y que aparece en un artículo de Allafrica. Sin embargo no todas las mujeres están a favor de ello. “El cabello natural saludable sigue siendo un concepto inverosímil para muchas mujeres cameruneses”, explica el profesional.
La lucha por transformar el cabello en la mujer africana está relacionada con prejuicios raciales, la identidad, discriminación y búsqueda de aceptación social en la sociedad occidental.
Un cambio que vivirá la próxima generación
En el Reino Unido, el Colectivo Halo lanzó en diciembre de 2020 el llamado “Código Halo”, en el que se pide a las organizaciones que se acepten los peinados naturales. “A pesar de que el cabello es una característica racial protegida, existe la creencia generalizada de que los peinados afro son inapropiados, poco atractivos y poco profesionales”, señalaba Edqina Omokaro, cofundadora de la organización y que publicó en un artículo The Independence.
La campaña ha sido bien acogida y empresas como la multinacional Unilever, el fabricante de jabón Dove y helado Magnum, ya la están implementando entre sus empleados. “Apoyar y comunicar el Código Halo es un paso vital en la lucha para garantizar la justicia y la equidad parcial para la próxima generación, ha explicado Nikki Comiskey, gerente de marketing de Dove UKI.
Hay mucho por hacer a nivel mundial. En las naciones del Caribe, el cabello afro no es bien visto y se buscan maneras para alisarlo ya sea con productos químicos o naturales, máquinas o usando los tradicionales rulos de gran tamaño. “Tu tienes pelo bueno”o “tu tienes pelo malo”, es lo que se suele decir en países como Cuba, Puerto Rico o República Dominicana. ¿Qué quiere decir esto? Si se tiene cabello liso está en la categoría de bueno y si es cabello afro, es malo.
En Cuba por ejemplo, también se le suele escuchar la expresión del “cabello pasa”, para llamar aquel tipo de pelo corto que por la forma “acaracolada” que adopta, se parece a esa fruta seca.
El cabello de una mujer es como una corona
En África, hay un adagio que dice que el cabello de una mujer es como una corona. Lo anterior hace alusión a que se erige alto y sobre él se lleva la historia y la identidad de toda una raza. Por esa razón, poco a poco va calando en sociedades como la camerunesa el look de lo natural como sinónimo de moda y orgullo.
El cabello afro, al contrario a lo que se puede creer, es un pelo que requiere mucho cuidado, incluso más que el liso por su tendencia a la resequedad y fragilidad al quebrarse. Este tipo de cabello puede crecer libre como el viento y adoptar unas formas increíbles, desafiando las teorías de la gravedad o adoptar formas únicas y creativas, que para un cabello liso sería imposible de realizar.
Esta búsqueda de la esencia en el cabello afro de la mujer ha sido una lucha constante y ha pretendido jugar una batalla contra la naturaleza que le ha llevado desde muchas décadas atrás a buscar fórmulas para alisarlo y que pareciera más occidental.
En la actualidad el mercado de productos para cabello afro se ha incrementado, aunque sigue siendo de difícil acceso para las economías personales de muchas mujeres en África. “Creo que las mujeres son conscientes de que tienen que volver a su identidad real, y luego vendrá el conservar su cabello como venimos al mundo”, concluye el reconocido peluquero Isdname. El cabello afro es una industria importante. Sin datos recientes a la fecha, se estima un valor conservador de alrededor de 530 millones de euros, según publicó la BBC en el 2015.
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Cómo el teatro puede ayudar a los jóvenes nigerianos que conviven con el VIH

Jonrawlinson, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons Taiwo Afolabi, Assistant Professor, Faculty of Media, Arts and Performance, University of Regina
El estado de Nasarawa, en la región centro-norte de Nigeria, es conocido por la agricultura, las minas de sal y una de las cataratas más altas de África. También ha registrado de forma constante una de las tasas de prevalencia por VIH más altas de Nigeria, equivalente a un 7,5 % en comparación con la media nacional, de un 4,1 %. Para hacer frente a la epidemia, el Gobierno del estado de Nasarawa decidió, entre otras medidas, recurrir al teatro para concienciar a la población.
El teatro y el radioteatro son recursos educativos habituales porque pueden motivar a que las personas piensen de manera diferente y tomen decisiones informadas para resolver problemas, como el estigma del sida.
El VIH es un fenómeno tanto social como médico que puede desembocar en estigma, ostracismo, represión y discriminación. Muchos de los afectados han sido rechazados por sus familias, sus seres queridos y sus comunidades. Sin embargo, este fenómeno también ha suscitado compasión, solidaridad y apoyo, y ha logrado sacar lo mejor de los enfermos y de la gente que los rodea.
Con el término estigma se suele hacer referencia a la discriminación o a las actitudes negativas hacia las personas con VIH. No obstante, la obra de teatro Talk to Me, que recorrió los centros de educación secundaria del estado de Nasarawa, se centró en el autoestigma, o en cómo se ven de forma negativa los que, estando afectados por el VIH y el sida, conviven con su enfermedad.
Mi investigación como participante-observador en la obra Talk to Me, creada por el proyecto Skul Konekt, se centró en las técnicas teatrales empleadas para concienciar sobre el efecto negativo de la autoestigmatización. En los coloquios organizados a posteriori hablé sobre la obra con funcionarios, estudiantes (entre 13 y 17 años), padres y profesores, así como con los productores de esta.
Descubrí que gracias a la obra se creaban espacios para conversar de forma atrevida, pero segura, sobre un tema que puede ser muy personal y desafiante.
Conoce a Aggio y Abachi
Talk to Me cuenta la historia de dos amigos, Aggio y Abachi. Aggio es inocente e ingenuo cuando se trata el tema de la sexualidad, mientras que Abachi es todo lo contrario. Abachi se esfuerza por informar a Aggio y aclararle sus dudas.
Abachi es aventurero, pero rebelde. Su padre, un hombre soltero, es ciego y pobre. Y seropositivo. Abachi contrae el VIH mientras usa una cuchilla de afeitar para cortarle el pelo a su padre. Descontento por el hecho de que su amigo Aggio sea seronegativo, Abachi jura llevar a Aggio por el camino equivocado.
A través del engaño de Abachi, Aggio finalmente contrae el VIH al acostarse con Lydia, una chica promiscua que es víctima de una violación y que planea vengarse de sus compañeros de clase varones, a pesar de las súplicas de su amigo.
En esta trama se emplearon numerosas técnicas teatrales que permitieron tener un fuerte impacto en el público para que este dejara de lado sus prejuicios.
Narración de historias
La narración de historias es una poderosa herramienta cultural y dramática para trabajar la expresividad. Talk to Me ayudó a crear un espacio seguro para hablar de la autoestima, la autopercepción y los efectos negativos de crear estereotipos sobre las personas.
Durante el taller de escritura de la obra, Paul Ugbede, el autor y coordinador, recalcó que su uso de la técnica de la narración de cuentos estaba orientada a “entretener y enseñar al público”. Su objetivo era también “preservar los valores culturales”. En el proceso de elaboración de la obra, los actores compartieron historias relacionadas con el VIH para profundizar en la comprensión mutua y crear ideas para la sesión de diálogo.
Toda la historia se cuenta desde la perspectiva de Aggio. Lleva al público a un viaje a su pasado y explica su condición actual. Su narración muestra que, a pesar del trauma que supone vivir con el VIH, es fundamental mantener una fuerte percepción positiva de uno mismo. Aggio descubre que sus amigos, compañeros de clase e incluso sus padres lo estigmatizan.
¡No me hables! ¿Ves lo que has conseguido? ¡Soy seropositivo! ¡Todos mis amigos me han abandonado! Ya no puedo ir a la escuela. La gente me señala y huye. Me llaman “hombre muerto”
Aggio (protagonista de ‘Talk to me’)La difícil situación de Aggio en la historia provocó la reacción del público; de hecho, al final, muchos alumnos interactuaron con su personaje. Sus comentarios se centraron en las formas en que Aggio podía vivir una vida plena a pesar de su condición de seropositivo, lo que dio al público la oportunidad de imaginar cómo Aggio podía vivir de forma positiva e invertir su tiempo y esfuerzo en cosas que le hicieran feliz.
Humor y lenguaje
Talk to Me se impregnó de humor para crear una atmósfera relajada, ya que la historia es intensa y conmovedora. El tema del autoestigma podría fácilmente crear una atmósfera de presión, tensión y ansiedad emocional.
Las situaciones cómicas, los personajes y el diálogo facilitaron una atmósfera segura y positiva para el público. El diálogo se intercaló con el pidgin, una jerga o inglés criollo muy difundida en Nigeria. Esto permitió a los alumnos identificarse más fácilmente con los personajes.
Durante las sesiones de diálogo, también nos dimos cuenta de que el pidgin era la forma más eficaz de comunicarse, junto con el hausa, un lenguaje coloquial del estado de Nasarawa, pues los participantes se expresaron libremente durante el debate.
Uno de los alumnos, por ejemplo, señaló que la comprensión de un tema –en este caso, ponerse en la piel de Aggio– es importante para adoptar una determinada postura. Dijo que la gente considera que muchas situaciones son peligrosas y desesperanzadoras, pero si podemos ver su lado positivo seremos más fuertes.
El humor es un elemento esencial para llegar a esta conclusión, puesto que rompe las barreras y con ello favorece la interacción y una comunicación efectiva.
Juego de roles
También se utilizó la técnica teatral del juego de roles o de asumir el papel de otra persona.
En la sesión de diálogo, los actores-profesores representaron el miedo de algunos adolescentes que viven con el VIH. Esto afecta a la comunicación con sus compañeros y puede llevarlos a aislarse y, con el paso del tiempo, a tener una vida más corta.
El poder del teatro
Uno de los poderes del teatro es su capacidad para criticar el statu quo destacando las paradojas, contradicciones e hipocresía del poder. A través de la narración de historias, la creación de obras y escenarios, el público aprendió nuevos conceptos y formas de convivir con el VIH.
No quiero decir que el teatro haya resuelto el problema del autoestigma. Más bien, proporcionó el espacio para un pensamiento y una narrativa orientados a la búsqueda de soluciones.
Esto se debe a que el teatro puede fomentar la participación, la colaboración, la comunicación y la conciencia crítica, herramientas esenciales para promover un cambio de comportamiento.
El teatro tiene la capacidad de fortalecer a las personas mediante la creación de conocimiento gracias a la cooperación. Permite al público apoderarse de sus experiencias, pues las formas de participación permiten imaginar nuevas realidades y modelos para las personas que conviven con el VIH.
Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Linda Marini.
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“Cuando conoces a las tribus africanas, te das cuenta de que eres un inútil”

Víctor Astray con una mujer Rendile en 2018 / Facebook de Víctor Astray Por Andrés Cerezales
El español Víctor Astray (Ciudad de México, 1964) es ante todo un aventurero, un hombre de acción enamorado de la naturaleza. Su pasión lo llevó a explorar el mundo: empezó queriendo conocer España, pero la Península se le quedó pequeña y fue a recorrer Sudamérica, de norte a sur en una Vespa. Ha conocido a fondo culturas remotas hasta dar con Kenia y quedarse en esa tierra, donde ha vivido cerca de 24 años en diferentes etapas. Es un experto en las culturas de los turkana y los masái, tribus con las que ha convivido y de las que ha aprendiendo hasta ser el puente para cientos de extranjeros. Su dedicación es esa: organizar safaris, viajes en moto y a pie que llevan a los turistas a conocer lo más profundo del país.
Después de muchas vueltas, viajes por el mundo e idas y venidas, Astray se asienta en Kenia, aunque, según él, “quizá fue también un poco por casualidad, a mí el continente que siempre me dejó un poco enganchado ha sido Latinoamérica”. Pero reconoce que el inmenso paisaje y peligrosidad natural de Kenia han sido imanes para una persona arrojada, un viajero como él. “Aquí te la juegas de verdad. En el resto de África, no pasa absolutamente nada de nada. Con suerte cuatro avestruces, tres jirafas y ocho cebras y nada más. Para que te hagas una idea, en Costa de Marfil ya no queda ni un elefante. ¡Imagínate y se llama Costa de Marfil!”
“Había tantísimas cosas por ver por ahí fuera, que tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo”
Astray nos atiende por videoconferencia desde Nairobi, fuma con calma y habla a la pantalla de sus primeras inquietudes por conocer el mundo. “No pegas de repente un salto y te piras. Normalmente se empieza a ver que hay una trayectoria, que te inquietan las cosas. Ya de pequeño tienes inquietudes; cuando se mira un mapamundi, hay a quien le llama y a quien no. A mí me llamaba, me decía: ‘¿cómo será esto por aquí? ¿Cómo será por allá?’ En mi caso era al principio conocer mi país. Al final empiezas a recorrer como puedes España, a trancas y barrancas, sin dinero. Normalmente todos los viajes los hacía en autostop, eran épocas en que aquello más o menos funcionaba. Realmente lo hacía muy poca gente en España, pero por ahí en Europa era algo bastante habitual. Pero llega un momento en el que dices: ‘Quiero descubrir lo que hay fuera de mi país’. Y te vas dando cuenta de que cuanto más lejos miras, más interesante es”.
Acabamos de empezar la entrevista y Astray levanta cada poco la mirada, pareciendo llenarse de recuerdos. “Vas tirando de una cuerda que te hace cada vez plantearte objetivos más atractivos, o más apasionantes. Hasta que un día te sientas y dices: ‘Yo quiero conocer muchas cosas y no tengo cómo’. Entonces, a partir de ahí pensamos en montar un viaje lo suficientemente potente para que a alguien le interesara y quisiera colaborar. Y así empezó un poco el tema de los años que pasamos haciendo viajes en moto por aquí, por allá, como el de Sudamérica, que fue el primero. Ese fue un viaje iniciático al máximo. En mi caso, concretamente, creo que mi vida dio un giro de 180 grados, me quedé absolutamente alucinado con lo que descubrí. Me afectó de una manera brutal, donde yo ya sabía que mi interés hacia España cada vez era menor. Había tantísimas cosas por ver por ahí fuera, que tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo”.

Foto de www.bmwmotosafari.com Pasamos a hablar de las tribus masai y turkana, dos culturas de entre las mejores conservadas de África. Pese a ya no estar en contacto estrecho, posiblemente sea de los españoles que mejor las conoce. “Inevitablemente comparas” nos dice, “de repente te das cuenta de que eres un inútil en su medio y que ellos son unos expertos. Empiezas a comprender cómo son capaces de vivir en un medio así. Tienen un olfato, una vista, un oído, todo súper desarrollado y habilidades en todos los sentidos. Cada minuto que pasas con ellos te dan una lección brutal. En todos los sentidos, no solamente en sus habilidades, sino en cómo entender la vida también, en cómo interpretar la naturaleza. Gente que ha sabido convivir los últimos 250-300 años con la naturaleza, no como en otros sitios donde eran aniquilados inmediatamente y ya solo hay ovejas, cabras y vacas. Esto es otra forma de lidiar con el entorno. Ves que coge el tío un palo, fija cualquier objetivo y le da el 95 por ciento de las veces; tú, es el contrario, ya puedes tirar veces y veces sin acertar nunca”.
“Yo soy un poco ese punto intermedio entre los masái y los turistas, porque yo estoy a mitad de camino, medio turista, medio masái, más o menos”
El trabajo le ha dado a Astray la oportunidad de conocer estas culturas y observar el gran impacto que tienen en viajeros primerizos. “Los turistas te idealizan un poco a veces. Resulta que hablas el idioma local y ellos se quedan sorprendidos, no entienden nada de lo que hablas con esta gente y uno ya sabe muchas cosas, muchos trucos. Cualquiera que venga aquí, que viene de España o de cualquier país europeo civilizado, de repente se queda descolocado. No sabe interpretar nada, ve una huella y no sabe lo que es, o un ruido que no sabe si es de una yema, una cebra o es que los leones ya están a punto de comernos. Es un mundo tan aparte, tan diferente al nuestro, que el tío más pintado de repente se descubre. He tenido gente muy pudiente que llegan allí y se sienten como si les hubieran bajado los pantalones, que todos los conocimientos que ellos tienen no valen de nada aquí. Aquí más vale que te sepas orientar. Saber dónde está el norte, dónde está el agua; cosas muy básicas de saber interpretar tu entorno. Yo soy un poco ese punto intermedio entre los masái y los turistas, porque yo estoy a mitad de camino, medio turista, medio masái, más o menos.”

Foto de www.bmwmotosafari.com La vida sigue para Astray en Kenia y no parece tener intención de volver a España. “Aquí sales al campo y de repente estás delante de una manada de elefantes, lo que no quiere decir que salir al campo en España no sea bueno ni suficiente, no. Pero claro, aquí es la ostia”. Y aunque la pandemia lo deja “todo parado”, pretende seguir haciendo nuevos proyectos en este país único, mirando siempre lejos.
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Los Harlem Hellfighters, un centenario que no debe pasar desapercibido
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